jueves, 22 de marzo de 2012

La coca como símbolo


Javier Paz García
Lo más difícil de abordar el tema de la coca, es que ésta se ha convertido en un símbolo. Para los indígenas de occidente ha pasado a ocupar un lugar sagrado y se ha convertido en un símbolo de la lucha por preservar sus propias costumbres, su autonomía y su autodeterminación frente a un Estado y una sociedad que se impone sobre ellos. La coca se ha convertido en una bandera de batalla de los indígenas del occidente contra lo que ellos perciben como las clases privilegiadas bolivianas, la globalización y el imperialismo, que los explotan y los discriminan.
Por otro lado, para los cruceños, la coca también se ha convertido en un símbolo de la nueva colonización y avasallamiento del oriente por parte del occidente, de la discriminación, el racismo y el desprecio del actual gobierno hacia la región. Simboliza también la permisividad del Estado con una actividad (el narcotráfico) que socaba las instituciones nacionales, incrementa la delincuencia y amenaza a la juventud.
El problema de los símbolos, es que por ser elevados al estatus de “sagrados” o de “malditos”, escapan al análisis racional. Así como una simple tela suscita reacciones diferentes si tiene los colores de la whipala o si tiene las franjas verde, blanco y verde, también la coca, suscita sentimientos que son el cúmulo de experiencias históricas y construcciones sociológicas que van más allá de las características intrínsecas de la planta misma.
 Por ello considero importante diferenciar lo que la planta es de lo que simboliza, tanto para sus defensores como sus críticos.
Si analizamos lo que la planta simboliza, creo que podemos encontrar puntos de coincidencia entre los anhelos y las frustraciones de los indígenas de occidente y los cruceños. Por ejemplo, tanto los cruceños como los indígenas anhelan que el Estado les de mayor autonomía y no se entrometa en sus costumbres y tradiciones, consideran de que el Estado los ha discriminado y tratado como ciudadanos de segunda clase, desconfían de la élite política nacional que los ha manipulado para beneficio propio. Estos anhelos y frustraciones comunes podrían servir como un vínculo de comunicación para reducir las desconfianzas y odios construidos por mucho tiempo y exacerbados por los gobiernos de Carlos Mesa y Evo Morales.  Las élites gobernantes (pasadas y presentes) han sido hábiles en alimentar las desconfianzas y odios entre oriente y occidente, culpando a los cruceños del atraso, la discriminación y las vejaciones que los indígenas occidentales sufrieron de manos de otros. Dependerá de la inteligencia y habilidad de los propios cruceños escapar de este juego destructivo.
Los cruceños hemos crecido con el dogma casi religioso de que la coca es mala. Por ello, es muy difícil para nosotros abordar el tema objetivamente, dejando de lado las pasiones que el tema genera. Sin embargo considero que si nuestros líderes pudieran hacerlo, tendrían una fabulosa oportunidad para crear puntos de acercamiento con los indígenas de occidente, quienes por cierto son muchos más que los cocaleros del Chapare.
Santa Cruz de la Sierra, 22/03/12
http://javierpaz01.blogspot.com/

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