domingo, 12 de febrero de 2017

Los derechos humanos y la democracia

Javier Paz García
Existe mucha confusión con los conceptos de democracia y derechos humanos. Mientras que la mayoría de la gente considera que los derechos humanos son una serie de privilegios y dádivas que tiene que otorgar el Estado, otros creen que la democracia es casi un sinónimo de derechos humanos.
La libertad de elegir y ser elegido para un cargo público es uno de los derechos que tenemos como ciudadanos, pero no es el único y aunque un régimen democrático por su naturaleza tiende a ser más respetuoso de los derechos humanos que un régimen no democrático, la democracia por sí sola no garantiza el cumplimiento de tales derechos. Y es que mientras la democracia es el gobierno de la mayoría, los derechos humanos son la garantía de protección de la vida y la libertad de las personas, protección que un Estado debe procurar contra los caprichos de los gobernantes de turno e incluso contra los caprichos de la mayoría.
Para demostrar la diferencia entre ambos conceptos no hace falta más que ver los regímenes de Hugo Chávez en Venezuela, Cristina Fernández en Argentina o Evo Morales en Bolivia. De ninguna manera se puede discutir la naturaleza democrática de estos regímenes; conquistaron el poder en elecciones libres y mantuvieron una alta popularidad durante sus mandatos. Y sin embargo cometieron violaciones a los derechos humanos de manera sistemática y premeditada. La libertad de expresión (y su corolario, la libertad de prensa) y la propiedad privada fueron sus principales víctimas, pero también hubo persecución política, terrorismo de Estado, asesinatos y homicidios que configuran una serie larga de violaciones a los derechos humanos, y a pesar de todo esto, mantuvieron el apoyo de la mayoría de los votantes, por ende fueron democráticos en el más estricto sentido de la palabra.
Históricamente el mayor violador de los derechos humanos ha sido el Estado, incluso en los regímenes democráticos. El principal rol de una constitución debería ser limitar el poder del Estado y proteger las libertades individuales. Lamentablemente muchas constituciones hacen lo contrario: agrandan los poderes del Estado a costa de la libertad de las personas. La vigencia democrática aunque necesaria, no es suficiente para garantizar la vigencia de los derechos humanos y como los ejemplos anteriores lo demuestran, la mayoría del pueblo puede circunstancialmente apoyar y ser cómplices de gobiernos que hacen de la violación sistemática de los derechos humanos una política de Estado.
Santa Cruz de la Sierra, 04/02/17

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sábado, 4 de febrero de 2017

¿Las pensiones para el agro?

Javier Paz García
Los fondos de pensiones deben tener un bajo riesgo, ya que su objetivo no es incrementar el patrimonio, sino garantizar los flujos a los jubilados. Por ello las inversiones que realizan son principalmente en bonos de empresas solventes, que no pagan un retorno alto, pero son estables y de bajo riesgo.
El gobierno ha decidido utilizar el 5% de las pensiones de los bolivianos para dar créditos al sector agrícola. Sus personeros dicen que tal transacción es libre de riesgo y que el retorno está garantizado. Obviando el hecho de que no existe ninguna inversión que esté absolutamente libre de riesgo, el sector agrícola es en general de alto riesgo, más aun en comparación a las inversiones tradicionales de los fondos de pensiones. Adicionalmente, los préstamos que pretende el gobierno, no son destinados a los agricultores más solventes, sino precisamente a los que tienen problemas financieros, a pequeños y medianos productores que tienen costos de producción más elevados, menos tecnología y otros factores que los hacen aun más riesgosos. Es decir, el gobierno está destinando 5% de las pensiones a préstamos a los productores con mayor riesgo dentro de un rubro que de por sí es riesgoso.
El gobierno debería ayudar al agro, dejando de cometer el abuso de prohibir o limitar las exportaciones; debería garantizar el respeto a la propiedad privada con el desalojo rápido y las acciones penales efectivas para los invasores de tierras; debería permitir la hipoteca de la pequeña propiedad; debería permitir el uso de eventos transgénicos que ya están permitidos hace años en Estados Unidos, Brasil y Argentina y aumentan la productividad del agricultor; debería tener buenas carreteras y mandar a la cárcel a quienes las bloqueen por cualquier motivo. Pero el Estado no debería utilizar los fondos de pensiones para dar créditos agrícolas.
El Estado dice que yo tengo una cuenta individual de jubilación. Dice que ese dinero es mío. En la realidad, yo no decido cuánto invertir en ese fondo, no decido dónde invertirlo y tampoco decido cuándo sacar el dinero, por lo que en mi opinión, para todo fin práctico ese dinero no es mío y el Estado me miente cuando me dice que sí lo es. Si lo que tengo en mi cuenta individual de jubilación fuera mío, yo no lo utilizaría para hacer un préstamo de alto riesgo. Por supuesto a mí nadie me preguntó cómo utilizar “mi” dinero.
Santa Cruz de la Sierra, 28/01/17

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sábado, 28 de enero de 2017

Los derechos humanos y la ley

Javier Paz García
Una forma de definir los derechos humanos es referirse a las leyes que existen al respecto. Bajo este esquema un abogado podrá decir que la provisión de agua potable es un derecho humano porque tal o cual ley así lo declara o que el derecho a la salud gratuita está normado en n países del orbe y eso es prueba suficiente para declararlo un derecho humano universal. El problema de este método es que nos llevaría a concluir que la esclavitud en la Roma imperial, la discriminación de moros y judíos en la Europa de la edad media o el apartheid en Sudáfrica son justificables porque eran legales. Y es que las leyes, tanto si están inspiradas en propósitos mezquinos de acumulación de poder o tienen fines nobles y bienintencionados como muchas de las declaraciones de paz y derechos universales, pueden tener errores semánticos o desconocimiento de la acción humana y por tanto pueden incluso ser contraproducentes a los fines que persiguen.
Así como una moneda se seguirá devaluando cuando un Estado imprime en exceso por más decretos que pasen los gobernantes, así como la tierra seguirá girando alrededor del sol por más que la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana haga abjurar a Galileo de tal doctrina, así como privar a los judíos de su propiedad, libertad y de su vida no es moralmente aceptable por más que haya tenido todo el respaldo legal del Estado Alemán, así como producir y distribuir agua potable tendrá un costo, aunque el Estado la declare gratuita, así también algunos enunciados de buenas intenciones no son derechos humanos por más que así lo declaren todas las legislaciones del mundo.
Y es que las leyes pueden ir desde lo absurdo hasta lo imposible como la del ayuntamiento de Sellia en Italia que el 2015 prohibió a sus habitantes morirse. Por lo tanto, el hecho de que algo esté escrito en una ley no necesariamente lo hace justo, moral, correcto o adecuado. Tampoco el que una ley este inspirada en nobles intenciones la convierte en una buena ley. Los infiernos socialistas son el producto de soñadores bienintencionados.
Los derechos humanos son básicamente el respeto que debemos tener entre todos. Ese respeto se limita a la vida, la libertad y la propiedad ajena, pero no implica la obligación de unos a dar trabajo, salud, agua, vivienda o comida a otros, porque la subsistencia, no es un derecho humano, es responsabilidad de cada uno mediante el trabajo honesto. 
Santa Cruz de la Sierra, 20/01/17

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viernes, 20 de enero de 2017

Dos test para los derechos humanos

Javier Paz García
Si usted naufragara en una isla desierta junto a otras dos personas desconocidas, ¿cuáles serían las obligaciones que se tienen entre sí? Usted no puede matar, golpear o robarle a los otros sus pertenencias y viceversa porque nuestra calidad de humanos e iguales entre sí (iguales en derechos) nos obliga a respetar la vida, la libertad y la propiedad de los otros como también a exigir su respeto para con nosotros. Más allá de este respeto mutuo usted no puede obligar a los otros a que le construyan una casa, le provean agua, o le pasen clases de aritmética; tal obligación implicaría una violación de la libertad de los otros. Probablemente estas tres personas decidan colaborar para conseguir el alimento, construir un refugio y cuidarse en la enfermedad, pero esta colaboración es voluntaria y mutua y si uno de ellos decidiera irse a vivir solo a otra parte de la isla y cortar contacto con los otros dos, estaría en todo su derecho. Imaginemos que los tres náufragos son un médico, un profesor y un arquitecto. ¿Eso implica que el médico está en la obligación de garantizar la salud, el profesor la educación y el arquitecto la vivienda? Por su puesto que no. El que cada persona tenga diferentes especialidades hace más beneficiosa la colaboración mutua, pero no quita el hecho de que ésta tiene que ser voluntaria, no obligatoria.
Aquí tenemos test simple para entender qué es un derecho humano. Los verdaderos derechos humanos se mantienen vigentes donde sea que nos encontremos y su cumplimiento es obligatorio por parte de todos. Si usted y n personas están perdidos en una isla, todos siguen manteniendo sus derechos a la vida, la libertad y la propiedad; todos se deben respeto mutuo. Un test adicional para entender lo que no es un derecho humano es que si su cumplimiento implica una transgresión de los derechos a la vida, la libertad y la propiedad, entonces no es un derecho humano. Un derecho es un obligación de todos hacia usted. Obligar a todos a proveerle agua, salud o educación, implica coartarles su libertad y por tanto no pueden ser derechos humanos. 
Un conocido adagio afirma que tus derechos terminan donde comienzan los derechos del prójimo. Bajo esta premisa los llamados derechos de segunda generación (salud, educación, servicios básicos) no pueden ser derechos humanos, porque su cumplimiento implica la obligación de alguien de proveerlos y tal obligación importa una violación de ciertas libertades que son la base de los derechos humanos de primera generación, es decir de los verdaderos derechos humanos.

Santa Cruz de la Sierra, 12/01/17

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domingo, 15 de enero de 2017

El agua no es un derecho humano

Javier Paz García
Un derecho humano no es algo que el Estado otorga, sino al contrario es una libertad inherente al ser humano que el Estado no debería conculcar. Por ejemplo, la libertad de expresión es un derecho humano. Cada persona desarrolla sus propias ideas y pensamientos el Estado no debería castigar o prohibir el derecho de las personas para expresar tales ideas.
El agua no es un derecho humano, es un bien económico, que efectivamente es indispensable para vivir, pero que para obtenerse requiere de trabajo, al igual que requiere de trabajo hornear pan o cosechar trigo.
Para entender la diferencia entre en verdadero derecho humano y un bien económico, podemos imaginar este sencillo test: si una persona se traslada al medio de un desierto o a lo más inhóspito de una selva, sigue manteniendo su derecho a la libertad de expresión, es decir, el Estado no debe prohibirle expresarse donde sea que esté. El lugar donde viva no afecta en nada la libertad de expresión de esta persona y el Estado no necesita hacer nada adicional para garantizar tal derecho. En cambio si el agua fuera un derecho humano, como proclaman muchos, el Estado estaría en la obligación de llevarle agua a ese ermitaño (y a cada habitante dentro de su territorio) donde sea que se encuentre, a construirle pozos, hacer canales y asegurarse que no le falte el líquido vital. Imagine que la inversión necesaria para llevarle agua a este único ermitaño fuera de 1 millones de dólares anuales: por supuesto que sería absurdo hacerlo. Aunque entre los derechos que tenemos los seres humanos está el de elegir donde vivir, y por tanto si alguien quiere vivir en el desierto, el Estado no debería prohibirlo, esto no significa que el Estado deba procurarle el sustento o proveerle agua potable.
Es indudable que el agua es prioritaria para la vida, pero eso no la convierte en un derecho humano; es un bien económico que requiere de inversiones y de trabajo, al igual que el pan, la carne o las verduras. No garantizamos el pan, la carne o las verduras declarándolas “derechos humanos”, sino generando condiciones para que hayan panaderos, carniceros y agricultores. Dar condiciones para que las empresas puedan proveer de agua a la población es la mejor forma de garantizar su suministro. Hacerla un “derecho humano” y ponerla en manos del Estado es la mejor forma de lograr su escasez.
Santa Cruz de la Sierra, 08/01/17

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