Javier Paz García
En la prensa y en las conversaciones cotidianas existe un debate sobre si el nuevo régimen cambiario flexible contribuirá o no a la estabilidad del tipo de cambio y de los precios. Para responder a esta pregunta, primero debemos entender cómo se determina el tipo de cambio en una economía libre.
El tipo de cambio es, simplemente, un precio. De la misma manera que para comprar un kilo de tomates necesitamos, por ejemplo, Bs 4 y decimos que su precio es Bs 4, para comprar un dólar hoy necesitamos Bs 10; por lo tanto, el tipo de cambio es de Bs 10 por dólar. Es, en definitiva, un precio más dentro del mercado y, como tal, responde a los mismos principios generales que determinan el valor de cualquier otro bien.
En una economía libre, los precios se determinan por la oferta y la demanda. En igualdad de condiciones (ceteris paribus), cuando aumenta la cantidad disponible de un bien, su precio tiende a disminuir; cuando escasea, tiende a aumentar. Si una cosecha excepcional inunda el mercado de tomates, su precio cae; si la producción disminuye, el precio sube. Las monedas, desde el dólar estadounidense hasta el sol peruano, también están sujetas a estas mismas fuerzas, que en el largo plazo determinan su valor.
Sin embargo, las monedas tienen características que las distinguen del resto de los bienes. Dos son especialmente relevantes para este análisis. En primer lugar, sirven como unidad de cuenta: expresamos el precio de un corte de cabello en bolivianos y decimos que cuesta Bs 40, no diez kilos de tomates. En segundo lugar, la oferta de una moneda depende de la autoridad que la emite. Mientras que la producción de tomates responde a decisiones descentralizadas de miles de productores, la cantidad de dinero depende del gobierno y su política monetaria. Cuando la cantidad de dinero aumenta de manera sostenida más rápido que la demanda por mantenerlo, su poder adquisitivo tiende a disminuir. Como el dinero es la unidad con la que medimos el valor de todos los bienes y servicios, lo que observamos es un aumento generalizado de los precios: eso es la inflación.
Un ejemplo simplificado ayuda a ilustrar el mecanismo. Si en una economía existen únicamente diez tomates y Bs 10, cada tomate costará Bs 1. Si la autoridad monetaria introduce Bs 5 adicionales sin que aumenten los tomates, ahora habrá Bs 15 para comprar los mismos diez tomates, por lo que cada uno costará Bs 1,50. Este ejemplo omite muchos factores presentes en una economía real, pero permite entender el principio básico. Por esto, el Nobel de economía, Milton Friedman afirmaba que la inflación es "siempre y en todo lugar un fenómeno monetario". Cuando la oferta monetaria crece persistentemente por encima de la producción de bienes y servicios, el dinero pierde valor frente a ellos. Ese mismo proceso también se refleja frente a otras monedas: cuando aumenta el precio del dólar en moneda nacional hablamos de depreciación —o, en determinados contextos, de devaluación—. Aunque ambos conceptos tienen diferencias técnicas, para los fines de este análisis reflejan una misma pérdida de valor de la moneda doméstica.
Si aceptamos que la expansión monetaria persistente es la principal causa tanto de la inflación como de la depreciación en el largo plazo, la estabilidad de ambas requiere una política monetaria consistente. Sin embargo, limitar la emisión suele ser políticamente difícil cuando el Estado enfrenta déficits fiscales elevados, ya que la creación de dinero constituye una fuente de financiamiento relativamente accesible.
Desde esta perspectiva, el régimen cambiario —sea fijo, administrado o flexible— tiene una influencia mucho menor sobre el valor de la moneda que la política fiscal y monetaria que lo sustenta. En el corto plazo, un gobierno puede utilizar diversas herramientas para influir sobre la cotización del dólar; pero si no corrige el desequilibrio fiscal que impulsa la expansión monetaria, esos instrumentos solo postergan el ajuste y, en algunos casos, pueden generar distorsiones adicionales.
Por ello, la decisión de eliminar la represión cambiaria y permitir una mayor flexibilidad del tipo de cambio va en la dirección correcta, aunque no porque vaya a estabilizar el dólar por sí misma. Su principal virtud es que reduce distorsiones, mejora la asignación de recursos y hace más transparente el funcionamiento del mercado cambiario. Sin embargo, mientras no se resuelva el problema fiscal y monetario de fondo, ningún régimen cambiario podrá garantizar una moneda estable.
Santa Cruz de la Sierra, 19/07/26
http://javierpaz01.blogspot.com/
1 comentario:
Una explicación sencilla y facil de entender, ya que pone ejemplos claros que ilustran de una forma practica los conceptos.
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