Javier Paz García
En el papel y en los discursos, el socialismo defiende a las clases trabajadoras, principalmente a los obreros y campesinos con bajos niveles de educación. Sin embargo en los hechos, el socialismo ha sido perjudicial para estos sectores.
No existe punto de comparación entre la calidad de vida que goza un obrero en Estados Unidos o la Unión Europea y uno que viva en Latinoamérica o África. En general, mientras más alejada se encuentre una economía de las doctrinas socialistas, es mayor el nivel de vida que goza su población, incluidos obreros y campesinos. El trabajador asalariado de un país de tendencia socialista debe resignarse a vivir peor y ganar menos que su homólogo en un país de tendencia capitalista porque las condiciones institucionales lo hacen poco productivo. El trabajador asalariado de un país de tendencia socialista debe resignarse a sufrir el desempleo y el subempleo, en tasas mayores y por tiempos más prolongados de los experimentados en los países de tendencia capitalista, porque el marco institucional de los países socialistas hace más difícil crear empresas y hacerlas crecer.
Adicionalmente, las condiciones laborales, en cuanto a seguridad industrial, seguros de salud, horario laboral, pago de horas extras son mucho mejores en los países capitalista. Por ejemplo, en Estados Unidos un trabajador gana un 50% más por sus horas extras; es decir, si un trabajador gana 10 dólares por hora, por cada hora extra que trabaje se le pagará 15 dólares. Además el trabajador en Estados Unidos tendrá todo el equipo de seguridad que sea necesario (botas, guantes, gafas, etc.) mientras que su homólogo en un país como Bolivia podría estar haciendo lo mismo, ganando en un día lo que el norteamericano gana en una hora, trabajando más horas y calzando chinelas. Los índices de trabajo infantil son mayores en los países de tendencia socialista
Finalmente, la actividad sindical goza de mucha mayor libertad en los países capitalistas, mientras que en los países de tendencia socialista es limitada por el Estado e incluso reprimida.
Hay una razón por la cual los trabajadores mejicanos, cubanos, guatemaltecos y latinoamericanos emigran a Estados Unidos, incluso poniendo en riesgo sus vidas o los turcos y nor-africanos emigran a la Unión Europea y es simplemente que los países capitalistas ofrecen mejores condiciones de vida para los trabajadores asalariados.
Santa Cruz de la Sierra, 17/03/11
http://javierpaz01.blogspot.com/
jueves, 24 de marzo de 2011
miércoles, 16 de marzo de 2011
¿Por qué Bolivia es un Estado fallido?
Javier Paz García
La principal función del Estado es la administración de justicia. Los hombres nos sometemos a cumplir ciertas normas para evitar el caos y la anarquía. Renunciamos a la ley de la selva para ser parte de un Estado de Derecho donde las leyes respondan a ciertos principios de equidad, libertad y derechos universales. Y es precisamente para mantener ese Estado de Derecho y hacer cumplir la ley que permitimos que el Estado tenga el monopolio de la fuerza. Los jueces, fiscales y policías por lo tanto no están para servir al Estado o al gobierno, sino para hacer cumplir la ley y resguardar los derechos de los ciudadanos. Cuando un país tiene un sistema judicial que protege los derechos de los ciudadanos, castiga a quienes violan la ley y pone límites al poder de los gobernantes entonces dicho Estado cumple su función principal y esa sociedad tiene mejores posibilidades de vivir en paz y prosperidad.
Bolivia tiene un sistema judicial totalmente corrompido, donde los jueces y fiscales son en buena parte agentes de extorsión y chantaje, donde la retardación de justicia nos exige la paciencia de Matusalén, donde ganan los juicios quienes tienen más dinero o influencias sin importar quién tiene la razón o la verdad. ¿O quién no conoce alguna historia de terror sobre la corrupción de los jueces y fiscales o la ha vivido en carne propia?
En la Policía Nacional la situación no es más alentadora. Sus miembros se asocian con narcotraficantes, criminales organizados y ladrones comunes para delinquir, robar y extorsionar a personas inocentes. Son tantas las denuncias y los hechos comprobados que alguien podría inferir que la Policía no es más que una banda criminal; la más grande y mejor organizada de Bolivia.
La corrupción del sistema judicial y de la Policía Nacional hace que estas instituciones pasen de protectoras y guardianes de la sociedad civil, a extorsionadoras. Hace que se diluya el Estado y pululen los maleantes y pandilleros, ladrones de cuello blanco y estafadores actuando con impunidad e incluso protección del Estado. Deja a la población indefensa ante la injusticia. Obliga a que la gente haga justicia con sus propias manos como es el caso de los linchamientos. Hace que el Estado se aplace todos los días en su asignatura más importante: la administración de justicia. Hace de Bolivia un Estado fallido.
Santa Cruz de la Sierra, 11/03/11
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La principal función del Estado es la administración de justicia. Los hombres nos sometemos a cumplir ciertas normas para evitar el caos y la anarquía. Renunciamos a la ley de la selva para ser parte de un Estado de Derecho donde las leyes respondan a ciertos principios de equidad, libertad y derechos universales. Y es precisamente para mantener ese Estado de Derecho y hacer cumplir la ley que permitimos que el Estado tenga el monopolio de la fuerza. Los jueces, fiscales y policías por lo tanto no están para servir al Estado o al gobierno, sino para hacer cumplir la ley y resguardar los derechos de los ciudadanos. Cuando un país tiene un sistema judicial que protege los derechos de los ciudadanos, castiga a quienes violan la ley y pone límites al poder de los gobernantes entonces dicho Estado cumple su función principal y esa sociedad tiene mejores posibilidades de vivir en paz y prosperidad.
Bolivia tiene un sistema judicial totalmente corrompido, donde los jueces y fiscales son en buena parte agentes de extorsión y chantaje, donde la retardación de justicia nos exige la paciencia de Matusalén, donde ganan los juicios quienes tienen más dinero o influencias sin importar quién tiene la razón o la verdad. ¿O quién no conoce alguna historia de terror sobre la corrupción de los jueces y fiscales o la ha vivido en carne propia?
En la Policía Nacional la situación no es más alentadora. Sus miembros se asocian con narcotraficantes, criminales organizados y ladrones comunes para delinquir, robar y extorsionar a personas inocentes. Son tantas las denuncias y los hechos comprobados que alguien podría inferir que la Policía no es más que una banda criminal; la más grande y mejor organizada de Bolivia.
La corrupción del sistema judicial y de la Policía Nacional hace que estas instituciones pasen de protectoras y guardianes de la sociedad civil, a extorsionadoras. Hace que se diluya el Estado y pululen los maleantes y pandilleros, ladrones de cuello blanco y estafadores actuando con impunidad e incluso protección del Estado. Deja a la población indefensa ante la injusticia. Obliga a que la gente haga justicia con sus propias manos como es el caso de los linchamientos. Hace que el Estado se aplace todos los días en su asignatura más importante: la administración de justicia. Hace de Bolivia un Estado fallido.
Santa Cruz de la Sierra, 11/03/11
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martes, 8 de marzo de 2011
Estudiante venezolanos en huelga de hambre
Javier Paz García
Mientras escribo estas líneas, hay casi ochenta y tres jóvenes venezolanos llevando a cabo una huelga de hambre en su país. Piden que el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza vaya a Venezuela a verificar la situación de los derechos humanos en ese país. Según la carta enviada por los jóvenes a la OEA, Insulza se comprometió el siete de diciembre de 2009 a ir a Venezuela entre enero y febrero del 2010 “para constatar in situ la situación general de los Derechos Humanos en nuestro país y, muy especialmente, la situación de los presos y perseguidos políticos…”
Piden “el cese inmediato en nuestro país de la prisión y de la persecución judicial por motivos políticos.”
Piden el “respeto a la democracia y la voluntad popular expresada a través del voto el 26 de Septiembre de 2010, que eligió a los presos políticos Biaggio Pilieri, Freddy Curupe y José Sánchez como Diputados a la Asamblea Nacional de lo que deriva que los mismos deben ser puestos en inmediata libertad para poder desempeñar, con la inmunidad que es inherente a sus cargos, las funciones parlamentarias que les confió el pueblo de Venezuela”.
Piden atención médica y trato humanitario para los presos Silvio Mérida Ortiz, William Saud, Rolando Guevara, Erasmo Bolívar, José Sánchez, Otto Gebauer, Iván Simonovis, Lázaro Forero, Henry Vivas.
Cada vez se suman más jóvenes a la huelga y han recibido el apoyo y la solidaridad de grupos como los exiliados venezolanos en Perú. El alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma pidió a la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff para que se pronuncie sobre la huelga.
Los jóvenes huelguistas solicitan la ayuda de todos, para que juntos hagamos presión a nuestros gobiernos enviando cartas a nuestros parlamentarios y autoridades electas, para que presionen a Venezuela y a la OEA buscando que se respeten los derechos humanos en este país.
Mediante la presente deseo expresar la solidaridad de los bolivianos demócratas, cuya situación en cuestión de abusos del gobierno y persecución política es similar a la de Venezuela. Y también presionar a la OEA y a su actual Secretario General, cuya actuación en defensa de los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho en la región deja mucho que desear.
Santa Cruz de la Sierra, 23/02/11
http://javierpaz01.blogspot.com/
Mientras escribo estas líneas, hay casi ochenta y tres jóvenes venezolanos llevando a cabo una huelga de hambre en su país. Piden que el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza vaya a Venezuela a verificar la situación de los derechos humanos en ese país. Según la carta enviada por los jóvenes a la OEA, Insulza se comprometió el siete de diciembre de 2009 a ir a Venezuela entre enero y febrero del 2010 “para constatar in situ la situación general de los Derechos Humanos en nuestro país y, muy especialmente, la situación de los presos y perseguidos políticos…”
Piden “el cese inmediato en nuestro país de la prisión y de la persecución judicial por motivos políticos.”
Piden el “respeto a la democracia y la voluntad popular expresada a través del voto el 26 de Septiembre de 2010, que eligió a los presos políticos Biaggio Pilieri, Freddy Curupe y José Sánchez como Diputados a la Asamblea Nacional de lo que deriva que los mismos deben ser puestos en inmediata libertad para poder desempeñar, con la inmunidad que es inherente a sus cargos, las funciones parlamentarias que les confió el pueblo de Venezuela”.
Piden atención médica y trato humanitario para los presos Silvio Mérida Ortiz, William Saud, Rolando Guevara, Erasmo Bolívar, José Sánchez, Otto Gebauer, Iván Simonovis, Lázaro Forero, Henry Vivas.
Cada vez se suman más jóvenes a la huelga y han recibido el apoyo y la solidaridad de grupos como los exiliados venezolanos en Perú. El alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma pidió a la presidenta de Brasil, Dilma Rouseff para que se pronuncie sobre la huelga.
Los jóvenes huelguistas solicitan la ayuda de todos, para que juntos hagamos presión a nuestros gobiernos enviando cartas a nuestros parlamentarios y autoridades electas, para que presionen a Venezuela y a la OEA buscando que se respeten los derechos humanos en este país.
Mediante la presente deseo expresar la solidaridad de los bolivianos demócratas, cuya situación en cuestión de abusos del gobierno y persecución política es similar a la de Venezuela. Y también presionar a la OEA y a su actual Secretario General, cuya actuación en defensa de los derechos humanos, la democracia y el Estado de Derecho en la región deja mucho que desear.
Santa Cruz de la Sierra, 23/02/11
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viernes, 18 de febrero de 2011
Liberalismo y los asalariados
Javier Paz García
La propaganda socialista le ha hecho mala fama al liberalismo, especialmente entre los sectores obreros y campesinos. Marx sentía un odio visceral hacia el liberalismo, odio no del todo injustificado si tomamos en cuenta las terribles condiciones de los asalariados europeos de principios del siglo XIX. Lo cierto es que el liberalismo en general defiende la libertad y persigue objetivos que la promuevan y afiancen, en un marco de democracia e igualdad ante la ley. En lo que concierne a la producción defiende el libre mercado tanto en bienes y servicios, como laboral.
Podría parecer que defender el libre mercado laboral va en contra de los asalariados. Por ejemplo, ¿cómo puede ser que permitirle a un empleador despedir libremente a sus empleados pueda ser beneficioso para los empleados? La razón radica en que el libre mercado dinamiza la economía, obliga a las empresas a ser eficientes y de esa manera incrementa las tasas de crecimiento de un país. Solo en la medida en que una empresa se vuelve más eficiente y genera mayores ingresos, es que puede pagar mayores salarios.
La rigidez del mercado laboral tiene consecuencias similares en los asalariados porque crea incentivos para trabajar menos, a sabiendas de que no importa si son flojos o son esforzados, su empleador no los puede despedir. La rigidez del mercado laboral disminuye la productividad de una empresa, disminuyendo a su vez la capacidad de pagar salarios. Por otro lado, siempre me pareció ilógica la noción de que hay que proteger las fuentes de trabajo de las garras de los avaros capitalistas. Incluso aceptando la noción de que el capitalista es avaro y solo le interesa hacer dinero, tenemos que reconocer que para hacer dinero es necesario atraer y retener a buenos trabajadores, por ende está en el mejor interés del capitalista el retener a sus buenos trabajadores y darles un trato y una paga que evite que cambien de trabajo. Por otro lado, un mercado laboral flexible genera mayores opciones de trabajo y reduce las tasas de desempleo, lo cual beneficia a los asalariados.
Si la explicación teórica precedente no es suficiente para convencer al lector que la libre contratación y despido de trabajadores en un marco de libre competencia, es la mejor forma de mejorar las condiciones laborales, tal vez la realidad sirva de argumento. No es en los países socialistas donde los asalariados disfrutan de las mejores condiciones de trabajo, sino al contrario en los países más capitalistas. Por citar un ejemplo específico, los sueldos de un chofer de tráiler en Estados Unidos rondan los setenta mil dólares, mientras que en Bolivia, un chofer que trabaja más horas que su homólogo americano, con caminos más difíciles y peligrosos, con suerte llega a ganar ocho mil dólares al año. Y así podemos hablar de mineros, mecánicos, secretarias, empleadas domésticas, etc. cuyos salarios en Estados Unidos y Europa les permite tener casa, vehículo y una alimentación adecuada, mientras sus homólogos del segundo y tercer mundo trabajan para apenas escapar de la miseria y el hambre.
Santa Cruz de la Sierra, 15/02/11
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La propaganda socialista le ha hecho mala fama al liberalismo, especialmente entre los sectores obreros y campesinos. Marx sentía un odio visceral hacia el liberalismo, odio no del todo injustificado si tomamos en cuenta las terribles condiciones de los asalariados europeos de principios del siglo XIX. Lo cierto es que el liberalismo en general defiende la libertad y persigue objetivos que la promuevan y afiancen, en un marco de democracia e igualdad ante la ley. En lo que concierne a la producción defiende el libre mercado tanto en bienes y servicios, como laboral.
Podría parecer que defender el libre mercado laboral va en contra de los asalariados. Por ejemplo, ¿cómo puede ser que permitirle a un empleador despedir libremente a sus empleados pueda ser beneficioso para los empleados? La razón radica en que el libre mercado dinamiza la economía, obliga a las empresas a ser eficientes y de esa manera incrementa las tasas de crecimiento de un país. Solo en la medida en que una empresa se vuelve más eficiente y genera mayores ingresos, es que puede pagar mayores salarios.
La rigidez del mercado laboral tiene consecuencias similares en los asalariados porque crea incentivos para trabajar menos, a sabiendas de que no importa si son flojos o son esforzados, su empleador no los puede despedir. La rigidez del mercado laboral disminuye la productividad de una empresa, disminuyendo a su vez la capacidad de pagar salarios. Por otro lado, siempre me pareció ilógica la noción de que hay que proteger las fuentes de trabajo de las garras de los avaros capitalistas. Incluso aceptando la noción de que el capitalista es avaro y solo le interesa hacer dinero, tenemos que reconocer que para hacer dinero es necesario atraer y retener a buenos trabajadores, por ende está en el mejor interés del capitalista el retener a sus buenos trabajadores y darles un trato y una paga que evite que cambien de trabajo. Por otro lado, un mercado laboral flexible genera mayores opciones de trabajo y reduce las tasas de desempleo, lo cual beneficia a los asalariados.
Si la explicación teórica precedente no es suficiente para convencer al lector que la libre contratación y despido de trabajadores en un marco de libre competencia, es la mejor forma de mejorar las condiciones laborales, tal vez la realidad sirva de argumento. No es en los países socialistas donde los asalariados disfrutan de las mejores condiciones de trabajo, sino al contrario en los países más capitalistas. Por citar un ejemplo específico, los sueldos de un chofer de tráiler en Estados Unidos rondan los setenta mil dólares, mientras que en Bolivia, un chofer que trabaja más horas que su homólogo americano, con caminos más difíciles y peligrosos, con suerte llega a ganar ocho mil dólares al año. Y así podemos hablar de mineros, mecánicos, secretarias, empleadas domésticas, etc. cuyos salarios en Estados Unidos y Europa les permite tener casa, vehículo y una alimentación adecuada, mientras sus homólogos del segundo y tercer mundo trabajan para apenas escapar de la miseria y el hambre.
Santa Cruz de la Sierra, 15/02/11
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jueves, 10 de febrero de 2011
El socialismo que todos queremos
Javier Paz García
El socialismo que todos queremos es el que nos protege a nosotros y jode a todos los demás. Es el que aplasta con impuestos y regulaciones a todos los sectores, menos al mío. Porque todos deben entender que es bueno para el país que a mi sector le rebaje los impuestos y le otorgue subsidios, bonos y protecciones contra la salvaje competencia capitalista.
El socialismo que todos queremos es el que compra caro a los productores y vende más barato a los consumidores, para que todos estén contentos y hace que esa diferencia de precio no la pague nadie, o por lo menos que no la pague yo con mis impuestos, que la paguen otros.
El socialismo que todos queremos es el que nacionaliza y estatiza a todos los sectores menos al mío.
El socialismo que todos queremos es el que regula el precio de todos los productos, menos el mío. Porque si yo vendo papa, el gobierno tiene que entender que si me obliga a venderla barata, no me va a alcanzar para seguir produciendo y me voy a quedar sin trabajo y el pueblo se va a quedar sin papas. Pero cuidado que el gobierno permita que suba el precio del azúcar o la gasolina que yo no produzco, ¡Acaso no entiende este insensible gobierno que yo me alimento con arroz y me transporto con gasolina!
El socialismo que todos queremos es el que protege a mi industria de la competencia internacional, para que así yo pueda venderle al pueblo un producto caro, sin preocuparme de mejorar la eficiencia, la productividad ni la calidad, pero que sí permite la competencia para todos los otros productos, para que yo, a la hora de hacer compras, tenga muchas opciones para elegir entre lo mejor y más barato.
El socialismo que todos queremos es el que puede garantizarme una pega en la administración pública pero solo a mí, porque el pueblo tiene que entender que el gobierno tampoco puede darle trabajo a todos. Es el que me garantiza un trabajo donde sea y no me exige que trabaje, no me exige que cumpla con mis obligaciones laborales y no le permite a mi empleador botarme si no hago bien mi trabajo.
El socialismo que todos queremos me da salud y educación cuyos costos pagan todos menos yo. El socialismo que todos queremos resuelve todos mis problemas, para que yo pueda estar tenderme en una hamaca y olvidar las preocupaciones.
El socialismo que todos queremos exige responsabilidad, solidaridad y sacrificio de todos, en beneficio mío y me exime a mí de hacer lo mismo en beneficio de todos.
El socialismo que todos queremos es inviable porque exige sacrificios de todos menos de mí. Es egoísta porque exige beneficios para mí a costa de todos los demás. Es insostenible porque requiere de enormes gastos que nadie quiere pagar, y que a la larga, nadie puede pagar. Es irresponsable porque conduce a un país a la parálisis y la debacle económica. Es inmoral porque exime al individuo (me exime a mí), de toda responsabilidad y se la carga a ese ente abstracto llamado Estado.
Por eso el socialismo fracasa donde se lo prueba.
Santa Cruz de la Sierra, 10/02/11
http://javierpaz01.blogspot.com/
El socialismo que todos queremos es el que nos protege a nosotros y jode a todos los demás. Es el que aplasta con impuestos y regulaciones a todos los sectores, menos al mío. Porque todos deben entender que es bueno para el país que a mi sector le rebaje los impuestos y le otorgue subsidios, bonos y protecciones contra la salvaje competencia capitalista.
El socialismo que todos queremos es el que compra caro a los productores y vende más barato a los consumidores, para que todos estén contentos y hace que esa diferencia de precio no la pague nadie, o por lo menos que no la pague yo con mis impuestos, que la paguen otros.
El socialismo que todos queremos es el que nacionaliza y estatiza a todos los sectores menos al mío.
El socialismo que todos queremos es el que regula el precio de todos los productos, menos el mío. Porque si yo vendo papa, el gobierno tiene que entender que si me obliga a venderla barata, no me va a alcanzar para seguir produciendo y me voy a quedar sin trabajo y el pueblo se va a quedar sin papas. Pero cuidado que el gobierno permita que suba el precio del azúcar o la gasolina que yo no produzco, ¡Acaso no entiende este insensible gobierno que yo me alimento con arroz y me transporto con gasolina!
El socialismo que todos queremos es el que protege a mi industria de la competencia internacional, para que así yo pueda venderle al pueblo un producto caro, sin preocuparme de mejorar la eficiencia, la productividad ni la calidad, pero que sí permite la competencia para todos los otros productos, para que yo, a la hora de hacer compras, tenga muchas opciones para elegir entre lo mejor y más barato.
El socialismo que todos queremos es el que puede garantizarme una pega en la administración pública pero solo a mí, porque el pueblo tiene que entender que el gobierno tampoco puede darle trabajo a todos. Es el que me garantiza un trabajo donde sea y no me exige que trabaje, no me exige que cumpla con mis obligaciones laborales y no le permite a mi empleador botarme si no hago bien mi trabajo.
El socialismo que todos queremos me da salud y educación cuyos costos pagan todos menos yo. El socialismo que todos queremos resuelve todos mis problemas, para que yo pueda estar tenderme en una hamaca y olvidar las preocupaciones.
El socialismo que todos queremos exige responsabilidad, solidaridad y sacrificio de todos, en beneficio mío y me exime a mí de hacer lo mismo en beneficio de todos.
El socialismo que todos queremos es inviable porque exige sacrificios de todos menos de mí. Es egoísta porque exige beneficios para mí a costa de todos los demás. Es insostenible porque requiere de enormes gastos que nadie quiere pagar, y que a la larga, nadie puede pagar. Es irresponsable porque conduce a un país a la parálisis y la debacle económica. Es inmoral porque exime al individuo (me exime a mí), de toda responsabilidad y se la carga a ese ente abstracto llamado Estado.
Por eso el socialismo fracasa donde se lo prueba.
Santa Cruz de la Sierra, 10/02/11
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jueves, 3 de febrero de 2011
Socialismo y el empresariado
Javier Paz García
Lenin dijo que los capitalistas eran capaces de vender la soga con la cual serían ahorcados… y tenía razón. Podría parecer paradójico que empresarios apoyen regímenes socialistas cuyas políticas van en contra de la libre empresa. Esta aparente paradoja se explica por varios motivos. Mencionaré primeramente que el empresario en general no es político, ni economista, ni historiador, ni mucho menos liberal. No necesariamente sabe de las barbaridades del socialismo a lo largo de la historia, no necesariamente sabe del efecto empobrecedor de las políticas socialistas sobre la producción y el crecimiento económico, probablemente ni siquiera entiende a cabalidad que es liberalismo, ni que es socialismo. Además, el empresario busca maximizar las ganancias y minimizar las pérdidas. Su estrategia de negocios rara vez está influenciada por consideraciones políticas, ideológicas o filantrópicas. El empresario busca como hacer dinero en tiempos buenos y como no perderlo en tiempos difíciles. Y así como un empleado, puede estar dispuesto a trabajar con un jefe abusivo y tacaño en épocas de crisis, pero a la primera oportunidad, se cambia a una pega mejor, también el empresario trabajará con el gobierno que le toque y en las condiciones que tenga, hasta que la soga lo ahorque. El empresario en general actúa con un instinto de supervivencia y si tiene que asociarse con el enemigo, la mayoría de las veces lo hará. Es complicado criticar esta actitud, ya que es la misma que, bajo condiciones favorables, hace del empresario un agente de innovación y creatividad, tomador de riesgos, proveedor de fuentes de empleo e impulsor del desarrollo económico de una región o país.
Por otro lado, aunque el socialismo genera pobreza, atraso y decrecimiento, no es malo para todos los empresarios. La consecuencia del socialismo es la estatización de la economía, el férreo control estatal sobre el sector privado y la creación de una burocracia encargada de dar o quitar permisos de producción, de exportación, fijación de precios, etc. Bajo estas condiciones puede ser fácil enriquecerse si se conoce a las personas adecuadas dentro del régimen, y siempre habrá quienes que conozcan a las personas adecuadas para conseguir adjudicaciones, monopolios, subvenciones, tasas preferenciales de interés, concesiones y otras bondades del socialismo. La diferencia entre un régimen liberal donde existe la libre competencia y el régimen socialista-estatista es que en el primero, los empresarios que triunfan y adquieren fortunas son aquellos que logran ofrecer a la población el mejor producto al menor precio, es decir los que logran ser mejores que la competencia, mientras que en el segundo es la burocracia socialista la que de antemano elije con el dedo a los nuevos ricos, que siempre son los parientes, los amigos y los allegados al régimen, quienes además pueden ofertar productos caros y de mala calidad, porque el Estado los protege de la competencia.
Santa Cruz de la Sierra, 03/02/11
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Lenin dijo que los capitalistas eran capaces de vender la soga con la cual serían ahorcados… y tenía razón. Podría parecer paradójico que empresarios apoyen regímenes socialistas cuyas políticas van en contra de la libre empresa. Esta aparente paradoja se explica por varios motivos. Mencionaré primeramente que el empresario en general no es político, ni economista, ni historiador, ni mucho menos liberal. No necesariamente sabe de las barbaridades del socialismo a lo largo de la historia, no necesariamente sabe del efecto empobrecedor de las políticas socialistas sobre la producción y el crecimiento económico, probablemente ni siquiera entiende a cabalidad que es liberalismo, ni que es socialismo. Además, el empresario busca maximizar las ganancias y minimizar las pérdidas. Su estrategia de negocios rara vez está influenciada por consideraciones políticas, ideológicas o filantrópicas. El empresario busca como hacer dinero en tiempos buenos y como no perderlo en tiempos difíciles. Y así como un empleado, puede estar dispuesto a trabajar con un jefe abusivo y tacaño en épocas de crisis, pero a la primera oportunidad, se cambia a una pega mejor, también el empresario trabajará con el gobierno que le toque y en las condiciones que tenga, hasta que la soga lo ahorque. El empresario en general actúa con un instinto de supervivencia y si tiene que asociarse con el enemigo, la mayoría de las veces lo hará. Es complicado criticar esta actitud, ya que es la misma que, bajo condiciones favorables, hace del empresario un agente de innovación y creatividad, tomador de riesgos, proveedor de fuentes de empleo e impulsor del desarrollo económico de una región o país.
Por otro lado, aunque el socialismo genera pobreza, atraso y decrecimiento, no es malo para todos los empresarios. La consecuencia del socialismo es la estatización de la economía, el férreo control estatal sobre el sector privado y la creación de una burocracia encargada de dar o quitar permisos de producción, de exportación, fijación de precios, etc. Bajo estas condiciones puede ser fácil enriquecerse si se conoce a las personas adecuadas dentro del régimen, y siempre habrá quienes que conozcan a las personas adecuadas para conseguir adjudicaciones, monopolios, subvenciones, tasas preferenciales de interés, concesiones y otras bondades del socialismo. La diferencia entre un régimen liberal donde existe la libre competencia y el régimen socialista-estatista es que en el primero, los empresarios que triunfan y adquieren fortunas son aquellos que logran ofrecer a la población el mejor producto al menor precio, es decir los que logran ser mejores que la competencia, mientras que en el segundo es la burocracia socialista la que de antemano elije con el dedo a los nuevos ricos, que siempre son los parientes, los amigos y los allegados al régimen, quienes además pueden ofertar productos caros y de mala calidad, porque el Estado los protege de la competencia.
Santa Cruz de la Sierra, 03/02/11
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jueves, 27 de enero de 2011
Liberalismo y el empresariado
Javier Paz García
Es común calificar al liberalismo como un movimiento a favor de los empresarios y en contra de los empleados. Marx así lo sostenía y lo mismo han hecho los movimientos socialistas desde entonces. Es cierto que el liberalismo valora la importancia del empresario capitalista como agente fundamental de innovación y desarrollo; es cierto que considera la propiedad privada como una institución indispensable para la preservación de la libertad y el crecimiento económico. Pero no es correcto afirmar que el liberalismo privilegia a los capitalistas. Ludwig von Mises (1881 – 1973), en su libro Liberalismo afirma que “[h]istóricamente el liberalismo fue la primera orientación política que se preocupó del bienestar de todos y no del de determinados estamentos sociales” . Como el mismo Mises hace notar, tampoco es cierto “que los empresarios y capitalistas tengan particular interés en preferir el liberalismo. Su interés en preferir el liberalismo es idéntico al de cualquier otro individuo” . Y como cualquier otro individuo, asociación o gremio, intentan (cuando se les permite) obtener privilegios por parte del Estado. Los gremios empresariales buscan obtener del Estado subsidios, protección contra la competición extranjera, tasas de interés preferenciales, créditos estatales que muchas veces no pagan, obtención de monopolios y otros beneficios cuya otorgación va en perjuicio del resto de la población. La frase “privatizar las ganancias y socializar las pérdidas” es sinónimo de esa actitud aprovechadora y antiliberal común en los empresarios. Los movimientos de izquierda han hecho una buena labor en vender esta situación como liberalismo y hay que admitir, que los movimientos políticos de supuesta tendencia liberal han colaborado a reforzar este error conceptual. El liberalismo condena estas prácticas, como condena cualquier privilegio sectorial o corporativo.
Esta crítica no intenta condenarlos, ni tomar la actitud simplona de clasificarlos entre buenos y malos empresarios. Más bien pretende hacer notar que el marco institucional afecta el comportamiento de los individuos. La misma actitud que, bajo cierto marco institucional, hace del empresario un agente de innovación y desarrollo, bajo otras condiciones institucionales lo convierte en un buscador de rentas y privilegios a costa de otros. Pretender que el empresario (y casi cualquier persona en el planeta) no piense en la ganancia es negar su naturaleza. Pero esa búsqueda de riqueza puede ser beneficiosa o perjudicial para la sociedad dependiendo de las instituciones que la misma sociedad construya. En realidad, no existe motivo para limitar el análisis al empresario. La misma actitud se aplica a los obreros, profesionales, campesinos, maestros o cualquier sector. Estos sectores también buscan conseguir privilegios sectoriales en detrimento del resto de la sociedad.
El problema no radica en que ciertos sectores intenten obtener privilegios del Estado, sino en tener un Estado institucionalmente débil y proclive a otorgar dichos privilegios.
Santa Cruz de la Sierra, 27/01/11
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Es común calificar al liberalismo como un movimiento a favor de los empresarios y en contra de los empleados. Marx así lo sostenía y lo mismo han hecho los movimientos socialistas desde entonces. Es cierto que el liberalismo valora la importancia del empresario capitalista como agente fundamental de innovación y desarrollo; es cierto que considera la propiedad privada como una institución indispensable para la preservación de la libertad y el crecimiento económico. Pero no es correcto afirmar que el liberalismo privilegia a los capitalistas. Ludwig von Mises (1881 – 1973), en su libro Liberalismo afirma que “[h]istóricamente el liberalismo fue la primera orientación política que se preocupó del bienestar de todos y no del de determinados estamentos sociales” . Como el mismo Mises hace notar, tampoco es cierto “que los empresarios y capitalistas tengan particular interés en preferir el liberalismo. Su interés en preferir el liberalismo es idéntico al de cualquier otro individuo” . Y como cualquier otro individuo, asociación o gremio, intentan (cuando se les permite) obtener privilegios por parte del Estado. Los gremios empresariales buscan obtener del Estado subsidios, protección contra la competición extranjera, tasas de interés preferenciales, créditos estatales que muchas veces no pagan, obtención de monopolios y otros beneficios cuya otorgación va en perjuicio del resto de la población. La frase “privatizar las ganancias y socializar las pérdidas” es sinónimo de esa actitud aprovechadora y antiliberal común en los empresarios. Los movimientos de izquierda han hecho una buena labor en vender esta situación como liberalismo y hay que admitir, que los movimientos políticos de supuesta tendencia liberal han colaborado a reforzar este error conceptual. El liberalismo condena estas prácticas, como condena cualquier privilegio sectorial o corporativo.
Esta crítica no intenta condenarlos, ni tomar la actitud simplona de clasificarlos entre buenos y malos empresarios. Más bien pretende hacer notar que el marco institucional afecta el comportamiento de los individuos. La misma actitud que, bajo cierto marco institucional, hace del empresario un agente de innovación y desarrollo, bajo otras condiciones institucionales lo convierte en un buscador de rentas y privilegios a costa de otros. Pretender que el empresario (y casi cualquier persona en el planeta) no piense en la ganancia es negar su naturaleza. Pero esa búsqueda de riqueza puede ser beneficiosa o perjudicial para la sociedad dependiendo de las instituciones que la misma sociedad construya. En realidad, no existe motivo para limitar el análisis al empresario. La misma actitud se aplica a los obreros, profesionales, campesinos, maestros o cualquier sector. Estos sectores también buscan conseguir privilegios sectoriales en detrimento del resto de la sociedad.
El problema no radica en que ciertos sectores intenten obtener privilegios del Estado, sino en tener un Estado institucionalmente débil y proclive a otorgar dichos privilegios.
Santa Cruz de la Sierra, 27/01/11
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martes, 25 de enero de 2011
Homenaje a Monseñor Tito Solari
Javier Paz García
Conocí a Monseñor Tito Solari debido a su amistad con la familia de mi esposa. Mis suegros le pidieron que oficie nuestro matrimonio, solicitud que aceptó. Fue por este motivo que un par de meses antes de la boda, nos reunimos para que él conociera a los entonces novios. Fue una reunión de poco más de una hora pero no hace falta conversar mucho con Monseñor Tito para darse cuenta que uno está ante una gran persona. Tiene un carácter afable y su voz posee una serenidad contagiosa, su conversación es cordial e intercala con frecuencia anécdotas simpáticas de su vida, lo que ayuda a que uno rápidamente se sienta en confianza. Su actitud da la sensación de que no ve en otros a inferiores, sino a iguales; no adopta el rol de moralizador situado por encima del resto de la humanidad. Por eso, conversar con Monseñor Tito es una experiencia maravillosa.
Estas impresiones se vieron reforzadas en mi segundo encuentro con él, la noche de mi boda.
Apenas unas semanas después, Monseñor Tito se vio envuelto en una controversia por declarar su preocupación de que hayan niños en el Chapare traficando con droga. Los sindicatos cocaleros y el gobierno lo atacaron duramente, amenazándolo incluso con expulsarlo del país. Su reacción fue de humildad y conciliación. Resolvió la crisis ofreciendo la otra mejilla, respondiendo las ofensas ajenas, con una disculpa propia. Para quienes no lo conocen, su respuesta podría parecer una capitulación; para quienes hemos tenido el privilegio de conocerlo, es una muestra más de coherencia con sus principios.
Uno de los personajes más adorables de la literatura, es el Monseñor Myriel, de la obra Los Miserables de Victor Hugo. Uno de los momentos sublimes de la obra es cuando este personaje en vez de delatar a Jean Valjean por el hurto de su platería, se la regala con yapa. Este acto le muestra al personaje principal de Los Miserables que existe bondad en el mundo y le permite iniciar el camino de la redención. Monseñor Myriel salva el alma de Jean Valjean.
La actitud de Monseñor Tito Solari ante la crisis con los cocaleros me recordó a ese personaje literario tan bueno y bondados. Creo que es válida la comparación entre ambos. Creo que, como el ficticio Monseñor Myriel, nuestro Monseñor Tito, verdadero, de carne y hueso, viene a salvar almas. No busca reconocimientos, fama o poder, no intenta ganar batallas políticas, sino hacer el bien y ayudar al prójimo. Y es extraordinaria la humildad con la cual desempeña su misión. Por ello es capaz de devolver bien por mal, de intermediar en conflictos aparentemente irresolubles, de ver más allá de la noción maniquea de buenos y malos, de ver como una victoria lo que para otros sería una humillación.
Hace poco recibió un reconocimiento en Santa Cruz por su labor para con los jóvenes. Fue notorio en el público la admiración y el agradecimiento sentido por este extraordinario hombre. En su discurso de agradecimiento él dijo que la más contenta por el premio sería su mamá. Sería un honor si mi pequeño homenaje también provocase su alegría.
Santa Cruz de la Sierra, 21/01/11
http://javierpaz01.blogspot.com/
Conocí a Monseñor Tito Solari debido a su amistad con la familia de mi esposa. Mis suegros le pidieron que oficie nuestro matrimonio, solicitud que aceptó. Fue por este motivo que un par de meses antes de la boda, nos reunimos para que él conociera a los entonces novios. Fue una reunión de poco más de una hora pero no hace falta conversar mucho con Monseñor Tito para darse cuenta que uno está ante una gran persona. Tiene un carácter afable y su voz posee una serenidad contagiosa, su conversación es cordial e intercala con frecuencia anécdotas simpáticas de su vida, lo que ayuda a que uno rápidamente se sienta en confianza. Su actitud da la sensación de que no ve en otros a inferiores, sino a iguales; no adopta el rol de moralizador situado por encima del resto de la humanidad. Por eso, conversar con Monseñor Tito es una experiencia maravillosa.
Estas impresiones se vieron reforzadas en mi segundo encuentro con él, la noche de mi boda.
Apenas unas semanas después, Monseñor Tito se vio envuelto en una controversia por declarar su preocupación de que hayan niños en el Chapare traficando con droga. Los sindicatos cocaleros y el gobierno lo atacaron duramente, amenazándolo incluso con expulsarlo del país. Su reacción fue de humildad y conciliación. Resolvió la crisis ofreciendo la otra mejilla, respondiendo las ofensas ajenas, con una disculpa propia. Para quienes no lo conocen, su respuesta podría parecer una capitulación; para quienes hemos tenido el privilegio de conocerlo, es una muestra más de coherencia con sus principios.
Uno de los personajes más adorables de la literatura, es el Monseñor Myriel, de la obra Los Miserables de Victor Hugo. Uno de los momentos sublimes de la obra es cuando este personaje en vez de delatar a Jean Valjean por el hurto de su platería, se la regala con yapa. Este acto le muestra al personaje principal de Los Miserables que existe bondad en el mundo y le permite iniciar el camino de la redención. Monseñor Myriel salva el alma de Jean Valjean.
La actitud de Monseñor Tito Solari ante la crisis con los cocaleros me recordó a ese personaje literario tan bueno y bondados. Creo que es válida la comparación entre ambos. Creo que, como el ficticio Monseñor Myriel, nuestro Monseñor Tito, verdadero, de carne y hueso, viene a salvar almas. No busca reconocimientos, fama o poder, no intenta ganar batallas políticas, sino hacer el bien y ayudar al prójimo. Y es extraordinaria la humildad con la cual desempeña su misión. Por ello es capaz de devolver bien por mal, de intermediar en conflictos aparentemente irresolubles, de ver más allá de la noción maniquea de buenos y malos, de ver como una victoria lo que para otros sería una humillación.
Hace poco recibió un reconocimiento en Santa Cruz por su labor para con los jóvenes. Fue notorio en el público la admiración y el agradecimiento sentido por este extraordinario hombre. En su discurso de agradecimiento él dijo que la más contenta por el premio sería su mamá. Sería un honor si mi pequeño homenaje también provocase su alegría.
Santa Cruz de la Sierra, 21/01/11
http://javierpaz01.blogspot.com/
jueves, 13 de enero de 2011
Bolivia en el Índice de Libertad Económica 2011
Javier Paz García
La Fundación Heritage y el Wall Street Journal acaban de publicar la última versión del Índice de Libertad Económica correspondiente al año 2011. El estudio mide 179 países en diez áreas vitales para el desarrollo económico. Este año los cinco países con mayor puntaje son: Hong Kong con 89,7 puntos sobre un total de 100, seguido por Singapur, Australia, Nueva Zelandia y Suiza. Los cinco países con menor puntaje, comenzando por el peor son: Corea del Norte, Zimbadwe, Cuba, Eritrea y Venezuela.
La fuerte correlación positiva que existe entre la libertad económica y el desarrollo económico, demostrada en este índice se constituye en una sólida evidencia empírica a favor de políticas de libre mercado y de una participación limitada del Estado en la actividad económica. Pero el índice no solo sirve para mostrar empíricamente la superioridad del libre mercado por sobre el estatismo y el socialismo sino que también puede ser utilizado como un poderoso instrumento y guía de política económica. Un gobierno podría usar este índice como una hoja de ruta para encaminarse hacia una senda de crecimiento económico ya que el índice evalúa 10 áreas de la economía: la libertad empresarial, la libertad de comercio exterior, la libertad fiscal (nivel de impuestos), el gasto público, la política monetaria, la libertad de inversión, el sector financiero, los derechos de propiedad, la corrupción y la libertad del mercado laboral.
Dentro de Sudamérica, Chile tiene el mayor puntaje (77,4), seguido por Uruguay (70), Perú (68,6) y Colombia (68). Bolivia obtuvo un puntaje de 50 sobre 100 y quedó ubicado en el puesto 146 sobre un total de 179 países evaluados (a 33 países de la cola). Según el informe las áreas más problemáticas en Bolivia son: la situación de los derechos de propiedad, la libertad de inversión, la corrupción y la libertad del mercado laboral. Por supuesto esto no significa que no exista trabajo que hacer en las otras áreas.
Acompañan a Bolivia en el ranking países como Etiopía, Nepal, Burundi y Sierra Leona. No es de extrañarse entonces que el nivel económico de Bolivia sea más cercano al de países africanos y muy lejos de países del primer mundo. Como ya mencioné antes, Cuba y Venezuela se encuentran entre los últimos lugares en el Índice de Libertad Económica. La economía cubana es un desastre y la venezolana va camino al descalabro. El sentido común nos indica que si Bolivia sigue los pasos de estos países (cosa que está haciendo), pues terminará en la misma situación calamitosa (ya se ven los primero síntomas). Más prudente y lógico sería seguirle los pasos en materia de política económica a países como Chile o Perú, cuya apertura al mercado (demostrada por un alto puntaje en el índice), les ha permitido tener las tasas de crecimiento más altas de Sudamérica.
El estudio puede ser visto en inglés en la siguiente página: www.heritage.org/index/
Santa Cruz de la Sierra, 13/01/11
http://javierpaz01.blogspot.com/
La Fundación Heritage y el Wall Street Journal acaban de publicar la última versión del Índice de Libertad Económica correspondiente al año 2011. El estudio mide 179 países en diez áreas vitales para el desarrollo económico. Este año los cinco países con mayor puntaje son: Hong Kong con 89,7 puntos sobre un total de 100, seguido por Singapur, Australia, Nueva Zelandia y Suiza. Los cinco países con menor puntaje, comenzando por el peor son: Corea del Norte, Zimbadwe, Cuba, Eritrea y Venezuela.
La fuerte correlación positiva que existe entre la libertad económica y el desarrollo económico, demostrada en este índice se constituye en una sólida evidencia empírica a favor de políticas de libre mercado y de una participación limitada del Estado en la actividad económica. Pero el índice no solo sirve para mostrar empíricamente la superioridad del libre mercado por sobre el estatismo y el socialismo sino que también puede ser utilizado como un poderoso instrumento y guía de política económica. Un gobierno podría usar este índice como una hoja de ruta para encaminarse hacia una senda de crecimiento económico ya que el índice evalúa 10 áreas de la economía: la libertad empresarial, la libertad de comercio exterior, la libertad fiscal (nivel de impuestos), el gasto público, la política monetaria, la libertad de inversión, el sector financiero, los derechos de propiedad, la corrupción y la libertad del mercado laboral.
Dentro de Sudamérica, Chile tiene el mayor puntaje (77,4), seguido por Uruguay (70), Perú (68,6) y Colombia (68). Bolivia obtuvo un puntaje de 50 sobre 100 y quedó ubicado en el puesto 146 sobre un total de 179 países evaluados (a 33 países de la cola). Según el informe las áreas más problemáticas en Bolivia son: la situación de los derechos de propiedad, la libertad de inversión, la corrupción y la libertad del mercado laboral. Por supuesto esto no significa que no exista trabajo que hacer en las otras áreas.
Acompañan a Bolivia en el ranking países como Etiopía, Nepal, Burundi y Sierra Leona. No es de extrañarse entonces que el nivel económico de Bolivia sea más cercano al de países africanos y muy lejos de países del primer mundo. Como ya mencioné antes, Cuba y Venezuela se encuentran entre los últimos lugares en el Índice de Libertad Económica. La economía cubana es un desastre y la venezolana va camino al descalabro. El sentido común nos indica que si Bolivia sigue los pasos de estos países (cosa que está haciendo), pues terminará en la misma situación calamitosa (ya se ven los primero síntomas). Más prudente y lógico sería seguirle los pasos en materia de política económica a países como Chile o Perú, cuya apertura al mercado (demostrada por un alto puntaje en el índice), les ha permitido tener las tasas de crecimiento más altas de Sudamérica.
El estudio puede ser visto en inglés en la siguiente página: www.heritage.org/index/
Santa Cruz de la Sierra, 13/01/11
http://javierpaz01.blogspot.com/
viernes, 7 de enero de 2011
Persecución política y exilio
Javier Paz García
La persecución política que existe en Bolivia ya ha causado la huída de buen número de ciudadanos bolivianos. Cada vez que un perseguido político huye del país, los acólitos del gobierno (que en su gran mayoría no destacan por su brillantez) salen a la luz pública a anunciar la culpabilidad del escapado, arguyendo cosas como que “el que nada debe, nada teme” y que huir es una admisión de culpabilidad. Semejante argumentación solo puede venir de inteligencias mentecatas cuando en Bolivia han destrozado el Estado de Derecho, los procesos judiciales son anunciados de antemano por altos funcionarios del Poder Ejecutivo a lo que le sigue algún fiscalillo y no se puede esperar imparcialidad, ni independencia de los tribunales de justicia. Aquí los juicios son un show para mantener las apariencias.
Quienes creen que huir es una prueba de culpabilidad, tendrán que aceptar entonces que Albert Einstein, Ana Frank, Jesús de Nazaret o Marcelo Quiroga Santa Cruz eran culpables de algo. Einstein, uno de los mayores científicos de todos los tiempos emigró de Alemania para huir de los nazis. Ana Frank pasó escondida de los nazis en el ático de una casa desde sus 13 hasta sus 15 años, murió en un campo de concentración. ¿Qué crimen pudo haber cometido esta niña? La biblia (Mateo 2, 13-16) narra la huída de la familia de Jesús de Nazaret a Egipto ante amenazas de Herodes de matar a los recién nacidos. Por supuesto, ningún crimen podría serle imputado a un recién nacido, pero ese tipo de aberraciones suceden en regímenes totalitarios. Razones políticas causaron que Mahoma huya de La Meca a Medina en el año 622 de la era cristiana. La revolución rusa no tenía nada para acusar a Trotsky y más bien mucho que agradecerle, pero las pugnas de poder hicieron que Trotsky huyera a Méjico; aun así Stalin lo mandó asesinar. Cuba tiene una larga lista de exiliados políticos que no cometieron otro delito que expresar una opinión contraria al régimen castrista, el periodista Carlos Alberto Montaner es uno de ellos; también tiene un gran número de fusilados y presos por los mismos motivos (fusilar “traidores” era un hobby del Che Guevara). Dictaduras como las de Stroessner en Paraguay, Videla en Argentina, Banzer en Bolivia y Pinochet en Chile, hicieron que muchas personas inocentes huyan de sus respectivos países ante el miedo de la persecución política (uno de los exiliados de la época fue Marcelo Quiroga Santa Cruz). Estos dictadores idearon el plan Cóndor para realizar una persecución política a escala continental.
Pero hay algunos que no huyeron, por ejemplo Sócrates a quien un tribunal lo condenó a muerte, por razones políticas. A Quiroga Santa Cruz finalmente lo mató otro dictador. Otro que no huyó fue Leopoldo Fernández; hoy lleva más de dos años de prisión sin tener sentencia.
Simplemente es erróneo concluir que huir es sinónimo de culpabilidad, cuando existe claramente una persecución política, violación de los derechos humanos, ausencia del debido proceso y carencia de tribunales imparciales.
Santa Cruz de la Sierra, 07/01/11
http://javierpaz01.blogspot.com/
La persecución política que existe en Bolivia ya ha causado la huída de buen número de ciudadanos bolivianos. Cada vez que un perseguido político huye del país, los acólitos del gobierno (que en su gran mayoría no destacan por su brillantez) salen a la luz pública a anunciar la culpabilidad del escapado, arguyendo cosas como que “el que nada debe, nada teme” y que huir es una admisión de culpabilidad. Semejante argumentación solo puede venir de inteligencias mentecatas cuando en Bolivia han destrozado el Estado de Derecho, los procesos judiciales son anunciados de antemano por altos funcionarios del Poder Ejecutivo a lo que le sigue algún fiscalillo y no se puede esperar imparcialidad, ni independencia de los tribunales de justicia. Aquí los juicios son un show para mantener las apariencias.
Quienes creen que huir es una prueba de culpabilidad, tendrán que aceptar entonces que Albert Einstein, Ana Frank, Jesús de Nazaret o Marcelo Quiroga Santa Cruz eran culpables de algo. Einstein, uno de los mayores científicos de todos los tiempos emigró de Alemania para huir de los nazis. Ana Frank pasó escondida de los nazis en el ático de una casa desde sus 13 hasta sus 15 años, murió en un campo de concentración. ¿Qué crimen pudo haber cometido esta niña? La biblia (Mateo 2, 13-16) narra la huída de la familia de Jesús de Nazaret a Egipto ante amenazas de Herodes de matar a los recién nacidos. Por supuesto, ningún crimen podría serle imputado a un recién nacido, pero ese tipo de aberraciones suceden en regímenes totalitarios. Razones políticas causaron que Mahoma huya de La Meca a Medina en el año 622 de la era cristiana. La revolución rusa no tenía nada para acusar a Trotsky y más bien mucho que agradecerle, pero las pugnas de poder hicieron que Trotsky huyera a Méjico; aun así Stalin lo mandó asesinar. Cuba tiene una larga lista de exiliados políticos que no cometieron otro delito que expresar una opinión contraria al régimen castrista, el periodista Carlos Alberto Montaner es uno de ellos; también tiene un gran número de fusilados y presos por los mismos motivos (fusilar “traidores” era un hobby del Che Guevara). Dictaduras como las de Stroessner en Paraguay, Videla en Argentina, Banzer en Bolivia y Pinochet en Chile, hicieron que muchas personas inocentes huyan de sus respectivos países ante el miedo de la persecución política (uno de los exiliados de la época fue Marcelo Quiroga Santa Cruz). Estos dictadores idearon el plan Cóndor para realizar una persecución política a escala continental.
Pero hay algunos que no huyeron, por ejemplo Sócrates a quien un tribunal lo condenó a muerte, por razones políticas. A Quiroga Santa Cruz finalmente lo mató otro dictador. Otro que no huyó fue Leopoldo Fernández; hoy lleva más de dos años de prisión sin tener sentencia.
Simplemente es erróneo concluir que huir es sinónimo de culpabilidad, cuando existe claramente una persecución política, violación de los derechos humanos, ausencia del debido proceso y carencia de tribunales imparciales.
Santa Cruz de la Sierra, 07/01/11
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viernes, 31 de diciembre de 2010
Socialismo y derechos humanos
Javier Paz García
Los derechos humanos, desde la concepción lockeana, son limitaciones impuestas al Estado con el objetivo de impedir que el Estado cometa abusos y arbitrariedades contra los ciudadanos. Por ejemplo el derecho a la libre expresión, el habeas corpus y el requerimiento del debido proceso protegen al ciudadano contra abusos del Estado; el derecho a la propiedad privada impide que el Estado despoje arbitrariamente a alguien de los frutos de su trabajo.
El socialismo rechaza esta doctrina de derechos humanos individuales, a veces de manera abierta, como Marx, y a veces de manera disimulada. Lo hace exaltando lo colectivo y denigrando lo individual; equiparando el estado y la colectividad con el bien común y equiparando lo individual con el egoísmo y el mal común. El endiosamiento de lo colectivo por sobre lo individual, del Estado por sobre el hombre tiene como consecuencia la degradación de los derechos humanos. Cualquier acto, por más cruel o inhumano que sea, puede ser justificado por el bien del Estado y la colectividad. Stalin creyó contribuir al bien común cuando ordenó la colectivización de la agricultura; la hambruna correspondiente causó la muerte de aproximadamente siete millones de personas entre 1932 y 1933 solamente en Ucrania. El régimen de Mao Tse-Tung en China ejecutó a cerca de tres millones de personas en los primeros años de haberse instaurado. El reciente galardonado con el premio nobel de la paz 2010, Liu Xiaobo, es un preso político del régimen comunista chino; su crimen es pedir de manera no violenta que el régimen chino respete los derechos humanos de los ciudadanos. La revolución socialista en Cuba ha ejecutado sumariamente a cientos de personas y mantiene un buen número de presos políticos. En Camboya, el socialista Pol Pot intentó que la historia comience con él, destruyó todo lo relacionado a la cultura occidental, desde vehículos hasta equipos médicos, hizo matar a todos los profesionales e intelectuales y enterrar vivos a sus hijos, quemar los libros, confiscar la propiedad privada, convirtiendo al país en un inmenso campo de concentración. El socialismo dice anteponer lo colectivo por sobre lo individual, y usa esto como pretexto para violar derechos humanos como la libertad de expresión y de conciencia. Con el pretexto de proveer educación, impide el libre ejercicio de la educación; con el pretexto de proveer salud, impide el libre ejercicio de la medicina; con el pretexto de construir una sociedad mejor, construye un Estado policiaco y militarista basado en el miedo y la persecución a quienes sean contestatarios al régimen. Por ello, cuando se instaura un régimen socialista o colectivista en una democracia liberal, los derechos humanos pronto empiezan a degradarse. La historia muestra que no existe mucha diferencia entre las dictaduras y los regímenes socialistas en cuanto al respeto y la protección de los derechos humanos.
Santa Cruz de la Sierra, 31/12/10
http://javierpaz01.blogspot.com/
Los derechos humanos, desde la concepción lockeana, son limitaciones impuestas al Estado con el objetivo de impedir que el Estado cometa abusos y arbitrariedades contra los ciudadanos. Por ejemplo el derecho a la libre expresión, el habeas corpus y el requerimiento del debido proceso protegen al ciudadano contra abusos del Estado; el derecho a la propiedad privada impide que el Estado despoje arbitrariamente a alguien de los frutos de su trabajo.
El socialismo rechaza esta doctrina de derechos humanos individuales, a veces de manera abierta, como Marx, y a veces de manera disimulada. Lo hace exaltando lo colectivo y denigrando lo individual; equiparando el estado y la colectividad con el bien común y equiparando lo individual con el egoísmo y el mal común. El endiosamiento de lo colectivo por sobre lo individual, del Estado por sobre el hombre tiene como consecuencia la degradación de los derechos humanos. Cualquier acto, por más cruel o inhumano que sea, puede ser justificado por el bien del Estado y la colectividad. Stalin creyó contribuir al bien común cuando ordenó la colectivización de la agricultura; la hambruna correspondiente causó la muerte de aproximadamente siete millones de personas entre 1932 y 1933 solamente en Ucrania. El régimen de Mao Tse-Tung en China ejecutó a cerca de tres millones de personas en los primeros años de haberse instaurado. El reciente galardonado con el premio nobel de la paz 2010, Liu Xiaobo, es un preso político del régimen comunista chino; su crimen es pedir de manera no violenta que el régimen chino respete los derechos humanos de los ciudadanos. La revolución socialista en Cuba ha ejecutado sumariamente a cientos de personas y mantiene un buen número de presos políticos. En Camboya, el socialista Pol Pot intentó que la historia comience con él, destruyó todo lo relacionado a la cultura occidental, desde vehículos hasta equipos médicos, hizo matar a todos los profesionales e intelectuales y enterrar vivos a sus hijos, quemar los libros, confiscar la propiedad privada, convirtiendo al país en un inmenso campo de concentración. El socialismo dice anteponer lo colectivo por sobre lo individual, y usa esto como pretexto para violar derechos humanos como la libertad de expresión y de conciencia. Con el pretexto de proveer educación, impide el libre ejercicio de la educación; con el pretexto de proveer salud, impide el libre ejercicio de la medicina; con el pretexto de construir una sociedad mejor, construye un Estado policiaco y militarista basado en el miedo y la persecución a quienes sean contestatarios al régimen. Por ello, cuando se instaura un régimen socialista o colectivista en una democracia liberal, los derechos humanos pronto empiezan a degradarse. La historia muestra que no existe mucha diferencia entre las dictaduras y los regímenes socialistas en cuanto al respeto y la protección de los derechos humanos.
Santa Cruz de la Sierra, 31/12/10
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sábado, 25 de diciembre de 2010
Liberalismo y derechos humanos
Javier Paz García
En estos tiempos en que el liberalismo ha sido reducido a una doctrina económica (tanto por sus detractores como por muchos de sus promotores), seguramente pocos saben que entre los principales precursores de los derechos humanos están los liberales del siglo XVII y XVIII. Tal vez la figura más importante en este sentido es el filósofo escocés John Locke (1632-1704), considerado el padre del liberalismo.
La historia del ser humano, en su mayor parte, ha sido la historia de los poderosos sirviéndose de los débiles. De los reyes y patrones viviendo a costa de los siervos y esclavos. Son escasos los reyes o príncipes que han gobernado procurando la paz, la tolerancia y el respeto mutuo. Son más abundantes quienes han glorificado las guerras, expandido sus territorios a costa de sangre ajena y han dispuesto de vidas y haciendas sin la menor compasión o respeto por sus súbditos o conquistados. La historia de la libertad, encuentra en John Locke a uno de sus pensadores más importantes, ya que en una época en la cual se creía que los monarcas derivaban su soberanía de Dios y estaban por encima de los demás, el refutó dicho principio y sostuvo la idea de que los hombres son libres e iguales entre sí, que existen ciertos “derechos naturales” que todos los seres humanos poseemos, solo por el hecho de ser seres humanos, y que los gobernantes deben estar al servicio de su pueblo y respetar los derechos de los ciudadanos.
Estas ideas tuvieron una profunda influencia en la revolución americana, a tal punto que podríamos afirmar que la inspiraron. La declaración de independencia de los Estados Unidos escrita en 1776 sostiene que “todos los hombres son creados iguales, que su Creador los ha dotado de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encuentra la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”; conceptos netamente lockeanos. Estos a su vez sirvieron de bases para la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la revolución francesa en 1789 y la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas en 1948.
La lucha por los derechos humanos ha sido y sigue siendo una lucha por poner límites al poder de los Estados sobre los ciudadanos, de los reyes con respecto a sus súbditos, de los poderosos con respecto a los débiles. Por ello desde la concepción liberal, los derechos humanos son derechos negativos, es decir, están definidos por la ausencia de coacción al individuo. Por ejemplo los derechos a la vida y la libertad son derechos negativos, porque obligan al Estado y a la sociedad a respetar ese derecho que tiene cada persona. En este sentido, la palabra “negativo” no tiene un sentido peyorativo o pesimista, sino en el sentido de impedir o limitar la interferencia que puede tener un tercero (el Estado, el rey o una persona X) sobre la libertad del individuo.
Una de las mayores victorias del liberalismo ha sido universalizar el concepto de los derechos humanos como derechos inherentes a todas las personas independientemente de su género, nacionalidad, edad, raza o condición socioeconómica.
Santa Cruz de la Sierra, 23/12/10
http://javierpaz01.blogspot.com
En estos tiempos en que el liberalismo ha sido reducido a una doctrina económica (tanto por sus detractores como por muchos de sus promotores), seguramente pocos saben que entre los principales precursores de los derechos humanos están los liberales del siglo XVII y XVIII. Tal vez la figura más importante en este sentido es el filósofo escocés John Locke (1632-1704), considerado el padre del liberalismo.
La historia del ser humano, en su mayor parte, ha sido la historia de los poderosos sirviéndose de los débiles. De los reyes y patrones viviendo a costa de los siervos y esclavos. Son escasos los reyes o príncipes que han gobernado procurando la paz, la tolerancia y el respeto mutuo. Son más abundantes quienes han glorificado las guerras, expandido sus territorios a costa de sangre ajena y han dispuesto de vidas y haciendas sin la menor compasión o respeto por sus súbditos o conquistados. La historia de la libertad, encuentra en John Locke a uno de sus pensadores más importantes, ya que en una época en la cual se creía que los monarcas derivaban su soberanía de Dios y estaban por encima de los demás, el refutó dicho principio y sostuvo la idea de que los hombres son libres e iguales entre sí, que existen ciertos “derechos naturales” que todos los seres humanos poseemos, solo por el hecho de ser seres humanos, y que los gobernantes deben estar al servicio de su pueblo y respetar los derechos de los ciudadanos.
Estas ideas tuvieron una profunda influencia en la revolución americana, a tal punto que podríamos afirmar que la inspiraron. La declaración de independencia de los Estados Unidos escrita en 1776 sostiene que “todos los hombres son creados iguales, que su Creador los ha dotado de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encuentra la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”; conceptos netamente lockeanos. Estos a su vez sirvieron de bases para la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la revolución francesa en 1789 y la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de Naciones Unidas en 1948.
La lucha por los derechos humanos ha sido y sigue siendo una lucha por poner límites al poder de los Estados sobre los ciudadanos, de los reyes con respecto a sus súbditos, de los poderosos con respecto a los débiles. Por ello desde la concepción liberal, los derechos humanos son derechos negativos, es decir, están definidos por la ausencia de coacción al individuo. Por ejemplo los derechos a la vida y la libertad son derechos negativos, porque obligan al Estado y a la sociedad a respetar ese derecho que tiene cada persona. En este sentido, la palabra “negativo” no tiene un sentido peyorativo o pesimista, sino en el sentido de impedir o limitar la interferencia que puede tener un tercero (el Estado, el rey o una persona X) sobre la libertad del individuo.
Una de las mayores victorias del liberalismo ha sido universalizar el concepto de los derechos humanos como derechos inherentes a todas las personas independientemente de su género, nacionalidad, edad, raza o condición socioeconómica.
Santa Cruz de la Sierra, 23/12/10
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domingo, 19 de diciembre de 2010
Socialismo y crecimiento económico
Javier Paz García
La escritora rusa, nacionalizada norteamericana Ayn Rand (1905-1982), en su extraordinaria novela “la rebelión de Atlas”, narra la historia de una sociedad donde el socialismo y el colectivismo van ganando espacio. Las consecuencias son la parálisis de la producción, de la innovación, del desarrollo y un empobrecimiento moral y económico de la sociedad.
La novela contiene frases memorables como la siguiente: “Cuando vea que se comercia, no por consentimiento sino por compulsión; cuando note que para producir, se requiere el permiso de quienes no producen nada; cuando vea que el dinero fluye hacia aquellos que negocian no bienes, sino favores; cuando vea que los hombres se enriquecen más por peculado y palancas, que por trabajar y que las leyes no lo protegen a usted de ellos, sino a ellos de usted; cuando vea que se recompensa la corrupción, y la honestidad se convierte en auto sacrificio, -puede usted saber que su sociedad está condenada”.
Son impresionantes las similitudes que uno encuentra entre la novela y la realidad de muchos países como Venezuela o Bolivia. Estas similitudes no son coincidencias, antes de emigrar a los Estados Unidos, la autora vivió los inicios de la revolución Bolchevique, el nacimiento de la Unión Soviética y conoció de primera mano la opresión del socialismo (a su padre le expropiaron su farmacia).
Pero sería absurdo argumentar que el socialismo es malo basado en lo que dice una novela, después de todo existe literatura abundante que propugna lo contrario. El test supremo de toda teoría, es la capacidad de predecir resultados; el fin supremo de una doctrina es lograr ciertos objetivos. El socialismo promete una sociedad con justicia, con igualdad, con progreso económico y con hombres felices. Esas son las promesas del socialismo, desde Marx, su más ilustre pensador, hasta los innumerables panfletistas y charlatanes que existen hoy como Fidel Castro, Hugo Chávez o Álvaro García Linera. Sin embargo donde se impone el socialismo sucede todo lo contrario: la justicia degenera en un aparato opresivo y arbitrario manejado al antojo de quienes tienen el poder; existen dos igualdades, la de los que tienen todo, y la de los que no tienen nada; la sociedad se estanca económica y tecnológicamente; y aquellos que no pertenecen a la cúpula del poder (la gran mayoría) viven pobres y frustrados. Esto no es invento, ni es novela, es lo que pasó en la Unión Soviética, en la Alemania comunista, en la Yugoslavia de Tito, la China de Mao, la Camboya de Pot Pol, la Cuba de Fidel y es lo que está empezando a suceder en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Cuando comparamos el discurso socialista con la realidad, cuando comparamos las promesas del socialismo con sus resultados vemos que existe una distancia abismal y por ello debemos concluir que el socialismo es un fracaso, un fracaso muy costoso.
Santa Cruz de la Sierra, 18/12/10
http://javierpaz01.blogspot.com/
La escritora rusa, nacionalizada norteamericana Ayn Rand (1905-1982), en su extraordinaria novela “la rebelión de Atlas”, narra la historia de una sociedad donde el socialismo y el colectivismo van ganando espacio. Las consecuencias son la parálisis de la producción, de la innovación, del desarrollo y un empobrecimiento moral y económico de la sociedad.
La novela contiene frases memorables como la siguiente: “Cuando vea que se comercia, no por consentimiento sino por compulsión; cuando note que para producir, se requiere el permiso de quienes no producen nada; cuando vea que el dinero fluye hacia aquellos que negocian no bienes, sino favores; cuando vea que los hombres se enriquecen más por peculado y palancas, que por trabajar y que las leyes no lo protegen a usted de ellos, sino a ellos de usted; cuando vea que se recompensa la corrupción, y la honestidad se convierte en auto sacrificio, -puede usted saber que su sociedad está condenada”.
Son impresionantes las similitudes que uno encuentra entre la novela y la realidad de muchos países como Venezuela o Bolivia. Estas similitudes no son coincidencias, antes de emigrar a los Estados Unidos, la autora vivió los inicios de la revolución Bolchevique, el nacimiento de la Unión Soviética y conoció de primera mano la opresión del socialismo (a su padre le expropiaron su farmacia).
Pero sería absurdo argumentar que el socialismo es malo basado en lo que dice una novela, después de todo existe literatura abundante que propugna lo contrario. El test supremo de toda teoría, es la capacidad de predecir resultados; el fin supremo de una doctrina es lograr ciertos objetivos. El socialismo promete una sociedad con justicia, con igualdad, con progreso económico y con hombres felices. Esas son las promesas del socialismo, desde Marx, su más ilustre pensador, hasta los innumerables panfletistas y charlatanes que existen hoy como Fidel Castro, Hugo Chávez o Álvaro García Linera. Sin embargo donde se impone el socialismo sucede todo lo contrario: la justicia degenera en un aparato opresivo y arbitrario manejado al antojo de quienes tienen el poder; existen dos igualdades, la de los que tienen todo, y la de los que no tienen nada; la sociedad se estanca económica y tecnológicamente; y aquellos que no pertenecen a la cúpula del poder (la gran mayoría) viven pobres y frustrados. Esto no es invento, ni es novela, es lo que pasó en la Unión Soviética, en la Alemania comunista, en la Yugoslavia de Tito, la China de Mao, la Camboya de Pot Pol, la Cuba de Fidel y es lo que está empezando a suceder en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Cuando comparamos el discurso socialista con la realidad, cuando comparamos las promesas del socialismo con sus resultados vemos que existe una distancia abismal y por ello debemos concluir que el socialismo es un fracaso, un fracaso muy costoso.
Santa Cruz de la Sierra, 18/12/10
http://javierpaz01.blogspot.com/
viernes, 10 de diciembre de 2010
Liberalismo y crecimiento económico
Javier Paz García
Solo basta ver cualquier índice de desarrollo económico para constatar que los países donde existen democracias liberales, donde hay respeto y protección a la propiedad privada, donde se permite funcionar a los mercados, donde las leyes se cumplen y donde el Estado tiene un rol limitado en la economía, son los países con mayor desarrollo económico. Por el contrario, los países cuyos gobiernos pretenden manejar la economía, “planificar” el crecimiento económico, controlar los precios, intervenir los mercados, crear Estados de bienestar, son precisamente los países más pobres, con niveles inferiores de crecimiento económico y donde gran parte de la población pasa hambre y penurias.
Esta constatación empírica se ha producido a lo largo del tiempo, con diferentes culturas, razas o condiciones geográficas. Hay algunos casos que se asemejan a experimentos de laboratorio. Por ejemplo, Alemania luego de la 2da guerra mundial, fue dividida en dos. Antes de la división en ambas partes existían condiciones similares en cuanto a raza, cultura, nivel de educación, recursos naturales, ingresos per cápita, etc. Sin embargo para 1989 cuando las dos Alemanias se unificaron, la parte oriental, que había adoptado el comunismo, estaba mucho menos desarrollada que la parte occidental, mucho más pobre. Corea es otro caso de laboratorio, un solo país con la misma cultura, mismo nivel de educación y similares recursos naturales, luego de una guerra se dividió en dos. Hoy Corea del Norte (comunista) es uno de los países más pobres del mundo, su gobierno prefiere invertir en armas que en educación o salud y su gente se muere de hambre. Por el contrario Corea del Sur que abrazó el capitalismo, tiene ingresos per cápita similares a los europeos, produce y exporta de todo, ha sido sede de los Juegos Olímpicos y de un mundial de fútbol y ha sacado de la pobreza a millones de sus habitantes. Un ejemplo de cambios a través del tiempo es Argentina donde en el siglo XIX, bajo un régimen liberal era un país de primer mundo, más avanzado que Europa, tanto así que atraía migrantes del viejo continente. El siglo XX le trajo a esta nación peronismo, populismo y demagogia, con lo cual decayó hasta ser una más de las mediocres naciones sudamericanas; hoy continúa orgullosamente por ese camino.
Andrés Oppenheimer en su libro “Cuentos Chinos” nos presenta ejemplos de lo contrario, con países como China, Irlanda, o los tigres asiáticos, que siendo pobres, adoptaron medidas de apertura de sus economías junto con políticas públicas responsables y consecuentemente experimentaron niveles de crecimiento económico que parecerían imposibles de alcanzar. Esto va más allá de ideologías, dogmatismos o teorías, sino que son hechos empíricos verificados innumerables veces y que muestran con bastante certeza que existen recetas favorecen el crecimiento económico y otras que lo retardan. Los gobiernos inteligentes y verdaderamente preocupados por su gente deberían seguir los ejemplos de los países exitosos. Hacer lo contrario demuestra ignorancia o desinterés por el bienestar del pueblo.
Santa Cruz de la Sierra, 10/12/10
http://javierpaz01.blogspot.com/
Solo basta ver cualquier índice de desarrollo económico para constatar que los países donde existen democracias liberales, donde hay respeto y protección a la propiedad privada, donde se permite funcionar a los mercados, donde las leyes se cumplen y donde el Estado tiene un rol limitado en la economía, son los países con mayor desarrollo económico. Por el contrario, los países cuyos gobiernos pretenden manejar la economía, “planificar” el crecimiento económico, controlar los precios, intervenir los mercados, crear Estados de bienestar, son precisamente los países más pobres, con niveles inferiores de crecimiento económico y donde gran parte de la población pasa hambre y penurias.
Esta constatación empírica se ha producido a lo largo del tiempo, con diferentes culturas, razas o condiciones geográficas. Hay algunos casos que se asemejan a experimentos de laboratorio. Por ejemplo, Alemania luego de la 2da guerra mundial, fue dividida en dos. Antes de la división en ambas partes existían condiciones similares en cuanto a raza, cultura, nivel de educación, recursos naturales, ingresos per cápita, etc. Sin embargo para 1989 cuando las dos Alemanias se unificaron, la parte oriental, que había adoptado el comunismo, estaba mucho menos desarrollada que la parte occidental, mucho más pobre. Corea es otro caso de laboratorio, un solo país con la misma cultura, mismo nivel de educación y similares recursos naturales, luego de una guerra se dividió en dos. Hoy Corea del Norte (comunista) es uno de los países más pobres del mundo, su gobierno prefiere invertir en armas que en educación o salud y su gente se muere de hambre. Por el contrario Corea del Sur que abrazó el capitalismo, tiene ingresos per cápita similares a los europeos, produce y exporta de todo, ha sido sede de los Juegos Olímpicos y de un mundial de fútbol y ha sacado de la pobreza a millones de sus habitantes. Un ejemplo de cambios a través del tiempo es Argentina donde en el siglo XIX, bajo un régimen liberal era un país de primer mundo, más avanzado que Europa, tanto así que atraía migrantes del viejo continente. El siglo XX le trajo a esta nación peronismo, populismo y demagogia, con lo cual decayó hasta ser una más de las mediocres naciones sudamericanas; hoy continúa orgullosamente por ese camino.
Andrés Oppenheimer en su libro “Cuentos Chinos” nos presenta ejemplos de lo contrario, con países como China, Irlanda, o los tigres asiáticos, que siendo pobres, adoptaron medidas de apertura de sus economías junto con políticas públicas responsables y consecuentemente experimentaron niveles de crecimiento económico que parecerían imposibles de alcanzar. Esto va más allá de ideologías, dogmatismos o teorías, sino que son hechos empíricos verificados innumerables veces y que muestran con bastante certeza que existen recetas favorecen el crecimiento económico y otras que lo retardan. Los gobiernos inteligentes y verdaderamente preocupados por su gente deberían seguir los ejemplos de los países exitosos. Hacer lo contrario demuestra ignorancia o desinterés por el bienestar del pueblo.
Santa Cruz de la Sierra, 10/12/10
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Socialismo y libertad de prensa
Javier Paz García
El socialismo es la imposición de un pensamiento único, es la transferencia usurpadora de la soberanía de un pueblo hacia un grupo de planificadores con delirio de omnipotencia y omnisciencia. No es por lo tanto extraño que el socialismo en general antagonice con la prensa independiente. El socialismo es el control y la planificación centralizada de un país. ¿Por qué vamos a suponer que la prensa vaya a quedar fuera de la planificación y el control socialista? El socialismo es la abolición de la propiedad privada, acción que se da gradualmente. Y si un requisito para crear medios independientes es la propiedad privada, ¿por qué vamos a suponer que el socialismo no vaya a abolir a los medios gradualmente?
La Unión Soviética solo tenía medios estatales, tan serviles al régimen como lo es la prensa cubana del régimen castrista. La prensa independiente, aquella que no depende del Estado es la única capaz de criticarlo. No podemos esperar que el periódico Gramma de Cuba critique a Fidel o a Raul Castro como lo hacen con los presidentes norteamericanos medios como CNN, el New York Times, el Washington Post, Fox News, el Wall Street Journal, el Miami Herald o cientos otros. La prensa estatizada, deja de ser prensa y se convierte en propaganda. En China incluso el internet está regulado, y los propios chinos no pueden averiguar en Google que pasó en la masacre de Tiananmen en 1989. En Venezuela y Bolivia los canales estatales son ejemplo de servilismo y lisonja hacia sus respectivos Jefes de Estado, esperar una crítica seria de estos canales es una utopía.
Pero incluso para los socialistas es políticamente dificultoso pronunciarse contrarios a la libertad de prensa. Por eso eligen un lenguaje engañoso que los permita controlarla y limitarla, aduciendo otras razones más nobles. Hablan por ejemplo de democratizar los medios, como lo hizo Cristina Kirchner en Argentina; luchar contra el golpismo y la oligarquía, como arguyó Hugo Chávez en Venezuela para cerrar RCTV; cobrar deudas, como lo hizo Rafael Correa para apropiarse de varios medios en Ecuador; o luchar contra el racismo, como lo hizo Evo Morales en Bolivia.
Como dijo acertadamente Mario Vargas Llosa: “Cada vez que los gobernantes han hablado de democratizar los medios, la libertad de expresión ha entrado en receso y ha desaparecido. Lo que necesitamos es que haya libertad para que proliferen los medios de comunicación independientes. Los medios se democratizan solos. Cuando hay libertad, hay órganos que expresan distintos puntos de vista, que compiten entre ellos, que defienden opciones diferentes. Eso es la democratización.” Una prensa libre, controla y fiscaliza a los gobernantes. Eso es molesto para cualquier gobernante, pero es insoportable para un socialista, que busca, como lo dijo el ex-guerrillero y actual vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, “el poder total: político, económico y cultural”.
Santa Cruz de la Sierra, 19/10/10
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El socialismo es la imposición de un pensamiento único, es la transferencia usurpadora de la soberanía de un pueblo hacia un grupo de planificadores con delirio de omnipotencia y omnisciencia. No es por lo tanto extraño que el socialismo en general antagonice con la prensa independiente. El socialismo es el control y la planificación centralizada de un país. ¿Por qué vamos a suponer que la prensa vaya a quedar fuera de la planificación y el control socialista? El socialismo es la abolición de la propiedad privada, acción que se da gradualmente. Y si un requisito para crear medios independientes es la propiedad privada, ¿por qué vamos a suponer que el socialismo no vaya a abolir a los medios gradualmente?
La Unión Soviética solo tenía medios estatales, tan serviles al régimen como lo es la prensa cubana del régimen castrista. La prensa independiente, aquella que no depende del Estado es la única capaz de criticarlo. No podemos esperar que el periódico Gramma de Cuba critique a Fidel o a Raul Castro como lo hacen con los presidentes norteamericanos medios como CNN, el New York Times, el Washington Post, Fox News, el Wall Street Journal, el Miami Herald o cientos otros. La prensa estatizada, deja de ser prensa y se convierte en propaganda. En China incluso el internet está regulado, y los propios chinos no pueden averiguar en Google que pasó en la masacre de Tiananmen en 1989. En Venezuela y Bolivia los canales estatales son ejemplo de servilismo y lisonja hacia sus respectivos Jefes de Estado, esperar una crítica seria de estos canales es una utopía.
Pero incluso para los socialistas es políticamente dificultoso pronunciarse contrarios a la libertad de prensa. Por eso eligen un lenguaje engañoso que los permita controlarla y limitarla, aduciendo otras razones más nobles. Hablan por ejemplo de democratizar los medios, como lo hizo Cristina Kirchner en Argentina; luchar contra el golpismo y la oligarquía, como arguyó Hugo Chávez en Venezuela para cerrar RCTV; cobrar deudas, como lo hizo Rafael Correa para apropiarse de varios medios en Ecuador; o luchar contra el racismo, como lo hizo Evo Morales en Bolivia.
Como dijo acertadamente Mario Vargas Llosa: “Cada vez que los gobernantes han hablado de democratizar los medios, la libertad de expresión ha entrado en receso y ha desaparecido. Lo que necesitamos es que haya libertad para que proliferen los medios de comunicación independientes. Los medios se democratizan solos. Cuando hay libertad, hay órganos que expresan distintos puntos de vista, que compiten entre ellos, que defienden opciones diferentes. Eso es la democratización.” Una prensa libre, controla y fiscaliza a los gobernantes. Eso es molesto para cualquier gobernante, pero es insoportable para un socialista, que busca, como lo dijo el ex-guerrillero y actual vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, “el poder total: político, económico y cultural”.
Santa Cruz de la Sierra, 19/10/10
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Liberalismo y libertad de prensa
Javier Paz García
La posición del liberalismo con respecto a la libertad de prensa es indiscutiblemente a favor de la misma. El liberal es por definición un defensor de la libertad de expresión y de prensa.
Sin embargo, una crítica recurrente contra el liberalismo es que al estar los medios de comunicación en manos privadas, responden a intereses particulares, los periodistas reciben presiones de los propietarios y que por tanto en el sistema capitalista no puede haber una verdadera libertad de prensa.
Este es un ejemplo de razonamiento defectuoso e incompleto. Las dos premisas son verdaderas: 1) los medios están en manos privadas y 2) los propietarios ejercen presiones sobre los periodistas. Sin embargo la conclusión de que no existe libertad de prensa es falsa. La razón es la competencia. Un régimen de libertad económica y política genera una diversidad de medios de comunicación representando diferentes enfoques y visiones políticas. Esta variedad, que solo es posible bajo un régimen de propiedad privada, limita o torna ineficaz los intentos de cualquier persona o grupo de interés por controlar la información. La premisa de que la propiedad privada de los medios de comunicación limita la libertad de expresión o de la prensa solo podría ser cierta si todos los medios estuvieran en manos de una persona, de un cartel o de un gobierno. Además, las nuevas tecnologías hacen que la comunicación sea cada vez más barata y accesible, haciendo aun más difícil que los propietarios de medios intenten acciones monopólicas de la información. Hoy cualquiera puede crear un blog, grabar con su celular, subir un video a Youtube y difundir sus ideas a nivel mundial prácticamente sin ningún costo.
En un régimen liberal, el periodista que recibe presiones del propietario del medio en el que trabaja, para que publique o deje de publicar algo, tiene opciones para trabajar en otro medio de la competencia. Para cada escándalo o acto delictivo que un propietario de medio quiera ocultar, habrá una multitud de medios alternativos dispuestos a publicar. En un régimen socialista donde la prensa está en manos del Estado, el periodismo no tiene esta posibilidad y el periodista no tiene más alternativa que convertirse en un vasallo. Por lo tanto, no solo el argumento de que la propiedad privada de los medios de comunicación restringe la libre expresión es falsa, sino también que la alternativa – los medios de comunicación controlados por el Estado – es peor.
Además, la libre competencia, que surge como consecuencia de la propiedad privada de los medios de comunicación, obliga a los mismos a buscar a los mejores periodistas, permite el contraste y la verificación de las noticias, genera pluralidad de visiones y reduce la manipulación de la información.
En los hechos, la prensa más independiente, profesional y plural se ha desarrollado en los países donde el Estado respeta y protege la propiedad privada y donde está restringido de interferir en la libertad de expresión y de la prensa.
Santa Cruz de la Sierra, 17/10/10
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La posición del liberalismo con respecto a la libertad de prensa es indiscutiblemente a favor de la misma. El liberal es por definición un defensor de la libertad de expresión y de prensa.
Sin embargo, una crítica recurrente contra el liberalismo es que al estar los medios de comunicación en manos privadas, responden a intereses particulares, los periodistas reciben presiones de los propietarios y que por tanto en el sistema capitalista no puede haber una verdadera libertad de prensa.
Este es un ejemplo de razonamiento defectuoso e incompleto. Las dos premisas son verdaderas: 1) los medios están en manos privadas y 2) los propietarios ejercen presiones sobre los periodistas. Sin embargo la conclusión de que no existe libertad de prensa es falsa. La razón es la competencia. Un régimen de libertad económica y política genera una diversidad de medios de comunicación representando diferentes enfoques y visiones políticas. Esta variedad, que solo es posible bajo un régimen de propiedad privada, limita o torna ineficaz los intentos de cualquier persona o grupo de interés por controlar la información. La premisa de que la propiedad privada de los medios de comunicación limita la libertad de expresión o de la prensa solo podría ser cierta si todos los medios estuvieran en manos de una persona, de un cartel o de un gobierno. Además, las nuevas tecnologías hacen que la comunicación sea cada vez más barata y accesible, haciendo aun más difícil que los propietarios de medios intenten acciones monopólicas de la información. Hoy cualquiera puede crear un blog, grabar con su celular, subir un video a Youtube y difundir sus ideas a nivel mundial prácticamente sin ningún costo.
En un régimen liberal, el periodista que recibe presiones del propietario del medio en el que trabaja, para que publique o deje de publicar algo, tiene opciones para trabajar en otro medio de la competencia. Para cada escándalo o acto delictivo que un propietario de medio quiera ocultar, habrá una multitud de medios alternativos dispuestos a publicar. En un régimen socialista donde la prensa está en manos del Estado, el periodismo no tiene esta posibilidad y el periodista no tiene más alternativa que convertirse en un vasallo. Por lo tanto, no solo el argumento de que la propiedad privada de los medios de comunicación restringe la libre expresión es falsa, sino también que la alternativa – los medios de comunicación controlados por el Estado – es peor.
Además, la libre competencia, que surge como consecuencia de la propiedad privada de los medios de comunicación, obliga a los mismos a buscar a los mejores periodistas, permite el contraste y la verificación de las noticias, genera pluralidad de visiones y reduce la manipulación de la información.
En los hechos, la prensa más independiente, profesional y plural se ha desarrollado en los países donde el Estado respeta y protege la propiedad privada y donde está restringido de interferir en la libertad de expresión y de la prensa.
Santa Cruz de la Sierra, 17/10/10
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sábado, 13 de noviembre de 2010
La tolerancia: fundamento de una sociedad libre y pacífica
Javier Paz García
El ser humano por naturaleza busca vivir en sociedad, es decir convivir e interactuar con miles de personas conocidas y desconocidas. Para que esta convivencia sea pacífica, armoniosa y beneficiosa, es necesario que los miembros de la sociedad acuerden y cumplan ciertas normas mínimas de convivencia y respeten la vida y la propiedad ajena. Recalco que las normas de convivencias deben ser mínimas. ¿Por qué? Imaginemos el caso opuesto. Imaginemos que las normas de una sociedad se elaboran de acuerdo a lo que cada miembro considera correcto, justo o necesario. Imaginemos que cada individuo tiene derecho en esta sociedad hipotética, a prohibir lo que considera desagradable o inapropiado. En este caso, habrá alguien que considere necesario prohibir el homosexualismo. Otro dirá que las mujeres deben andar con burka y encerradas en la cocina. Habrá quien considere que los autos deportivos son un insulto a la pobreza y propondrá su prohibición. Una mujer que no le gusta que su marido se pase los domingos mirando fútbol en la tele podría proponer que el domingo los canales obligatoriamente tengan que pasar 24 horas de música clásica. Algún puritano razonará que las novelas corrompen a la sociedad y también hay que prohibirlas. Los abstemios propondrán que se prohíba el consumo de bebidas alcohólicas; los mormones el consumo de café. Con seguridad estarán prohibidos el boxeo, el automovilismo porque alguien los consideró muy peligrosos; el ajedrez porque otro pensó que es una pérdida de tiempo. No habrá desfiles de modelos ni propagandas provocadoras. No faltará uno que prohíba la música en inglés por ser capitalista y antirrevolucionaria y otro que prohíba a Silvio Rodríguez y Mercedes Sosa por considerarlos anticapitalistas y revolucionarios. La lista de libros prohibidos será abundante, la libertad de opinión y de acción será escasa. Un cristiano prohibirá que se nombre a Darwin en los colegios y un ateo que se nombre a Dios.
Es evidente que una sociedad así sería insoportable para todos. La imposición de pensamiento de un sector de la sociedad genera el rechazo de otros sectores. El intento de imponerse sobre otros es la marca de la barbarie; la capacidad de convivencia entre quienes piensan diferente es la marca característica de la civilización y el progreso. Por ello, para construir una sociedad pacífica, es necesario que sus miembros practiquen la tolerancia; que cada uno, antes de pensar en prohibir aquello que le desagrada, se pregunte si tiene el derecho a restringir la libertad de otro ser humano. Practicar la tolerancia consiste precisamente en convivir con aspectos desagradables de otros seres humanos.
Aprender a aceptar a otros es también una manera de evitar los totalitarismos y proteger la libertad individual. Aquellos que predican la intolerancia, cercenan la libertad de otros… eventualmente pueden terminar atentando contra su propia libertad.
Santa Cruz de la Sierra, 12/11/10
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El ser humano por naturaleza busca vivir en sociedad, es decir convivir e interactuar con miles de personas conocidas y desconocidas. Para que esta convivencia sea pacífica, armoniosa y beneficiosa, es necesario que los miembros de la sociedad acuerden y cumplan ciertas normas mínimas de convivencia y respeten la vida y la propiedad ajena. Recalco que las normas de convivencias deben ser mínimas. ¿Por qué? Imaginemos el caso opuesto. Imaginemos que las normas de una sociedad se elaboran de acuerdo a lo que cada miembro considera correcto, justo o necesario. Imaginemos que cada individuo tiene derecho en esta sociedad hipotética, a prohibir lo que considera desagradable o inapropiado. En este caso, habrá alguien que considere necesario prohibir el homosexualismo. Otro dirá que las mujeres deben andar con burka y encerradas en la cocina. Habrá quien considere que los autos deportivos son un insulto a la pobreza y propondrá su prohibición. Una mujer que no le gusta que su marido se pase los domingos mirando fútbol en la tele podría proponer que el domingo los canales obligatoriamente tengan que pasar 24 horas de música clásica. Algún puritano razonará que las novelas corrompen a la sociedad y también hay que prohibirlas. Los abstemios propondrán que se prohíba el consumo de bebidas alcohólicas; los mormones el consumo de café. Con seguridad estarán prohibidos el boxeo, el automovilismo porque alguien los consideró muy peligrosos; el ajedrez porque otro pensó que es una pérdida de tiempo. No habrá desfiles de modelos ni propagandas provocadoras. No faltará uno que prohíba la música en inglés por ser capitalista y antirrevolucionaria y otro que prohíba a Silvio Rodríguez y Mercedes Sosa por considerarlos anticapitalistas y revolucionarios. La lista de libros prohibidos será abundante, la libertad de opinión y de acción será escasa. Un cristiano prohibirá que se nombre a Darwin en los colegios y un ateo que se nombre a Dios.
Es evidente que una sociedad así sería insoportable para todos. La imposición de pensamiento de un sector de la sociedad genera el rechazo de otros sectores. El intento de imponerse sobre otros es la marca de la barbarie; la capacidad de convivencia entre quienes piensan diferente es la marca característica de la civilización y el progreso. Por ello, para construir una sociedad pacífica, es necesario que sus miembros practiquen la tolerancia; que cada uno, antes de pensar en prohibir aquello que le desagrada, se pregunte si tiene el derecho a restringir la libertad de otro ser humano. Practicar la tolerancia consiste precisamente en convivir con aspectos desagradables de otros seres humanos.
Aprender a aceptar a otros es también una manera de evitar los totalitarismos y proteger la libertad individual. Aquellos que predican la intolerancia, cercenan la libertad de otros… eventualmente pueden terminar atentando contra su propia libertad.
Santa Cruz de la Sierra, 12/11/10
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Socialismo y tolerancia
Javier Paz García
El socialismo es una doctrina de pensamiento único, por lo tanto es contrario a la práctica de la tolerancia. El debate, el intercambio de ideas, las transiciones pacíficas del poder político y la tolerancia a quien piensa diferente no son parte de la hermenéutica socialista. El socialismo es una doctrina de poder y de imposición de pensamiento donde no hay espacio para el disenso. Para el socialista la tolerancia es debilidad, por lo tanto, los regímenes socialistas toleran aquello que, por falta de poder o apoyo popular, no pueden destruir. La aceptación de puntos de vista diferentes está dada por consideraciones tácticas para los fines de la toma y el mantenimiento del poder y no como una constante.
Por citar algunos ejemplos, Lenin prohibió la religión en la Unión Soviética y Stalin cometió un sinfín de atrocidades contra los disidentes. El partido nacional-socialista alemán (nazi) mató a millones de judíos, homosexuales y gitanos. La Cuba de Fidel Castro persiguió a los homosexuales. China tiene encarcelados a cientos de disidentes cuyo único crimen es pensar diferente al régimen, entre ellos a Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz. Y por supuesto en todos los regímenes socialistas se restringe la libertad de expresión y de prensa, lo cual evidencia la intolerancia al disenso que existe en estos regímenes. No es infrecuente escuchar sobre quema de libros en estos países.
El odio hacia ciertos grupos, sean los ricos, los blancos, los negros, los extranjeros, los homosexuales, etc. es una plataforma frecuentemente utilizada por líderes socialistas para lograr el apoyo de las masas. El odio hacia ciertos grupos antagónicos al partido es parte fundamental del adoctrinamiento que realizan. Inventar culpables de la pobreza y el subdesarrollo, sea la oligarquía, los judíos o el imperialismo norteamericano, es una constante de los partidos socialistas. Esta visión miope y resentida de la realidad no les permite más que plantear soluciones que requieren la destrucción de ciertos grupos de la sociedad… soluciones que requieren la intolerancia contra el oponente.
El paramilitarismo y la violencia son también estrategias frecuentes de los regímenes socialistas. Hitler y su nacional-socialismo tenían sus temidas SA y SS. Ejemplos contemporáneos son las milicias y movimientos sociales creados por Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia que han servido como grupos de choques para amedrentar a opositores, asediar Parlamentos, patear periodistas y cometer tropelías contrarias a un clima de paz y tolerancia.
La tolerancia consiste en aceptar y respetar a quien piensa diferente a uno. El socialismo predica y practica la aniquilación de quienes piensan diferente a los socialistas. Por ello, no es coincidencia, que donde surge un régimen socialista, se exacerban las tensiones en la sociedad y aumenta la violencia.
Santa Cruz de la Sierra, 11/10/10
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El socialismo es una doctrina de pensamiento único, por lo tanto es contrario a la práctica de la tolerancia. El debate, el intercambio de ideas, las transiciones pacíficas del poder político y la tolerancia a quien piensa diferente no son parte de la hermenéutica socialista. El socialismo es una doctrina de poder y de imposición de pensamiento donde no hay espacio para el disenso. Para el socialista la tolerancia es debilidad, por lo tanto, los regímenes socialistas toleran aquello que, por falta de poder o apoyo popular, no pueden destruir. La aceptación de puntos de vista diferentes está dada por consideraciones tácticas para los fines de la toma y el mantenimiento del poder y no como una constante.
Por citar algunos ejemplos, Lenin prohibió la religión en la Unión Soviética y Stalin cometió un sinfín de atrocidades contra los disidentes. El partido nacional-socialista alemán (nazi) mató a millones de judíos, homosexuales y gitanos. La Cuba de Fidel Castro persiguió a los homosexuales. China tiene encarcelados a cientos de disidentes cuyo único crimen es pensar diferente al régimen, entre ellos a Liu Xiaobo, Premio Nobel de la Paz. Y por supuesto en todos los regímenes socialistas se restringe la libertad de expresión y de prensa, lo cual evidencia la intolerancia al disenso que existe en estos regímenes. No es infrecuente escuchar sobre quema de libros en estos países.
El odio hacia ciertos grupos, sean los ricos, los blancos, los negros, los extranjeros, los homosexuales, etc. es una plataforma frecuentemente utilizada por líderes socialistas para lograr el apoyo de las masas. El odio hacia ciertos grupos antagónicos al partido es parte fundamental del adoctrinamiento que realizan. Inventar culpables de la pobreza y el subdesarrollo, sea la oligarquía, los judíos o el imperialismo norteamericano, es una constante de los partidos socialistas. Esta visión miope y resentida de la realidad no les permite más que plantear soluciones que requieren la destrucción de ciertos grupos de la sociedad… soluciones que requieren la intolerancia contra el oponente.
El paramilitarismo y la violencia son también estrategias frecuentes de los regímenes socialistas. Hitler y su nacional-socialismo tenían sus temidas SA y SS. Ejemplos contemporáneos son las milicias y movimientos sociales creados por Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia que han servido como grupos de choques para amedrentar a opositores, asediar Parlamentos, patear periodistas y cometer tropelías contrarias a un clima de paz y tolerancia.
La tolerancia consiste en aceptar y respetar a quien piensa diferente a uno. El socialismo predica y practica la aniquilación de quienes piensan diferente a los socialistas. Por ello, no es coincidencia, que donde surge un régimen socialista, se exacerban las tensiones en la sociedad y aumenta la violencia.
Santa Cruz de la Sierra, 11/10/10
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martes, 2 de noviembre de 2010
Liberalismo y tolerancia
Javier Paz García
Uno de los temas más importantes de la doctrina liberal es la tolerancia como práctica indispensable para preservar la paz. El escocés John Locke (1632-1704) escribió amplios ensayos promoviendo la tolerancia religiosa en tiempos en los cuales no practicar la religión oficial podía significar la muerte. Este filósofo tuvo una influencia decisiva en los fundadores de los Estados Unidos quienes, para evitar las guerras religiosas europeas, constitucionalizaron la libertad de culto en su nación. A su vez, la constitución estadounidense influenció en prácticamente todas las constituciones posteriores del mundo occidental.
El premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa dijo que el liberalismo “es tolerancia y respeto a los demás y, principalmente, a quien piensa distinto de nosotros, practica otras costumbres y adora otro dios o es un incrédulo. Aceptar esa coexistencia con el que es distinto ha sido el paso más extraordinario dado por los seres humanos en el camino de la civilización, una actitud o disposición que precedió a la democracia y la hizo posible y contribuyó más que ningún descubrimiento científico o sistema filosófico a atenuar la violencia y el instinto de dominio y de muerte en las relaciones humanas.” (Discurso pronunciado al recibir el premio Irving Kristol otorgado por el Instituto American Enterprise).
Una de las más nefastas actitudes humanas es la de condenar, castigar y prohibir aquello que no es de nuestro agrado. Al respecto, probablemente todos los seres humanos pecamos de intolerantes. El fundamentalismo religioso, el racismo, la xenofobia, la homofobia, son algunas formas de intolerancia. Aceptar la convivencia con quienes piensan diferente es una de las cosas más difíciles para los seres humanos; sin embargo es fundamental para la convivencia pacífica.
El liberal debe evitar la reacción común en los seres humanos, de condenar y prohibir todo aquello que no es del agrado de cada uno. La tendencia a imponer la intolerancia mediante leyes se la puede ver en la prohibición de la burka en Francia, el movimiento anti inmigratorio en los Estados Unidos, hasta cosas más triviales como llamados a acabar con los desfiles de modelos en Bolivia. El liberalismo ve en estas manifestaciones de intolerancia, atisbos de totalitarismo. Precisamente los totalitarismos se caracterizan por buscar sociedades homogéneas, donde la libertad está supeditada a la visión única que tengan los caudillos sobre la moral y la ética.
El liberalismo es el triunfo de la libertad humana, y esto implica el compromiso de respetar lo que piensen o practiquen otros. No puede existir paz y libertad en una sociedad, si sus miembros no practican la tolerancia.
Santa Cruz de la Sierra 10/10/10
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Uno de los temas más importantes de la doctrina liberal es la tolerancia como práctica indispensable para preservar la paz. El escocés John Locke (1632-1704) escribió amplios ensayos promoviendo la tolerancia religiosa en tiempos en los cuales no practicar la religión oficial podía significar la muerte. Este filósofo tuvo una influencia decisiva en los fundadores de los Estados Unidos quienes, para evitar las guerras religiosas europeas, constitucionalizaron la libertad de culto en su nación. A su vez, la constitución estadounidense influenció en prácticamente todas las constituciones posteriores del mundo occidental.
El premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa dijo que el liberalismo “es tolerancia y respeto a los demás y, principalmente, a quien piensa distinto de nosotros, practica otras costumbres y adora otro dios o es un incrédulo. Aceptar esa coexistencia con el que es distinto ha sido el paso más extraordinario dado por los seres humanos en el camino de la civilización, una actitud o disposición que precedió a la democracia y la hizo posible y contribuyó más que ningún descubrimiento científico o sistema filosófico a atenuar la violencia y el instinto de dominio y de muerte en las relaciones humanas.” (Discurso pronunciado al recibir el premio Irving Kristol otorgado por el Instituto American Enterprise).
Una de las más nefastas actitudes humanas es la de condenar, castigar y prohibir aquello que no es de nuestro agrado. Al respecto, probablemente todos los seres humanos pecamos de intolerantes. El fundamentalismo religioso, el racismo, la xenofobia, la homofobia, son algunas formas de intolerancia. Aceptar la convivencia con quienes piensan diferente es una de las cosas más difíciles para los seres humanos; sin embargo es fundamental para la convivencia pacífica.
El liberal debe evitar la reacción común en los seres humanos, de condenar y prohibir todo aquello que no es del agrado de cada uno. La tendencia a imponer la intolerancia mediante leyes se la puede ver en la prohibición de la burka en Francia, el movimiento anti inmigratorio en los Estados Unidos, hasta cosas más triviales como llamados a acabar con los desfiles de modelos en Bolivia. El liberalismo ve en estas manifestaciones de intolerancia, atisbos de totalitarismo. Precisamente los totalitarismos se caracterizan por buscar sociedades homogéneas, donde la libertad está supeditada a la visión única que tengan los caudillos sobre la moral y la ética.
El liberalismo es el triunfo de la libertad humana, y esto implica el compromiso de respetar lo que piensen o practiquen otros. No puede existir paz y libertad en una sociedad, si sus miembros no practican la tolerancia.
Santa Cruz de la Sierra 10/10/10
http://javierpaz01.blogspot.com/
jueves, 28 de octubre de 2010
Socialismo y solidaridad
Javier Paz García
Aristóteles escribió que “la mayor satisfacción está en hacer el bien o prestar un servicio a los amigos, invitados o compañeros, lo cual solo es posible cuando una persona posee propiedad privada” (La Política, 1263b5). El socialismo, al eliminar o restringir la propiedad privada, reduce a su mínima expresión la capacidad del ser humano para practicar la solidaridad. Aristóteles entendió esto hace 2300 años. Y la evidencia de esta afirmación la podemos constatar mirando las instituciones solidarias que se han creado en países capitalistas como Estados Unidos, Suiza o Inglaterra en comparación a países socialistas como Cuba o la Unión Soviética. Existen millones de organizaciones no gubernamentales, empresas privadas y personas particulares que gracias a la riqueza generada en sistemas capitalistas realizan fabulosas labores de beneficencia y solidaridad. El sistema capitalista tiene además el mérito de sacar a muchos de la pobreza y crear mucha riqueza, por lo tanto las instituciones de beneficencia en los países capitalistas pueden captar muchos recursos y repartirlos entre relativamente pocos necesitados. El socialismo genera e incrementa la pobreza de una sociedad, haciendo que haya poco que repartir entre muchos comensales.
El defensor del socialismo refutará a Aristóteles afirmando que el Estado socialista se encarga de la solidaridad. Nuevamente no necesitamos más que ver a Cuba o la Unión Soviética para comprobar que su solidaridad ha consistido en apoyar a regímenes opresores alrededor del mundo. Ha tenido mucha solidaridad también para con los líderes del régimen quienes han vivido una vida de lujos mientras sus pueblos se han hundido en la pobreza; Fidel Castro es dueño de una isla, como Stalin fue dueño del país más extenso del mundo.
El socialismo reduce la solidaridad porque cuando todos viven en la miseria material, es más difícil pensar en el prójimo; reduce la solidaridad porque uno no puede donar lo que no tiene o no le sobra; desincentiva la solidaridad porque le quita a sus habitantes los medios para practicarla, además de prometerles que el Estado se hará cargo de los necesitados – algo que nunca sucede.
Por otro lado el socialismo necesita crear Estados policiacos, con agentes secretos, soplones y espías tratando de hacer que el hijo venda a su padre y la mujer a su vecina, lo cual difícilmente conduce a un mayor grado de cooperación o solidaridad, sino al contrario de desconfianza hacia el prójimo.
Por último, el político – burócrata socialista habla de solidaridad pero no la practica. El burócrata no construye absolutamente nada con dinero propio, sino que le quita a unos mediante impuestos o confiscaciones, para darlo a otros (no sin antes haberse sacado su comisión). Así es fácil hablar de solidaridad cuando se practica con plata ajena. La solidaridad socialista es por lo tanto una hipocresía.
Si entendemos la solidaridad como una acción voluntaria de personas libres, difícilmente podemos llegar a la conclusión de que el socialismo promueve la solidaridad. Si dejamos de lado los hermosos textos socialistas sobre la solidaridad, y vemos la evidencia histórica (una historia de abusos), tampoco podemos concluir que el socialismo promueve la solidaridad.
Santa Cruz de la Sierra, 07/10/10
http://javierpaz01.blogspot.com/
Aristóteles escribió que “la mayor satisfacción está en hacer el bien o prestar un servicio a los amigos, invitados o compañeros, lo cual solo es posible cuando una persona posee propiedad privada” (La Política, 1263b5). El socialismo, al eliminar o restringir la propiedad privada, reduce a su mínima expresión la capacidad del ser humano para practicar la solidaridad. Aristóteles entendió esto hace 2300 años. Y la evidencia de esta afirmación la podemos constatar mirando las instituciones solidarias que se han creado en países capitalistas como Estados Unidos, Suiza o Inglaterra en comparación a países socialistas como Cuba o la Unión Soviética. Existen millones de organizaciones no gubernamentales, empresas privadas y personas particulares que gracias a la riqueza generada en sistemas capitalistas realizan fabulosas labores de beneficencia y solidaridad. El sistema capitalista tiene además el mérito de sacar a muchos de la pobreza y crear mucha riqueza, por lo tanto las instituciones de beneficencia en los países capitalistas pueden captar muchos recursos y repartirlos entre relativamente pocos necesitados. El socialismo genera e incrementa la pobreza de una sociedad, haciendo que haya poco que repartir entre muchos comensales.
El defensor del socialismo refutará a Aristóteles afirmando que el Estado socialista se encarga de la solidaridad. Nuevamente no necesitamos más que ver a Cuba o la Unión Soviética para comprobar que su solidaridad ha consistido en apoyar a regímenes opresores alrededor del mundo. Ha tenido mucha solidaridad también para con los líderes del régimen quienes han vivido una vida de lujos mientras sus pueblos se han hundido en la pobreza; Fidel Castro es dueño de una isla, como Stalin fue dueño del país más extenso del mundo.
El socialismo reduce la solidaridad porque cuando todos viven en la miseria material, es más difícil pensar en el prójimo; reduce la solidaridad porque uno no puede donar lo que no tiene o no le sobra; desincentiva la solidaridad porque le quita a sus habitantes los medios para practicarla, además de prometerles que el Estado se hará cargo de los necesitados – algo que nunca sucede.
Por otro lado el socialismo necesita crear Estados policiacos, con agentes secretos, soplones y espías tratando de hacer que el hijo venda a su padre y la mujer a su vecina, lo cual difícilmente conduce a un mayor grado de cooperación o solidaridad, sino al contrario de desconfianza hacia el prójimo.
Por último, el político – burócrata socialista habla de solidaridad pero no la practica. El burócrata no construye absolutamente nada con dinero propio, sino que le quita a unos mediante impuestos o confiscaciones, para darlo a otros (no sin antes haberse sacado su comisión). Así es fácil hablar de solidaridad cuando se practica con plata ajena. La solidaridad socialista es por lo tanto una hipocresía.
Si entendemos la solidaridad como una acción voluntaria de personas libres, difícilmente podemos llegar a la conclusión de que el socialismo promueve la solidaridad. Si dejamos de lado los hermosos textos socialistas sobre la solidaridad, y vemos la evidencia histórica (una historia de abusos), tampoco podemos concluir que el socialismo promueve la solidaridad.
Santa Cruz de la Sierra, 07/10/10
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