jueves, 10 de marzo de 2016

De Porvenir a El Alto

Javier Paz García
Los enfrentamientos y muertes en Pando el 2008 y en El Alto el 2016 tienen muchas similitudes. Los involucrados fueron grupos afines al Movimiento al Socialismo (MAS) por un lado y opositores por el otro. En ambos casos, los líderes opositores víctimas del ataque, Leopoldo Fernández como gobernador de Pando y Soledad Chapetón como alcaldesa de El Alto, alertaron a la opinión pública de la naturaleza violenta de los movimientos afines al MAS y solicitaron desesperadamente la intervención policial y militar para evitar que sucedan enfrentamientos. En ambos casos, la Policía Nacional y el Ejército hicieron caso omiso de los pedidos de auxilio de las autoridades locales y dejaron que los movimientos afines al MAS cometieran sus desmanes. Este abandono intencional de las fuerzas del orden se debe interpretar como una decisión política de esferas superiores del poder para que los enfrentamientos sucedan.
En Pando el primer muerto fue un empleado de la gobernación, el ingeniero Pedro Oshiro, quien, estando desarmado, fue capturado por los movimientos masistas que se dirigían a Cobija a hacer una marcha “pacífica”, fue puesto de rodillas y asesinado con un tiro a quemarropa. En Pando, siendo un departamento rural, donde no es extraño que la gente tenga armas, la muerte de Oshiro desencadenó la indignación de los lugareños que se organizaron y enfrentaron a los movimientos masistas. Hubo muertes de ambos lados y al partido de gobierno esto le cayó como anillo al dedo: pudo apresar a Leopoldo, tomar el control de la gobernación, victimizarse nacional e internacionalmente y dibujar a la oposición como asesinos y racistas.
En El Alto, el MAS no logró quedar como víctima porque hubo mayor cobertura mediática, videos caseros y para su mala suerte, los funcionarios municipales alteños no se defendieron. Los únicos muertos fueron 6 empleados de la alcaldía opositora. Algunos ministros acusaron a la alcaldesa de hacer un auto atentado, algo que nadie creyó. El Ministerio Público, una entidad desprestigiada y parcializada, indica que la alcaldesa no quiere colaborar con la investigación.
El presidente Morales lamentó las muertes y pidió capturar a los culpables… yo no le creo.
Santa Cruz de la Sierra, 06/03/16
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domingo, 6 de marzo de 2016

Las señales del electorado

Javier Paz García
Votar es tal vez uno de los actos más aciagos que existen: rara vez uno vota por un candidato o partido con el que uno simpatice al 100%, sino más bien uno se ve en la difícil situación de elegir la alternativa menos dañina. Más allá de la línea ideológica que uno transite, existen requisitos mínimos que deberíamos exigir de los políticos; por ejemplo cierto grado de honestidad, de tolerancia, de respeto a las diferencias, de apego a las leyes.
Elegir malos políticos no es cosa exclusiva de países pobres (aunque los países pobres son más proclives a elegirlos), pero las democracias más avanzadas son más exigentes en cuanto al comportamiento ético de sus elegidos y hay ciertas actitudes que no son toleradas y obligan a quien las infringe a renunciar. Para citar algunos casos, el 2011 Karl-Theodor zu Guttenberg renunció a su cargo de Ministro de Defensa de Alemania tras comprobarse que había plagiado su tesis doctoral. El 2012 el presidente de Hungría, Pal Schmitt también renunció al descubrirse que su tesis doctoral contenía plagios. En 1974 el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, tuvo que renunciar debido al escándalo de Watergate, una conspiración ilegal para espiar a sus opositores políticos.  
Tal vez los bolivianos no podemos esperar que un político que ha sido descubierto mintiendo, robando o abusando de su posición renuncie; pero al menos uno esperaría que pierda popularidad y no sea reelegido. Los resultados del reciente referéndum por la reforma constitucional son desalentadores al respecto. Más allá de que por principio, uno esperaría que la mayoría del electorado rechace una reforma cuyo propósito era eternizar a alguien en el poder, sin importar quien fuera, también había el agravante de los escándalos de Evo Morales: principalmente el Fondo Indígena y más aun el caso Zapata que lo involucra directamente y donde él mintió flagrantemente. El resultado de 49% a favor de la reforma vs. 51% en contra, aunque felizmente impide la reelección del presidente, es descorazonador. Incluso aceptando la hipótesis de que hubo fraude, que un 40% apoye la 3 reelección sigue siendo preocupante y demuestra que Bolivia tiene un electorado sin valores. Seguramente si preguntamos a ese 49% si quieren políticos honestos, contestarán que sí; sin embargo su voto dice otra cosa. Las señales del electorado son que la honestidad y la integridad no importa y por eso tenemos los políticos que tenemos, en todo el espectro ideológico.
Santa Cruz de la Sierra, 28/02/16

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martes, 1 de marzo de 2016

Sobre la superioridad moral de los indígenas

Javier Paz García
Es indudable que en Bolivia hay racismo y seguramente existen personas cuya mayor molestia hacia Evo Morales es que un indio sea presidente. Y también hay una tesis racista opuesta que sostiene que los indios poseen virtudes únicas y que son la reserva moral de la humanidad. Uno de los mayores impulsores de esta idea es el propio Evo Morales.
Tristemente ha sido ha sido el propio Morales quien se ha encargado de destruir su argumento sobre la superioridad moral de los indígenas. Durante la reforma de la constitución el 2009 prometió postularse una vez más, pero luego de su victoria electoral se volvió a postular a un tercer mandato inconstitucional (pero permitido por un Tribunal Constitucional afín al partido), bajo una nueva promesa de que sería el último. Hoy nuevamente quiere postularse, incumpliendo por segunda vez su promesa. La corrupción millonaria del fondo indígena manejada por indígenas para indígenas es otra evidencia contraria a la hipótesis de la superioridad moral de los mismos. Y por supuesto el escandaloso caso de una amante de Evo Morales quien consigue millonarios contratos estatales sin licitación derrumba cualquier duda sobre la incorruptibilidad del presidente.
Los quechuas tienen un lindo lema: “ama sua, ama llulla, ama quella” que significa no seas ladrón, no seas flojo, no seas mentiroso. Estos principios que, de una u otra manera son universales a todas las culturas y religiones, han sido incluso plasmados en la constitución boliviana impulsada por Morales. Tal vez ahora lo único que no se le puede achacar al presidente es que sea flojo.
Utilizar la corrupción de un indígena para afirmar que los indígenas no tienen ética, sería tan equivocado como pregonar su superioridad moral. Más razonable a mi juicio sería dejar de lado los prejuicios y juzgar a las personas por sus actos y no por su condición racial; reconocer que tanto las virtudes como los vicios están presentes en todos los pueblos y culturas; que en cada cultura podemos encontrar a personas maravillosas y admirables, como también a otras deleznables; que la moralidad, más que un atributo de los pueblos, es un atributo de cada persona, de cada individuo; y que no hay una superioridad moral de los indígenas, como tampoco la hay de los mestizos, negros o blancos, sino más bien que podemos reconocer en ciertos individuos una superioridad ética que los convierte en dignos de admiración y ejemplo a seguir. Tales individuos no están circunscritos a ciertas razas o culturas.
Santa Cruz de la Sierra, 21/02/16
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domingo, 28 de febrero de 2016

Violencia “pacífica”

Javier Paz García
Hace un algunos días escuché por la radio a un dirigente del transporte hablando sobre los bloqueos de carreteras que su gremio está realizando. Al ser cuestionado sobre actos vandálicos respondió que que no habían tirado piedras a las oficinas de impuestos, porque no era su intención destruir propiedad pública y que solo habían lanzado huevos porque su marcha era pacífica al igual que sus bloqueos. La lógica del dirigente, es tan estúpida como popular en Bolivia. Por algún motivo que escapa a mi entendimiento, en este país muchos creen que bloquear una calle no es un acto violento, o que se puede avasallar una propiedad agrícola y destruir los bienes pacíficamente mientras nadie salga apaleado.
Por supuesto, si quienes son dañados por estos pacifistas, ya sea porque no pueden transitar de su casa a su trabajo o porque no pueden cosechar su siembra, deciden hacer uso de su legítimo derecho a la defensa, corren el riesgo de terminar hospitalizados e incluso pasar a mejor vida.
No pretendo con esto hacer una condena inequívoca de la violencia. Al contrario, considero legítimo el uso de la misma en casos extremos. Creo que si un ladrón entra a mi casa, yo tengo el deber de defender a mi familia y que en legítima defensa debería poder matarlo a tiros sin que el Estado me persiga por ello. Creo también, al igual que John Locke, que la sociedad civil tiene el derecho a derrocar a un gobierno tiránico. Pero la violencia debe ser un recurso extremo, debe ser ejercida excepcionalmente solo con fines defensivos dirigida exclusivamente a quienes amenazan la vida, la libertad, la integridad y la propiedad ajena.
En Bolivia sin embargo, se ha popularizado el bloqueo de rutas, una forma de violencia que perjudica a miles de personas inocentes, a trabajadores asalariados, empresarios y transportistas, a toda una sociedad que no tiene culpa, poder o responsabilidad con relación al reclamo que provocó el bloqueo. En este país folclórico y carnavalesco, hay bloqueo por todo y por nada: Algunos bloquean para obtener privilegios especiales del Estado, otros para luchar por la democracia y los derechos civiles, uno porque su novia lo dejó, otro porque la justicia en Bolivia es una mierda. Hay razones más valederas que otras, pero no deberíamos caer en el eufemismo de calificar a ningún bloqueo como pacífico. Todo bloqueo, en tanto y en cuanto coarta el derecho de otros a movilizarse libremente por las vías públicas es un acto de violencia, aunque nadie termine con un ojo morado o un palazo en la cabeza.
Santa Cruz de la Sierra, 04/02/16

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jueves, 4 de febrero de 2016

Petróleo, propiedad privada y tiranía

Javier Paz García
Busque la lista de los 10 países con mayor producción de petróleo y notará que con la excepción de Estados Unidos y Canadá, todos son dictaduras, o frágiles democracias plagadas por populismos ineficientes, muchas corrupción y pobreza.
¿Por qué los grandes productores de petróleo no pueden tener el nivel de desarrollo y estándar de vida que Estados Unidos, a pesar de sus vastos recursos naturales? La respuesta está en la diferencia del marco institucional, es decir en las diferentes reglas de juego que tiene cada país y uno de los aspectos más importantes, aunque no el único es el régimen de propiedad privada. Estados Unidos tiene un alto grado de respeto y protección a la propiedad privada hasta el punto que los recursos naturales como el petróleo son propiedad de quien es dueño de la tierra donde se extraen. Esto tiene muchas implicancias entre las que se encuentran los incentivos privados para explorar, producir, ser eficiente e innovar en un marco competitivo que premia a las mejores empresas y asigna eficientemente los recursos, además favorece la diseminación del poder económico en muchos dueños, lo cual significa un desconcentración del poder político.
En la mayoría de las naciones petroleras, este recurso pertenece al Estado. Esto crea un monopolio que genera ineficiencias y frena la innovación. En lo político genera gobiernos clientelistas, fortalece el poder del Estado en detrimento de los ciudadanos y de la democracia y genera incentivos para que grupos de poder controlen el Estado en beneficio propio. Por lo tanto, no es coincidencia que la mayoría de los países petroleros sean dictaduras, democracias débiles, regímenes plagados de corrupción y altos niveles de pobreza.
En general el mayor argumento para justificar el control del Estado sobre los recursos naturales es el de reducir la pobreza y evitar la riqueza excesiva de unos cuantos. En la realidad sucede lo contrario, la gente sigue pobre, es mantenida contenta con algunos subsidios y una pequeña élite política es inmensamente beneficiada. Es tan fuerte la relación entre el control de los recursos naturales y el auge de tiranías que difícilmente los actuales regímenes populistas de América Latina, especialmente en Venezuela, Ecuador y Bolivia pudieran haber surgido y mantenerse de no ser por el alto precio del petróleo. Aquí se da una paradoja interesante. El mayor producto de exportación de estos países se convierte en la causa de sus problemas políticos, en la causa de la ausencia de derechos civiles y de la perpetuación de la pobreza.
Santa Cruz de la Sierra, 31/01/16

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