martes, 2 de enero de 2018

¿Y la disciplina del elector?

Javier Paz García
Decir que la cuarta candidatura de Evo Morales es inconstitucional es extemporáneo. Ya la tercera (la actual) lo es porque la constitución claramente la prohíbe en su articulado transitorio. Lo único que ha sucedido es una nueva prevaricación de los miembros del Tribunal Constitucional; reitero, una nueva, porque no es la primera y no será la última. De un gobierno de prevaricadores, mentirosos y autoritarios podemos esperar de todo, como sucedió en el Beni con los candidatos a alcaldes y gobernador de un partido en el Beni que fueron descalificados mediante otra prevaricación.
Mucho se hablará en lo venidero de la necesidad de que la oposición política se una y logré una sola candidatura para enfrentar al MAS. Eso sería lo óptimo, pero no es lo más probable. Los apetitos de quienes, al final de cuentas, son tan humanos como el resto de nosotros, hará difícil que busquen un bien común por encima de la vigencia y el crecimiento de sus propios instrumentos políticos. Los actos de sacrificio son escasos en la historia de la política, aquí y en todo el mundo. Tal vez, aunque tenemos el ejemplo a no seguir de Venezuela, esperemos a estar como Venezuela antes de que se articule una mesa de unidad.
Ante esta situación, el elector, el pueblo, tan proclive a equivocarse, podría lograr artificialmente una candidatura única, incluso existiendo varias candidaturas, votando por el candidato con más posibilidades de ganar. Esto estrictamente es imposible. Quien se presenta como candidato, lo hace porque tiene cierto apoyo que en lo mínimo consiste en el de su mamá y cada candidatura adicional resta. Pero no impide que haya una conciencia de la importancia, no de que gane el candidato de nuestros sueños, sino de impedir que siga la impostura actual. Le tocará al elector dejar de lado al candidato que más le gusta y votar por quien, según las encuestas tenga las mejores posibilidades de ganar. No solo los líderes políticos deben estar dispuestos a hacer sacrificios, sino también los electores. Ojala haya sensatez en ambos.
Santa Cruz de la Sierra, 11/12/17
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Reflexiones sobre la ignorancia racional

Javier Paz García
Todas las personas somos ignorantes. Esto no es un insulto, es un hecho. La persona más sabia, inteligente y culta que exista o haya existido domina apenas una parte infinitesimal del conocimiento humano. Adquirir conocimiento tiene un costo que mínimamente consiste en el tiempo invertido. Y como es imposible saberlo todo, los seres humanos nos especializamos en un área, digamos carpintería, y cuando necesitamos ayuda en otra área buscamos a un experto que nos provea tales bienes, servicios o conocimientos. Por eso en vez de mediocres “todólogos” tenemos albañiles, abogados, zapateros, administradores, médicos… e incluso dentro de cada área encontramos un sinfín de subdivisiones como neurólogo, cardiólogo, traumatólogo, etc.
Algo análogo sucede cuando elegimos a nuestros líderes políticos. Cada votante podría interiorizarse en el perfil de cada candidato, su historial, su propuesta ideológica y programática y elegir de manera realmente racional y educada. En la práctica, conocer a profundidad a un candidato no es algo que pueda hacerse en unos minutos, ni siquiera horas. Una mujer que cría dos hijos y vende refrescos en un mercado, un agricultor que atiende su chaco de sol a sol o un empresario que administra una empresa, no tienen el tiempo para verdaderamente conocer a los candidatos a una elección. A la mayoría de las personas les sucede lo mismo y por eso toman su decisión con información limitada. Algunos votan siempre por el mismo partido, sin importar quién es el candidato, porque confían en la línea ideológica del partido, otros votan por lo que les dice su cónyuge o su amigo, unos por quienes prometen algún privilegio para su sector, otros por quien les regaló una polera… 
Imagínese que tenga que votar para elegir a los cirujanos en un hospital, sin usted saber nada de medicina ¿Cree posible elegir correctamente? Algo similar sucede con la pronta elección de magistrados en Bolivia. ¿Qué sé yo del Tribunal Agroambiental o las funciones del Consejo de la Magistratura para elegir a sus miembros? Educarse sobre los candidatos es costoso y el beneficio particular es ínfimo, después de todo, un voto rara vez decide una elección. Más aun si los cargos a llenarse son varios y altamente especializados. La mayoría elegirá no educarse sobre los candidatos y votará sabiendo poco o nada de ellos.
Santa Cruz de la Sierra, 27/11/17

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Voto por una mejor justicia

Javier Paz García
Las próximas elecciones judiciales serán, como casi todas las elecciones desde que Evo Morales asumió la presidencia, un plebiscito sobre su popularidad. Quienes apoyan al MAS en su mayoría van a votar por algún candidato, aunque no lo conozcan y quienes no lo apoyan, probablemente anularán su voto. No debería ser así. Cada persona debería ir a votar procurando tomar la decisión más acertada para mejorar la justicia en el país. Deberíamos votar, no en base a nuestra militancia política, sino a nuestra conciencia y nuestra voluntad de tener un país mejor.
Desde que yo recuerde, el sistema de justicia boliviano ha sido lento, caro y corrupto. Los juicios tardaban años, incluso décadas y era necesario pagar coimas desde el diligenciero hasta el juez. Encima de esto, no existía independencia del poder político. El actual gobierno (al igual que todos los gobiernos, todos los partidos y todos los políticos) prometió luchar contra la corrupción. Los resultados de esa lucha (si es que ha existido) son pobres. La promesa de que la elección de magistrado cambiaría la justicia ha caído en saco roto. Los actuales magistrados, elegidos por voto popular, no han estado a la altura de su cargo. Hoy la justicia, al igual que antes, sigue lenta, cara y corrupta y la injerencia política es más evidente que nunca. Yo no conozco a los magistrados que se postulan, pero sé que un solo partido los eligió por plancha, sin buscar consenso. Sé que entre los postulantes hay ex-asesores y admiradores declarados de los actuales gobernantes. Sé de un examen que parecía un burla, un mal chiste. Y por lo anteriormente citado, no creo que esta elección, más allá de las buenas intenciones que puedan tener algunos postulantes, vaya a generar el cambio que requiere nuestra justicia. Creo que la mejor posibilidad de que haya un verdadero cambio en la justicia es que la población muestre de manera contundente su rechazo… a las colas interminables, a los valorados innecesarios, a los retrasos, a la compra de la justicia, a la institucionalización de la injusticia. Por eso yo votaré nulo.
Santa Cruz de la Sierra, 19/11/17
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martes, 28 de noviembre de 2017

Reflexiones sobre la intolerancia

Javier Paz García
Los seres humanos tenemos una tendencia a preferir aquello que se nos parece o nos es familiar y a rechazar lo extraño, lo diferente. La xenofobia, la homofobia, el racismo, el antisemitismo son diferentes manifestaciones de rechazo a lo que es de alguna manera diferente a nosotros. Esta tendencia, no solo se manifiesta a nivel individual, sino también en la organización política y las leyes de un país. Las persecuciones religiosas que han plagado la historia de la humanidad son un ejemplo extremo de cómo el rechazo a lo diferente puede llegar hasta los más atroces actos. La historia de la humanidad abunda en casos de Estados cuyo fin es el de excluir,  perseguir o explotar a ciertos grupos: las teocracias, la inquisición, el apartheid, el nazismo, el comunismo ateo forman esta historia universal de la infamia.
Un axioma que deberíamos tener los seres humanos es vivir y dejar vivir. Es decir, pueden haber actitudes, características o creencias de otros con las que yo no esté de acuerdo, pero mientras no me perjudiquen o perjudiquen a otros, no tengo por qué prohibirlas. Verbigracia, la creencia religiosa es una cuestión de consciencia y no tenemos por qué prohibir cierta fe, solo por el hecho de que no es la nuestra. La homosexualidad es otro caso en cuestión. Que dos personas del mismo sexo decidan llevar una vida en común no afecta en nada el derecho de otros a tener una relación heterosexual. Sin embargo a lo largo de la historia, al igual que con el racismo, los seres humanos han hecho cuestión de perseguir y castigar a los homosexuales. La cultura occidental, madre de la tolerancia y los derechos humanos, ha aplacado esta tendencia. Pero incluso hoy siguen siendo discriminados por muchos Estados en su derecho a tener las mismas prerrogativas de una pareja heterosexual en cuanto a bienes, herencia, patrimonio y el reconocimiento oficial de que son una pareja que hace vida en común. Entre los argumentos que uno escucha para rechazar este derecho es que viola o pone en riesgo “lo más sagrado: la familia”, pero este argumento no tiene sustento, ya que permitir la unión homosexual no quita a nadie el derecho de tener una pareja del sexo opuesto y tener hijos si así lo desea.
La vida en sociedad abunda en cosas que no nos gustan, en ideas que no compartimos, pero si no interfieren con nuestras vidas, deberíamos tener la sensatez de ser tolerantes y dejar que cada persona elija la forma de vida que vea conveniente.
Santa Cruz de la Sierra, 11/11/17

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Reflexiones sobre la humildad y la pobreza

Javier Paz García
Warren Buffet, el segundo hombre más rico del mundo con una fortuna valuada en 75.600 millones de dólares, es famoso por su vida austera, de hecho vive en la misma casa que compró en 1958 por $us 31.500. Hace unos días compartí unos momentos con un señor que tiene un patrimonio de decenas de millones de dólares. Nada en su comportamiento denotaba superioridad o boato: vestía con ropas sencillas, en su conversación no se filtraban temas de vehículos lujosos, casas y viajes, hacía una cuestión de saludar y despedirse de todas las personas y trataba a todos con respeto y consideración.
Juan Pari, un funcionario del Banco Unión que hurtó cerca de 5 millones de dólares era una persona de ingresos medianos, en todo caso ingresos bajísimos si los comparamos con un Warren Buffet o incluso con cualquier renombrado empresario boliviano. La nueva fortuna no le llegó solo para disfrutarla, sino también para derrochar y publicitarlo. Autos exclusivos, viajes, botellas de whisky, todo estúpidamente documentado por él mismo en las redes sociales. Su caso no es único, uno lo ve en estrellas de rock, narcotraficantes, deportistas que pareciera que se valoran a sí mismos por su capacidad de dispendio y fanfarronería. Y por supuesto que este comportamiento tampoco es único de ricos y famosos: las redes sociales hoy permiten que cada quien anuncie en tiempo real el plato de mariscos que come, el auto que se compró, la playa en la que reposa o el aeropuerto en el que se encuentra y abundan quienes no dan descanso a esta insulsa actividad informativa para mostrar al mundo su consumo.
Tal vez debamos a la tradición cristiana la confusión entre pobreza y humildad. Una línea del cristianismo ve la escasez, la suciedad, el desprecio por la prosperidad como algo virtuoso. En la Edad Media había cristianos que pasaban toda su vida sin bañarse porque el cuerpo es de este mundo y todo lo de este mundo es malo y preocuparse por las cosas de este mundo es pecaminoso. Hasta hoy, uno puede escuchar a curas y obispos hablando de la pobreza como una virtud y de la riqueza material como algo inmoral. Yo prefiero pensar que la humidad es una virtud del carácter mientras que la pobreza es una condición económica. En tal sentido, la humildad no depende del poco o mucho dinero que se tenga, sino de la actitud y el respeto que uno tenga hacia los demás y hacia uno mismo. Hay pobres y ricos humildes. Hay pobres que nunca han conocido la humildad. Me parece un error semántico referirse a los pobres como “los humildes”.
Santa Cruz de la Sierra, 05/11/17

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