domingo, 31 de mayo de 2015

Sobre el derecho a decir estupideces

Javier Paz García
La idea de un Estado de Derecho pretende desterrar el abuso de los más fuertes y establecer normas de convivencia pacífica entre los habitantes. Sin embargo el Estado es también un instrumento de abusos contra los ciudadanos, por ello, las repúblicas democráticas ponen límites al poder del Estado y garantizan ciertos derechos ciudadanos. Uno de los derechos fundamentales para evitar que los gobernantes se conviertan en déspotas y las repúblicas en tiranías es el de la libertad de expresión. Hay dos cosas que los gobernantes necesitan controlar para establecer una tiranía: las ideas y las armas. Por ello, es fundamental para preservar una república democrática que los ciudadanos tengan derecho a expresarse libremente y a poseer armas.
Dejando el tema de las armas a un lado, el derecho de las personas a expresarse libremente, sin temor a represalias del Estado es fundamental para una república. Sin ese derecho se pone en riesgo el pluralismo político, el debate de ideas y la democracia misma. Dar al Estado la tuición sobre los límites de la libertad de expresión es más peligroso que permitir la difusión de ideas universalmente condenables, como la xenofobia o el racismo. Como prueba de ello, en Bolivia hemos llegado a la estupidez de que no hay ciudades feas; todas las ciudades de Bolivia son bonitas y no solo eso, sino que por corolario, todas son igualmente bonitas, porque si una es más bonita que otra, eso es discriminatorio y puede ser materia de un juicio penal. En Bolivia los ciudadanos hemos cedido al Estado nuestro derecho a la libertad de expresión y gracias a ello, el gobierno puede fácilmente enjuiciar y encarcelar a cualquier persona so pretexto de luchar contra el racismo y la discriminación.
Hace poco salió a la luz una publicación despectiva contra las madres del oriente boliviano. No me quepa duda que quien escribió eso es un reverendo imbécil, pero no considero que lo que hizo sea un crimen ni que merezca ir a la cárcel por ello. Ser imbécil no es un delito y decir estupideces es un derecho que los republicanos debemos defender. Eso no libra a los imbéciles del repudio público que puedan tener por parte de la sociedad civil, pero poner en riesgo el derecho a la libre expresión, supeditándolo al capricho de los gobernantes de turno es más peligroso y más dañino que permitir a los xenófobo, racistas o machistas expresar sus opiniones. Después de todo, parte de vivir en una sociedad abierta es aprender a tolerar y convivir con personas y con ideas que nos desagradan.
Santa Cruz de la Sierra, 17/05/15

http://javierpaz01.blogspot.com/

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