domingo, 5 de julio de 2026

Consecuencias de la unificación cambiaria

Javier Paz García

Luego de casi dos décadas, el gobierno cambió la política cambiaria de fija a variable y el tipo de cambio oficial se fue de 6,96 a 9,73. Mucha gente se pregunta si esto es una devaluación y si va a generar inflación. La respuesta corta es que técnicamente sí es una devaluación, pero en la realidad, la devaluación se dio desde el momento en que el Banco Central dejó de ofrecer dólares a 6,96 el año 2023 y el dólar empezó a subir en el mercado. La devaluación ya se había dado en la realidad y el ajuste actual tiene un pequeño impacto en la inflación, principalmente en los costos aduaneros, impacto que ha sido paliado por la reducción de aranceles dispuesta por el gobierno. Un ejemplo sencillo puede ayudar a ilustrar el caso: si un producto importado debe venderse por un dólar para cubrir todos sus costos, entonces si el dólar en el mercado cotizaba a 6,96, ese producto se vendía a Bs. 6,96. Cuando costaba Bs. 14 conseguir un dólar, el producto se vendía a Bs. 14. Es irrelevante el tipo de cambio oficial, si no es posible conseguir dólares a ese tipo de cambio; el tipo de cambio relevante es el que tiene que pagar un importador para comprar su mercadería, es decir, el de mercado. Por ello, cuando el mercado cotizaba al dólar en Bs. 14 o más, vimos muchos productos importados duplicar en valor en relación a la moneda local y cuando el dólar bajó, los productos importados también bajaron de precio. Entonces para el bolsillo de la gente, lo que cuenta es el dólar en el mercado real y no una imposición del gobierno sin sustento en la realidad económica. Lo que sí vamos a ver con la unificación cambiaria es un ajuste en la denominación de precios y no en los precios reales. Demos el ejemplo de un vehículo que cuesta 10.000 dólares. Con el cambio real a 6,96 ese vehículo se vendía por Bs. 69.600; con un dólar real a 10, ese vehículo pasó a venderse por Bs. 100.000. El aumento de precios vino por la devaluación del boliviano en el mercado, aunque el tipo de cambio oficial seguía fijo. Hasta hace poco ese vehículo tenía que tener un precio de 14 mil dólares al tipo de cambio oficial, por eso veíamos ofertas de un mismo producto que se vendía a 14 mil dólares oficiales o 10 mil USDT; son el mismo precio. Con la unificación cambiaria y en la medida en que el tipo de cambio oficial refleje la realidad, los precios se podrán denominar en dólares y formas alternativas para denominar precios, como stablecoins, disminuirán. Ese vehículo que antes se ofrecía en 14 mil dólares, hoy se ofrecerá en 10 mil y en ambos casos seguirán siendo los mismos Bs. 100.000. El ajuste del tipo de cambio oficial, no genera inflación; la inflación se genera cuando el tipo de cambio real de mercado aumenta.

Un efecto de ajustar el tipo de cambio oficial a los niveles de mercado es de naturaleza contable: las transacciones en dólares y los balances de las empresas van a volver a reflejar la realidad, sin la distorsión de un tipo de cambio arbitrario y falso. Este efecto no es menor ya que tiene impacto en los contratos de compraventa, alquileres, créditos denominados en dólares. Para una empresa importadora que vendía sus productos a crédito en dólares, la distorsión y diferencia entre el tipo de cambio real y el oficial hacía altamente riesgoso y casi inviable dar créditos. Con la unificación cambiaria podemos esperar una reactivación de ese tipo de créditos.  

La unificación cambiaria arregla los precios para el futuro, pero genera una distorsión en los contratos en dólares vigentes al momento del ajuste. Si antes de la distorsión un producto se vendía por 1 dólar, con la distorsión tenía que denominarse en 1,4 dólares (1,4x6,96 ≈Bs. 10). Ahora, con un tipo de cambio oficial a alrededor de 10, ese producto pasa a costar Bs. 14. Claramente el vendedor ya había puesto su margen al ofrecer su producto a Bs. 10; legalmente tiene el derecho de cobrar los Bs. 14 al nuevo tipo de cambio (1,4x≈10), pero comercial y éticamente puede no ser lo correcto y tendrá que haber una negociación entre partes; habrá casos en los que corresponda hacer un ajuste y tal vez algunos donde no. Este problema es inevitable en la transición, no afecta a los contratos denominados en bolivianos y desaparece una vez se liquiden los contratos antiguos denominados en dólares. 

Un contrato vigente, donde más bien, no debería haber ajustes es precisamente en la custodia de dólares. Cuando un dólar valía 6,96, muchos depositantes dieron dólares a los bancos y éstos a su vez se los dieron al Estado. Los últimos años el boliviano se depreció, y un dólar valía más de 6,96, pero los bancos no pagaban más de eso a sus depositantes. Esto generó un perjuicio para los depositantes. Depositantes que entregaron 1 dólar, recibían sustancialmente menos si querían retirar esos depósitos. Y quiero aclarar que la culpa de esta situación no era de los bancos, sino del Estado que obligaba a las entidades financieras (y a todos) a valuar los dólares a un tipo de cambio incorrecto. Esta distorsión hizo que la gente no deposite sus dólares al sistema financiero y también hizo inviable el uso de tarjetas de crédito en el extranjero, por nombrar algunas consecuencias negativas. Revertir la medida no hace que inmediatamente vuelvan los depósitos en dólares al sistema financiero, porque se rompió la confianza y eso no es tan fácil de recuperar, pero es un paso imprescindible hacia la normalización. 

Hay quienes dicen que no era el momento ajustar el tipo de cambio oficial, que antes se necesitaba hacer otras cosas como por ejemplo ajustar el déficit o tener más reservas. Es cierto que el déficit fiscal es un problema serio y hay que encararlo, pero no veo cuál es la razón por la que se tiene que hacer primero, otra que intereses políticos de buscar criticar al gobierno por lo que haga y por lo que no haga. Con relación a las reservas internacionales, no es imprescindible que el gobierno tenga reservas para dejar flotar el tipo de cambio, de hecho, los gobiernos dejan los tipos de cambio fijos precisamente cuando se les acaban las reservas para defenderlos. La noción de que si el gobierno dejaba flotar el tipo de cambio oficial sin tener reservas, el tipo de cambio se podría subir al infinito (así escuché decir a más de uno), es equívoca también, porque en la calle ya operaba un tipo de cambio que reflejaba las fuerzas del mercado y que por definición, estaba en equilibrio. La unificación cambiaria simplemente reconoce la realidad: el Estado dejó de ser el avestruz que mete su cabeza en un pozo para negar algo innegable. Ajustar el tipo de cambio a la realidad es ir de una mentira a la verdad. Reconocer la verdad es algo positivo y mejor mientras más pronto se hace. 

El único error que veo en la medida del gobierno es la imposición de que nadie puede cambiar por encima de los 10 centavos del tipo de cambio oficial. Esta medida en esencia mantiene la política coercitiva del gobierno de Arce y tiene como consecuencia que en momentos de volatilidad, el tipo de cambio oficial no reflejará la realidad del mercado, los actores económicos buscarán alternativas y no usarán el tipo de cambio oficial para transar sus dólares, el ministro de economía y el presidente del banco central serán policías persiguiendo y amenazando a librecambistas y entidades financieras, la gente no va a poner dólares en el sistema financiero y seguiremos con distorsiones, mucho menores, pero distorsiones al fin. Ojalá corrijan pronto este error.

Finalmente, la inflación y devaluación en el futuro no dependen de si tenemos un tipo de cambio oficial fijo o variable, sino de otros factores como la emisión monetaria y el déficit fiscal. Las medidas que se vayan a tomar en estas áreas para preservar la estabilidad monetaria son muy importantes y definitivamente hay mucho por hacer, pero arreglar el tipo de cambio oficial para que refleje la realidad es una medida imprescindible en la dirección correcta.

Santa Cruz de la Sierra, 05/07/26

http://javierpaz01.blogspot.com/

No hay comentarios.: