Javier Paz García
El gobierno de Rodrigo Paz ha anunciado que las tarjetas de crédito podrán ser usadas para compras en el exterior usando el tipo de cambio referencial publicado por el Banco Central de Bolivia y que actualmente ronda los Bs. 9 por dólar, mientras mantiene que el tipo de cambio oficial en Bolivia es Bs. 6,96. Con esto, el nuevo gobierno, se mantiene en la misma línea de incongruencias del MAS y a pesar de la retórica de eliminar el Estado tranca, sigue siendo una tranca y sigue manteniendo el centralismo y la sobre regulación de la economía. Explico por qué.
El tipo de cambio es simplemente un precio, es el precio que uno paga en una moneda, para adquirir otra moneda. Así como uno paga tantos bolivianos, para comprar un kilo de tomates o un litro de leche, o una computadora, también comprar un dólar cuesta cierta cantidad de bolivianos. El mejor mecanismo que existe para fijar el precio del tomate es el mercado, donde la competencia entre productores de tomate por vender su mercancía y de los consumidores por comprarla, regula de forma dinámica la producción y el precio del tomate. Tanto quienes venden, como quienes compran tomate, no necesitan que el Estado les diga a qué precio está este alimento; no necesitan que el Estado publique diariamente el precio del tomate para tomar sus decisiones de compra y venta. Doy este ejemplo, porque muchas personas creen que de alguna manera estaríamos perdidos si el Estado no publicara el tipo de cambio y que cada banco haría lo que quisiera. Pero las mismas fuerzas de mercado que regulan el precio del tomate y de todos los bienes y servicios en la economía, también funcionan para el precio de una moneda en términos de otra y lo mejor que puede hacer el Estado es no intervenir. De hecho, la noción misma de un tipo de cambio oficial es propia de países bananeros y tercermundistas como Bolivia; por ejemplo, en Europa no hay un tipo de cambio oficial entre el dólar y el euro definido por un Banco Central, sino un tipo de cambio de mercado que puede fluctuar diariamente y cada banco o casa de cambio, define en base a las condiciones de mercados, en cuanto vende sus dólares o sus euros, de la misma manera en que una casera define a qué precio vende sus tomates. Y de hecho en Bolivia hemos vivido los últimos años con un tipo de cambio de mercado, sin que el Estado publique nada y sin que se acabe el mundo, pero en algo análogo al síndrome de Estocolmo, la misma señora que compra tomates sin consultarle el precio al Estado, siente que estaría perdida si no hay un tipo de cambio oficial; hemos vivido tanto tiempo bajo un Estado centralista que algunos creen que estarían perdidos sin su guía y sabiduría.
Reitero que un país no necesita que su gobierno tenga un tipo de cambio oficial; el gobierno de Estados Unidos no publica un tipo de cambio oficial que los bancos están obligados a usar, como tampoco lo hace la Unión Europea, ni Suiza, y cuando un suizo, viaja a otro país y usa su tarjeta de crédito para hacer una compra en dólares, su banco le cobra en francos suizos, utilizando un tipo de cambio de mercado, sin que intervenga el Estado. La publicación de un tipo de cambio de mercado por parte del gobierno es un ejercicio inútil, y si los gobernantes creen que agrega mucho valor, se engañan como se engaña el gallo que cree que por su canto sale el sol cada mañana. Pero el gobierno boliviano no solo publica el tipo de cambio oficial sino que también lo impone y con ello comete un acto de abuso y si además dista sustancialmente del tipo de cambio de mercado, comete un acto de fraude, de falsedad. El nuevo gobierno, en vez de acabar con la farsa del tipo de cambio oficial y permitir que el mercado haga su trabajo, lo mantiene y también publica otro tipo de cambio llamado eufemísticamente “referencial”. Con ello sigue en la misma lógica del MAS de regular al sector privado (en este caso los bancos), diciéndoles qué tipo de cambio deben usar, qué comisiones deben cobrar, poniendo bandas de uso de tarjetas de débito para solucionar un problema que el mismo gobierno creó precisamente por mantener un tipo de cambio mentiroso. Los bancos quieren ganar dinero, y para ello necesitan dar servicios como por ejemplo el uso de tarjetas de crédito en el exterior. Si recortaron ese servicio, fue porque el Estado boliviano los obligaba a cobrar un dólar a 6,96 a los usuarios de tarjetas de crédito, cuando los bancos tenían que comprar ese dólar a un valor superior. Todo lo que tenía que hacer el Estado era acabar con la imposición de un tipo de cambio oficial y en cuestión de días, los bancos, por un normal ánimo de lucro, iban a volver a abrir el uso de tarjetas de crédito para pagos en el exterior. En vez del eso, el gobierno de Rodrigo Paz, nos da más del MAS, manteniendo la línea filosófica izquierdista de que es el Estado quien da soluciones a los problemas de la gente con sus anuncios grandilocuentes, obligando a los bancos a abrir el uso de tarjetas de crédito y débito en el exterior, imponiéndoles controles de precios y sobre-regulándolos, mientras mantiene el pecado original del tipo de cambio oficial.
Santa Cruz de la Sierra, 10/04/26
http://javierpaz01.blogspot.com/
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