domingo, 4 de diciembre de 2016

¿Por qué hay socialistas que se vuelven liberales?

Javier Paz García
Durante mis lecturas he encontrado que muchos liberales fueron en algún momento de su vida socialistas o colectivistas, es decir personas que no creían en la interacción libre y voluntaria entre seres humanos y que apostaban a que una mejor sociedad venía de la mano de algún gobierno totalitario presidido por un dictador benévolo. Es frecuente escuchar anécdotas de personas que en su juventud militaron en algún movimiento comunista o socialista o simpatizaron con tales ideas pero que con el pasar de los años cambiaron radicalmente de pensamiento hasta encontrarse más cerca de los idearios liberales. Entre las personas que han transitado este camino podemos citar a los premio Nobel de literatura Octavio Paz y Mario Vargas Llosa, el campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov, el presidente de la Unión Soviética y Nobel de la Paz Mijail Gorvachov o escritores como Antonio Escohotado, Carlos Sabino y un sinnúmero de personajes destacados, así como también personas normales y corrientes.
Sospecho que la razón es la siguiente: el socialismo es esencialmente una reacción sentimental. Sus ideas apelan a los sentimientos y a una búsqueda de justicia intrínseca en la naturaleza humana. Los mismos Marx y Lenin, los mayores ideólogos de este movimiento, revelan en sus escritos una tendencia a la rabia, al insulto, y a la descalificación arbitraria e infundada de argumentos que contradicen sus postulados. El adolescente que lee el Manifiesto Comunista o alguna diatriba marxista cree haber descubierto todo lo que hay por conocer sobre política, economía y la acción humana. Por eso, la etapa adolescente donde uno conjuga la ignorancia, la certeza de saberlo todo, la rebeldía y las decisiones las viscerales, es propicia para formar socialistas.
El liberalismo por otro lado es un movimiento intelectual basado en el razonamiento y en el análisis de los principios y consecuencias de la acción humana. Aunque cualquier persona, sin importar el nivel de instrucción o inteligencia, puede tener una predisposición a entender y defender las ideas de la libertad, llegar a ser liberal requiere de mucho estudio, de mucha lectura, de historia, economía, política, filosofía. Ser liberal, invocando a Popper, implica estar en un constante estado de duda. Por eso no es infrecuente que quienes comenzaron como fervientes socialistas, luego de un tortuoso camino de estudios, contrastación de la realidad y verdadera autocrítica muden sus ideas diametralmente hacia el liberalismo.
Santa Cruz de la Sierra, 28/09/16

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jueves, 24 de noviembre de 2016

No solo hay crisis del agua

Javier Paz García
Apenas la semana pasada citaba a Milton Friedman sobre que si el gobierno estuviera encargado del desierto en poco tiempo habría escasez de arena. Todavía no sabía que en apenas unos días estallaría el escándalo de la escasez de agua en La Paz y el desprolijo manejo de la empresa estatal.
Lastimosamente no es ni será el único caso. El modus operandi del partido en función de gobierno es gastar, y gastan mucho, pero eso no se traduce ni en mejor educación, salud, o servicios básicos sino en planillas supernumerarias, sueldos astronómicos, gente que se hace rica de la noche a la mañana como dueños de empresas vinculadas al Estado. Los efectos negativos no se ven a corto plazo, porque el proceso de destrucción de capital es largo. Para dar un ejemplo, el proceso de negociaciones y construcción de gaseoductos para exportar gas a Brasil se puede remontar a los años setenta y abarca varios gobiernos; el trabajo y el mérito le pertenece a gestiones pasadas, pero el beneficio lo ha cosechado casi exclusivamente el actual gobierno. Otros sembraron para que el actual gobierno coseche; no hay nada malo en eso, el problema es que este gobierno no está sembrando nada para las futuras generaciones o lo que es aun peor, está sembrando problemas: ha revertido la poca institucionalización que había en la administración pública, ha hundido a la justicia en un hueco al que hace diez años parecía imposible llegar, ha creado empresas estatales por intereses políticos sin los criterios adecuados de factibilidad y cuyo inevitable destino es la insostenibilidad y la corrupción.
La crisis del agua es la crisis de la falta de gente idónea en los puestos de gobierno; es la priorización del show político, de la propaganda, de la mentira, del ataque al opositor por sobre las necesidades del pueblo; es el absurdo de creer que de cocaleros y licenciados en charlatanería pueden pasar a ser buenos gobernantes; es el insulto de ser jefe de los cocaleros o dirigente de fútbol al mismo tiempo que se es presidente o ministro del Estado. La crisis del agua es la crisis de YPFB, de la justicia, de la policía, de Papelbol o San Buenaventura,  del fondo indígena, de CAMC y Gabriela Zapata. La crisis del agua es la crisis de un pueblo ciego que se ha equivocado muchas veces al apoyar a un gobierno que ha mostrado sistemáticamente su incapacidad y su totalitarismo. Bolivia todavía es una democracia y por tanto los culpables de la crisis son quienes han votado por el MAS una y otra vez.
Santa Cruz de la Sierra, 20/11/16
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domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Qué hace bien el Estado?

Javier Paz García
Milton Friedman alguna vez bromeó que si al gobierno federal le encargaran el cuidado del desierto del Sahara, pronto habría escasez de arena. Está bastante probado que los gobiernos son malos administradores en general y que donde se meten ocasionan distorsiones que en muchos casos terminan siendo contraproducentes contra los objetivos que supuestamente quieren lograr. Este dato no es una cuestión de preferencia ideológica, sino algo estadísticamente comprobable en diferentes culturas, épocas, niveles de educación, idiomas, climas o religiones. No importa si es en Estados Unidos o en la Unión Soviética, si Venezuela o Uruguay, si Irlanda o Inglaterra, las actividades del Estado tienen grandes deficiencias, y cuando se mete a la economía, las consecuencias son malas casi sin excepción.
Viendo el caso de Bolivia y yendo por orden de prioridades existen dos áreas donde la intervención del Estado es prácticamente insustituible y hacen a su esencia: defensa y justicia. La historia de Bolivia no es muy halagüeña en cuanto a sus logros en defensa. En cuanto a justicia, debe ser una de las más corruptas, morosas e ineficientes del mundo, en general en este país no hay mucha diferencia entre caer en manos de atracadores, policías o jueces; en cualquier caso quien caiga en sus manos terminará siendo asaltado.
En un segundo orden, podemos considerar a la educación y la salud como funciones importantes del Estado. Nuevamente el nivel de calidad de la educación y la salud en Bolivia no es algo que muchos defiendan.
Uno de los principios de la buena gestión es que las empresas se deben enfocar en las áreas estratégicas y buscar la excelencia en tales áreas y “tercerizar” las áreas no vitales. Uno pensaría que por sentido común, un gobierno con tantos problemas de corrupción, de justicia, de calidad en los sistemas de salud y educación priorizaría solucionar tales problemas y realmente tener justicia, educación de calidad y salud de calidad antes de meterse a fabricar papel o cartón. Quienes están en función de gobierno no piensan así:  hacer mal las funciones principales del Estado no es razón suficiente para no meterse a hacer otras cosas menos importantes. Y con esta mentalidad llegamos a ver a ineptos construyendo ingenios azucareros donde no hay caña, aeropuertos internacionales donde no llegan los extranjeros y un sinnúmero de inversiones inviables. El costo lo van a pagar futuras generaciones. Quienes quieren ver a un Estado más poderoso y más grandes, ampliando sus potestades para solucionar más problemas deberían preguntarse primero ¿qué hace bien el Estado?
Santa Cruz de la Sierra, 13/11/16

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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Texas vs. Venezuela

Javier Paz García
La edición dominical de El Deber hace una comparación entre el estado de Texas y la República Bolivariana de Venezuela indicando que el PIB per cápita venezolano es de $us 13.000 y su índice de desarrollo humano es de 0,697 mientras los indicadores texano son de $us 45.000 y 0,914 respectivamente. El factor que mejor explica esta diferencia es el régimen de propiedad privada. En Texas quien es dueño del suelo, es dueño de sus recursos y si encuentra oro o petróleo, le pertenecen, se hará rico y pagará impuestos razonables sobre su explotación. En Venezuela decidieron que el petróleo debía ser del Estado para que así se reparta y no haya pobreza; el resultado es que en Venezuela abundan los pobres (ahora y siempre). En Texas, donde el Estado no es dueño de los recursos naturales, la pobreza es mucho menor tanto en cantidad de personas pobres como en su calidad de vida: ser pobre en Venezuela es peor que ser pobre en Texas.
Y si comparamos otros elementos, como los niveles de violencia, de asaltos y asesinatos vamos a encontrar nuevamente pierde Venezuela. Según Wikipedia en Venezuela hay 39 homicidios con armas de fuego por cada 100.000 habitantes lo que la hace uno de los países más violentos del mundo, donde muere más gente por armas de fuego que incluso lugares que se encuentran en guerra. Texas por el contrario tiene una tasa de 3,2 homicidios por 100.000 habitantes, guarismo levemente inferior al promedio de los Estados Unidos de 3,5. En Texas, como en todo Estados Unidos, el poseer armas es legal y de hecho el derecho a poseer armas de fuego tiene protección constitucional y este estado norteamericano es uno de los lugares con mayor índice de armas en el mundo. En Venezuela las armas son prohibidas y el Estado las controla, lo que significa que solo los criminales tienen armas, mientras se priva a la gente decente de poseerlas. Otro ejemplo de cómo la intromisión del Estado genera consecuencias contraproducentes.
La pobreza de Venezuela es producto del estatismo desde antes de Chávez, el extremo al que ha llegado de crisis humanitaria es producto del socialismo impuesto por Chávez. Si los venezolanos quieren salir de la crisis política, económica y de derechos humanos en la que se encuentran, deben dejar el socialismo; si quieren reducir significativamente la pobreza, deben acabar con el estatismo, implementar un verdadero régimen de propiedad privada y abrazar el capitalismo, como lo hizo Texas.
Santa Cruz de la Sierra, 06/11/16

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domingo, 30 de octubre de 2016

Los enemigos del comercio

Javier Paz García
Pensadores como Marx, Mises, Gramsci, Keynes, Hayek o Friedman entendían que las ideas de los intelectuales tienen una gran influencia en el mundo. “Los hombres prácticos, que se creen exentos de cualquier influencia intelectual, son usualmente esclavos de algún economista difunto” escribía Keynes en las notas finales de su Teoría General.
Sin embargo, tratar de descifrar la relación entre las ideas imperantes en una civilización y los hechos históricos de la misma es algo más difícil que simplemente afirmar que tal relación existe: Antonio Escohotado emprende esa monumental tarea con afortunado éxito en Los Enemigos del Comercio. Reminiscente de A History of Western Philosophy de Bertrand Russell, Escohotado transita desde los tiempos presocráticos y los inicios de las polis griegas hasta la revolución francesa, desmenuzando los movimientos filosóficos y analizando cómo éstos influían y eran influidos por la política, economía y por los acontecimientos históricos.
El libro, como su título lo indica, se centra en la influencia de las ideas contrarias a la propiedad privada, al comercio libre y voluntario, a la generación de riqueza y a la libertad en general. Desde los admiradores de la militarista Esparta por sobre la culta y democrática Atenas hasta los albores del comunismo, Escohotado analiza la evolución de una secta judía cuyo ascenso coincide (no del todo por coincidencia) con la decadencia del imperio romano y sumersión de Europa en un periodo de mil años de oscurantismo y estancamiento. Por supuesto, la Iglesia Católica que históricamente condenó el lucro e incluso la higiene por ser cosas de este mundo pero no dudó en lucrar del tráfico de almas vendiendo indultos y salvaciones de papel, juega un rol primordial en este cuento. Verbigracia, un secretario de Carlos V escribe en 1526 con cierta jocosidad: “El prepucio de Cristo lo he visto yo personalmente en Roma, Burgos y Amberes (al parecer existen un total de catorce ejemplares), y tan solo en Francia hay ya quinientos dientes del niño Jesús. En muchos lugares se conserva la leche de la Virgen y en otros las plumas del Espíritu Santo.”
Un hecho que no escapa a la agudeza de Escohotado es la habilidad de los liberticidad de todas las épocas para elaborar distorsiones semánticas de tal envergadura que justifiquen la tiranía en nombre de la libertad, la discriminación en nombre de la igualdad y el fratricidio en nombre de la fraternidad y para proclamar al verdugo como un salvador, como muy bien lo ilustran los revolucionarios franceses.
Un libro exhaustivamente documentado y sobreabundante de citas históricas, de una agudeza sin par, con ese sentido de lo sarcástico y lo tragicómico muy propio de los españoles, es un placer de principio a fin.
Santa Cruz de la Sierra, 14/10/16

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