jueves, 23 de agosto de 2012

Los intereses de los medios


Javier Paz García
Decir que los dueños de medios de comunicación tienen intereses particulares no tiene (o no debería tener) nada de controversial. ¡Por supuesto que los tienen, como intereses particulares tenemos todos! Prohibir la posesión de medios de comunicación a quienes el Estado juzgue como personas con intereses particulares es totalmente arbitrario y violatorio de la libertad de expresión. Sin embargo los actuales gobernantes en Bolivia, Ecuador, Argentina y Venezuela ponen este pretexto como justificativo para regular, censurar y cerrar medios de prensa. El razonamiento va más o menos así: 1) Los dueños de medios tienen intereses particulares. 2) Los medios privados tergiversan la información para favorecer los intereses particulares de sus dueños. 3) El Estado debe intervenirlos para garantizar la imparcialidad de la información, la “verdadera libertad de prensa” o algo así. La premisa 1 es cierta, pero incluso si asumimos que la premisa 2 también es cierta, no es suficiente para concluir que el Estado debe intervenir y cerrar medios. ¿Por qué? a) Porque la competencia disciplina a los medios, porque la pluralidad de medios hace que lo que unos quieran ocultar sea revelado por otros y que las falsedades que sean publicadas por algunos, sean corregidas por otros. b) Porque el lector o televidente no es idiota (al menos no todos). El ciudadano decide cuáles medios de comunicación mirar y cuáles descartar, qué noticias creer y qué noticias dudar. La decisión final sobre lo que cada uno mira y cree recae en uno mismo. Dentro de este abanico de medios, también están los medios del Estado, que a pesar de su parcialización, dan un punto de vista adicional a quienes quieran creerles.
Los gobernantes, al plantear la necesidad de que el Estado controle los medios, subestiman el rol de la competencia como instrumento de disciplina y mejora de calidad, subestiman la importancia de la pluralidad de medios como instrumento para permitir al televidente o lector formarse un mejor criterio sobre la veracidad de una noticia y finalmente subestiman la inteligencia del ciudadano y su capacidad de discernir lo cierto de lo falso. En realidad es una característica general de los defensores del colectivismo pensar que la competencia no funciona y que las personas son estúpidas y por lo tanto necesitan líderes que decidan todo por ellos.
Además al razonamiento del gobierno le falta también una premisa fundamental: los gobernantes igualmente tienen intereses particulares: como ser reelegidos, mantener su popularidad, ocultar sus picardías, etc. Y la historia nos muestra que, en comparación con los dueños de medios, los gobernantes están dispuestos a cometer acciones más repudiables para defender sus intereses particulares… una de esas acciones es precisamente cerrar y censurar a la prensa independiente. Nada mejor para tener en jaque los turbios intereses particulares de los gobernantes que la existencia de muchos medios de prensa independientes actuando sin riesgo a ser cerrados o acallados por el Estado.
Santa Cruz de la Sierra, 23/08/12
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jueves, 16 de agosto de 2012

Sobre la democratización de los medios de comunicación


Javier Paz García
Los gobiernos que cierran o censuran medios de prensa comenten atropellos contra la libertad de prensa y los derechos de propiedad. Lo paradójico es que frecuentemente justifican sus fechorías con el argumento de querer ampliar o democratizar la libertad de expresión. El éxito de tal argumento no se sustenta en su solidez, sino en la ignorancia e ingenuidad de las masas.
Para desgranar el sofisma de “democratizar los medios” primero debemos entender la diferencia entre derechos negativos y positivos. Los derechos negativos prohíben a alguien interferir en ciertas acciones de terceros. El derecho a la libre expresión es negativo porque prohíbe al Estado penalizar las opiniones. Es un límite impuesto al Estado para evitar que abuse de su poder y lo único que tiene que hacer para cumplir con este derecho es no hacer nada: no tiene que darle ni quitarle nada a nadie. Respetar los derechos negativos como la libertad de expresión no le cuesta un centavo al Estado.  Los derechos positivos en cambio crean una obligación de unos sobre otros. Por ejemplo hacer de la salud un derecho obliga al Estado a proveerla gratuitamente. Para cumplir con este derecho tiene que quitar a unos para dar a otros.
El sofisma consiste en hablar de libertad de expresión como si fuera un derecho positivo; como si fuera obligación del Estado garantizar que cada ciudadano tenga acceso a los medios de prensa, de la misma manera que tiene acceso a hospitales y escuelas públicas. Pero hay una trampa adicional, y es que por ejemplo, cuando el Estado proclama la salud y la educación como derechos, el mismo Estado asume el costo de proveerlas gratuitamente; sin embargo cuando los gobernantes hablan de democratizar la libertad de expresión, no asumen el costo de garantizar tal acceso a todos, sino que lo imponen a los medios de comunicación privados,  obligándolos a ciertas restricciones o acciones, como ser emitir discursos presidenciales. Esta segunda tergiversación de la libertad de expresión es también un atropello sobre los derechos de propiedad.
Quien abre un canal de televisión o un periódico, no quita el derecho a otro de abrir su propio medio, ni impide a nadie expresar su opinión. Sin embargo a menudo los gobernantes se refieren a los medios como monopolios, como si su existencia hiciera imposible la aparición de otros medios y significara un cercenamiento de la libertad de expresión de quienes no son propietarios de medios. Así justifican el control estatal sobre los mismos. Cuando esta artimaña de hablar de libertad de expresión como si fuera un derecho positivo y de hacer responsables a los medios privados (y no al Estado) de garantizar ese falso derecho positivo es creída por la mayoría de la población, es que los gobernantes pueden satanizar, censurar y cerrar medios de prensa, con el beneplácito de la ciudadanía. Bien lo ha dicho Mario Vargas Llosa: “Cada vez que los gobernantes han hablado de democratizar los medios, la libertad de expresión ha entrado en receso y ha desaparecido”.
El Alto, 16/08/12
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lunes, 13 de agosto de 2012

Cadena presidencial: otro abuso del gobierno


Javier Paz García
El 6 de agosto de 2012 marca otro hito en la construcción de un Estado totalitario y hacia las restricciones de las libertades y los derechos civiles y políticos en Bolivia: el gobierno obligó a todos los canales de televisión y radios a transmitir el mensaje presidencial. Que yo recuerde, ningún gobierno democrático había implementado tal medida. Sé que en las dictaduras se cerraban medios, no sé si se los obligaba a transmitir los mensajes del gobierno.
Es típico de los dictadores y en general de aquellos con tendencias totalitarias asumirse superiores a los demás; superiores intelectual y moralmente para decidir en nombre de todos qué es importante, qué es correcto, qué es adecuado, qué es bueno y qué no lo es. Esa superioridad de la que se creen poseedores los capacita para acumular poder a costa de reducir la libertad del resto de las personas; todo, por supuesto, en nombre de velar por el bienestar de las personas. Una muestra de ello sucedió este 6 de agosto, fecha en que Bolivia cumple un año más de independencia. El argumento del gobierno es que debido a la importancia del mensaje, debía ser escuchado por todos. ¿Pero por qué no dejar que cada uno decida lo que considera importante? Existe por lo menos un canal y una radio del Estado que emiten su señal en todo el territorio nacional, entonces cualquier persona que considerase importante el mensaje presidencial podría haber sintonizado tales medios. ¿Por qué entonces obligar a todos los medios a transmitir lo mismo? Tal vez si estuviéramos al borde de una guerra o alguna catástrofe de esas proporciones se justificaría una medida así, ¿pero escuchar al presidente explicar cuan maravillosa es su gestión amerita una cadena nacional? Por supuesto que la respuesta es afirmativa para los actuales inquilinos del poder, pero no deja de ser paradójico que hablen de democratizar los medios y sin embargo obliguen a todos los medios a transmitir lo mismo; que hablen de empoderar y dignificar al ciudadano, y sin embargo le quiten hasta la potestad de decidir qué quiere mirar por televisión o escuchar por radio.
Hemos tenido nuestra primera cadena presidencial al estilo de la Venezuela de Chávez. Tal vez para muchos esto no signifique mucho, para mí es nuevo un paso hacia la concentración del poder total, “político, económico y cultural”, como alguna vez lo declaró el vicepresidente. Es un paso más hacia el cercenamiento de las libertades civiles y políticas por las que lucharon los héroes de la independencia, libertades que son el fin máximo de cualquier república. Y así van avanzando, con cosas que parecen poco, con medidas, que tal vez por ser pequeñas o paulatinas no causan mucho revuelo… o tal vez la maquinaria de miedo y amedrentamiento del gobierno ha logrado acallar a las mayorías. El hecho es que poco a poco pero inexorablemente la libertad en Bolivia se va reduciendo.
Santa Cruz de la Sierra, 10/08/12
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jueves, 2 de agosto de 2012

Moribunda libertad de expresión


Javier Paz García
Hace unos días, Milena Fernández, conductora de un programa de televisión dijo que “Oruro es una ciudad fétida”. Por ello fue acusada de discriminación y se emitió una orden de aprehensión en su contra. Esto sienta un precedente gravísimo para la libertad de expresión y para la democracia en Bolivia. Si se puede meter presa a una persona por hacer un comentario despectivo de una ciudad, entonces el Estado puede meter preso a cualquiera por cualquier motivo. El caso de Milena Fernández ilustra mejor que nada los peligros y los abusos que se pueden cometer bajo el amparo de la ley contra el racismo y la discriminación.
Algunas personas han hecho notar que la Sra. Fernández tenía la intención de hacer una crítica constructiva, que pidió disculpas y que por lo tanto el municipio orureño debería desistir del juicio. Quienes argumentan esta posición fallan olímpicamente en entender el fondo y la trascendencia de la cuestión: y es que la Sra. Fernández (o cualquier persona) debería poder opinar bien o mal de una ciudad o de cualquier tema sin miedo a ser perseguida judicialmente. En una sociedad que se digna de defender la libertad y los derechos humanos, nada puede ser más sagrado que la libertad de expresión. Lo que está en peligro no es solo la libertad física de la Sra. Fernández, sino la libertad de todos los que habitamos esta tierra de expresarnos libremente y sin miedo a ser perseguidos por el Estado.
En el caso de la Sra. Fernández, los orureños tienen todo el derecho a manifestar su disgusto, a declararla persona no grata, pedirle explicaciones, ¡pero someterla a un juicio! es un abuso mayúsculo y marca un nuevo precedente en el cercenamiento de las libertades por parte de un gobierno cada día más autoritario y abusivo.
Aunque este asunto se solucione de manera razonable, aunque para el momento que esta nota salga en la prensa la demanda se haya retirado y la Sra. Fernández ya no sea sometida a la tortura psicológica que está sufriendo (y espero que así sea), el mensaje ya ha sido lanzado y es claro: hoy en Bolivia cualquier persona puede ir a la cárcel por cualquier opinión que no sea del gusto de quienes están en el poder; hoy el periodismo debe ejercer la autocensura. Hoy en Bolivia la libertad de expresión está moribunda.
Santa Cruz de la Sierra, 02/08/12
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miércoles, 25 de julio de 2012

Individualismo versus colectivismo


Javier Paz García
Otro parámetro más acertado que el tradicional izquierda – derecha es el de individualismo versus colectivismo. 
El individualismo es la doctrina de que cada ser humano es intrínsecamente valioso y soberano de sí mismo, que nada es más valioso que la libertad y que la mayor función del Estado es protegerla. Es importante resaltar que el individualismo no es sinónimo de egoísmo. Más bien la experiencia demuestra todo lo contrario: las sociedades donde se respeta la libertad individual abundan en instituciones privadas de beneficencia, y los actos de caridad y de amor al prójimo son cosa de todos los días.
El colectivismo en cambio niega al individuo y propugna que el grupo es más importante. Bajo esta perspectiva el ser humano deja de ser valioso por sí mismo y pasa a ser una pieza al servicio del aparato social. Mientras que para el individualismo, el Estado es un medio, para el colectivismo el Estado se convierte en un fin y todo lo que engrandece al Estado es considerado bueno. Por supuesto el engrandecimiento del Estado es un eufemismo para referirse a la mayor acumulación de poder en manos de una pequeña cúpula de burócratas. Doctrinas colectivistas como el socialismo, el fascismo o el nazismo, han cometido las mayores atrocidades en nombre del bien común y la grandeza de la nación.
Otra característica fundamental de las doctrinas colectivistas es que consideran que la mayoría de las personas no tienen la capacidad, la inteligencia ni la ética para decidir sobre sus propias vidas y que existe un pequeño grupo de iluminados que sí tienen la capacidad, la inteligencia y la ética para decidir por ellos; que unos cuantos burócratas tienen más sabiduría que los propios padres para decidir sobre la educación de los hijos, más conocimiento que los propios agricultores sobre la siembra de maíz, más información que los propios industriales sobre los costos de producción… Esta sabiduría y moral superior al resto de la población, licencia a los burócratas iluminados a cercenar la libertad de los ciudadanos y atribuirse la capacidad de tomar decisiones en nombre de ellos, a centralizar el poder a costa de la libertad de todos los demás que se convierten en simples piezas mecánicas, sustituibles cuando dejan de funcionar de acuerdo a los designios de quienes tienen el poder.
Aprendamos a identificar a los políticos que se atribuyen una sabiduría y una moral superiores (que sabemos que no tienen) en nombre de las cuales se creen con el derecho a quitarle poder de decisión a los ciudadanos para concentrarlos en sí mismos y a los políticos que tienen la sabiduría y la humildad de reconocer que cada individuo, con todas sus imperfecciones, sigue siendo el más indicado para decidir sobre sus propios asuntos. De esta manera elegiremos a mejores políticos.
Santa Cruz de la Sierra, 25/07/12
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jueves, 19 de julio de 2012

Libertad versus opresión


Javier Paz García
Mejor que catalogar a los políticos como de izquierda o derecha es hacerlo de acuerdo a si sus postulados y propuestas amplían las libertades de los ciudadanos o las reducen. Antes que nada es importante resaltar que los tipos de libertades que podamos definir están íntimamente ligadas unas de otras y que no se puede afectar a una sin afectar a otras. Hecha esta aclaración podemos catalogar las libertades en políticas y civiles por un lado, y económicas por otro. Las libertades civiles y políticas tienen que ver con la capacidad de los individuos de participar en el proceso político, de elegir a sus gobernantes, de expresarse libremente y sin miedo a represalias, de practicar la religión de su gusto, de hacer prensa independiente, de no ser encarcelado sin justa razón, de tener derecho al debido proceso. Las libertades económicas tienen que ver con la existencia de la propiedad privada, su uso y usufructo. El derecho a poseer y disponer libremente de bienes y servicios, a exportar e importar sin trabas del Estado, a no ser apabullado por impuestos y cargas fiscales, a invertir y desinvertir de acuerdo a la conveniencia de cada uno es parte de las libertades económicas. Por ejemplo, cuando el Estado ordena a qué precio se puede vender un producto, sea un pedazo de tierra o la carne de pollo, está reduciendo la libertad de los legítimos dueños de tanto de la tierra como del pollo. Lo mismo cuando prohíbe la exportación de productos o impone restricciones a los medios de comunicación. A su vez, si el Estado le impone al ciudadano un impuesto de digamos 50% de su producción, podemos decir que la propiedad privada es una farsa ya que el Estado es dueño de la mayoría de su ganancia, sin tener que trabajar ni correr riesgos para adquirir dicha ganancia; el riesgo y el trabajo lo pone el ciudadano y la ganancia la recibe el Estado.
Como dije antes, las libertades están íntimamente relacionadas, porque por ejemplo un país donde el Estado es dueño de toda la propiedad no puede tener prensa libre, ni sindicatos libres, y como todos dependen del Estado, nadie puede criticarlo sin correr el riesgo de perder su trabajo y sus beneficios. Es por eso que la institución de la propiedad privada es fundamental e imprescindible para preservar las libertades políticas y civiles.
La disyuntiva entre libertad versus opresión es un mejor parámetro para definir a los políticos. En vez de preguntarnos si tal o cual es de izquierda o derecha es mejor preguntarnos quienes proponen ampliar las libertades civiles políticas y económicas de la población versus quienes proponen ampliar el poder del Estado a costa de reducir las libertades citadas y desproteger a los ciudadanos. Con este parámetro podemos darnos cuenta de que muchos políticos que son encasillados en espectros opuestos de la izquierda y la derecha son a menudo la misma cosa.
Santa Cruz de la Sierra, 19/07/2012
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jueves, 12 de julio de 2012

El falso debate de las izquierdas y derechas


Javier Paz García
Debo confesar que a menudo me parece vacío el debate entre derechas e izquierdas. La razón es que estas etiquetas pueden significar tantas cosas que al final no significan nada y es frecuente que individuos o partidos políticos que son catalogados como pertenecientes a bandos opositores tengan casi todo en común. El más notorio ejemplo de este vacío de significados es el de catalogar a Lenin y Stalin como representantes de la izquierda y a Hitler y Mussolini como representantes de la derecha. Incluso dejando de lado el hecho que “nazi” es el acrónimo de “nacional socialismo” y que Mussolini fue miembro destacado del Partido Socialista Italiano, estos cuatro dictadores tienen en común que instalaron regímenes de terror en sus países, eliminaron la disidencia, aniquilaron la prensa independiente reemplazándola por aparatos propagandísticos controlados por ellos, ejercieron control sobre el pensamiento, las ideas, la literatura, las ciencias, creando sistemas de espionaje y terror entre la población y entre los mismos funcionarios del partido, hicieron uso arbitrario y cotidiano de la violencia como método de acción. En fin hicieron todo lo necesario para perpetuarse en el poder y tener el control total: político, económico, cultural e intelectual.
Alguien podrá objetar que lo que los distingue es que los primeros abolieron la propiedad privada. Es cierto que bajo Hitler y Mussolini ésta existía, pero quienes no actuaban de acuerdo a los designios del dictador la perdían o peor aún, perdían la vida. La potestad que los dictadores tenían de disponer de vidas y haciendas equivale a una anulación casi total de la propiedad privada. Tanto el gerente de una fábrica comunista como el propietario de una fábrica en la Alemania nazi tenían que dar gusto a sus respectivos dictadores a riesgo incluso de sus propias vidas: ni el uno ni el otro eran dueños de nada.
Otros dirán que Hitler y Stalin se odiaban. A esto diré que las monarquías de Francia e Inglaterra estuvieron en guerras mutuas por siglos y esto no significa que quisieran abolir el sistema monárquico, simplemente querían más poder que su vecino.
 De la misma manera, son más las similitudes que las diferencias entre Fidel Castro y Francisco Franco o entre Hugo Chávez y José Gaspar Rodríguez de Francia. Todos son dictadores y son nimiedades las que colocan a unos en la izquierda y a otros en la derecha.
He citado casos extremos y paradigmáticos, pero esta ambivalencia o vacío en el significado de “izquierda” y “derecha” se da a todo nivel en el debate político. De hecho, los políticos a menudo utilizan estas etiquetas como una forma de huir al debate. Catalogan al contrincante como “miembro de la derecha” (o de la izquierda) y continúan con una sarta de insultos que nada tienen que ver con presentar ideas y debatir propuestas.
Santa Cruz de la Sierra, 12/07/12
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lunes, 9 de julio de 2012

¿Seguridad jurídica en Bolivia?


Javier Paz García
El partido de gobierno ha demostrado una capacidad inaudita para manipular hechos, tergiversar ideas y mentir descaradamente y sin el menor rubor. A su vez el gobierno está integrado por personas que en su mayoría sobresalen por ignorantes e incultas. Los escasos militantes de quienes uno puede suponer una adecuada formación profesional y una aceptable capacidad intelectual están tan enfrascados en su visión marxista de la historia, que no pueden dejar de lado ese sesgo a la hora de interpretar y entender la realidad. Es por ello que cuando los personeros del gobierno repiten incesantemente que en Bolivia hay seguridad jurídica, yo no sé si están mintiendo conscientemente, o realmente creen lo que están diciendo.
Tal vez creen que la seguridad jurídica consiste en la palabra que pueda empeñar el presidente, el vicepresidente o sus ministros. Pero eso es clientelismo dependiente del ánimo del caudillo y sus secuaces.
Reportes de instituciones serias e independientes clasifican a Bolivia entre los países con mayor inseguridad jurídica en el mundo. Por ejemplo según el índice de libertad económica de la fundación Heritage y el Wall Street Journal, Bolivia ocupa el puesto número 166 en la protección a los derechos de propiedad y el puesto número 113 en corrupción de un total de 179 países.
Es que no tiene sentido repetir que en Bolivia existe seguridad jurídica cuando nadie confía en la justicia, los juicios duran una eternidad y son ganados por quien tiene más dinero o conexiones políticas; cuando los avasallamientos de propiedades agrícolas y terrenos urbanos son cosa de todos los días y la justicia ampara más a los avasalladores que a los dueños legítimos; cuando cualquier bellaco puede bloquear una carretera por cualquier motivo y paralizar el aparato productivo nacional por el tiempo que le dé la gana sin que el Estado haga nada; cuando las empresas son estatizadas por decreto y sin justa compensación; cuando ni el mismo gobierno cumple la constitución y las leyes; cuando los magistrados juegan a las adivinanzas con hojas de coca para decidir sus fallos; cuando a cada rato los mineros se matan entre sí, expulsan empresas y secuestran trabajadores; cuando el productor agrícola está a la merced de un burócrata que le puede dar o negar un permiso de exportación; cuando países ideológicamente cercanos otorgan asilo a perseguidos políticos; cuando existen miles de presos sin sentencias; cuando el presidente proclama odios y amenazas hacia el sector empresarial nacional y extranjero (aunque luego garantice la seguridad jurídica).
Bolivia es uno de los países con menos seguridad jurídica del mundo. Desgraciadamente ni siquiera podemos afirmar que estamos mejorando. Sería interesante poder preguntarles a nuestros gobernantes qué entienden por seguridad jurídica y en qué se basan para afirmar que en Bolivia existe tal.
Santa Cruz de la Sierra, 06/07/12
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viernes, 29 de junio de 2012

La desigualdad no es un problema, es la pobreza


Javier Paz García
Existe una confusión generalizada entre los conceptos de desigualdad y pobreza. La desigualdad mide la diferencia de ingresos entre los más ricos y más pobres en un grupo. La pobreza se la puede definir como un nivel de ingreso por debajo del necesario para satisfacer ciertos estándares mínimos de acceso a bienes y servicios. La posibilidad de acumular riquezas en las sociedades capitalistas hace que las personas se esfuercen, inventen y sean más competitivas. Las innovaciones de Bill Gates o Steve Jobs al hacerlos multimillonarios, aumentan la desigualdad, pero también mejoran la productividad general contribuyendo así a reducir la pobreza. Por el contrario las sociedades socialistas enfatizan la lucha contra la desigualdad y logran reducirla a costa de hacer a todos más pobres. Mientras que luchar contra la pobreza implica hacer un esfuerzo para que quienes se encuentran por debajo de cierto nivel de ingresos puedan superarse y mejorar sus estándares de vida, luchar contra la desigualdad implica asegurarse que nadie pueda ser mucho más rico que otros… es en cierta manera una forma de envidia hacia los ricos, más que una preocupación por los pobres. Efectivamente el discurso de la desigualdad se caracteriza por resentimientos e incitaciones a odiar a quienes tienen más, lo cual no mejora en nada la situación material de quienes tienen menos. Es una forma disimulada de promover la lucha de clases; es un vestigio del marxismo.
Es frecuente sin embargo que analistas y comentaristas que no se identifican como socialistas, hablen de la lucha contra la desigualdad como un fin social supremo. Por ejemplo recientemente el periodista Julio Cesar Caballero aseveró que la inequidad es “hoy por hoy, el cáncer del subcontinente.” (El péndulo se mueve. El Deber, 26/06/12).
También es frecuente que se refieran a la “distribución de la riqueza”, como si la riqueza existiera a priori y el problema fuera cómo repartirla. El problema es que la riqueza antes de ser distribuida tiene que ser creada y su distribución no es independiente de su creación. Antes de que un agricultor prepare la tierra, siembre, fumigue, coseche y transporte su producto, no existe nada qué distribuir: él ha creado riqueza. Entonces hablar de “la equidad en la distribución de la riqueza” como también lo hace el señor Caballero en la nota antes mencionada, induce al lector a presuponer injusticias y robos donde no existen tales; a suponer un juego de suma cero, donde lo que unos tienen es producto de habérselo quitado a otros e ignorar el inmenso esfuerzo que se requiere para crear riqueza.
Este lenguaje es en mi opinión nefasto porque por un lado genera en quienes tienen menos, la falsa sensación de haber sido robados y explotados. Y por otro lado desincentiva las ganas de innovar e invertir debido a un ambiente hostil al éxito, generando a la larga sociedades crónicamente pobres como la boliviana.
Santa Cruz de la Sierra, 28/06/12
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sábado, 23 de junio de 2012

La mayoría y la razón


Javier Paz García
La democracia es necesaria para evitar la tiranía y preservar libertad y la paz en una sociedad… es necesaria pero no suficiente. Hay ciertas instituciones que más bien no deben subordinarse a los designios de mayorías circunstanciales. Un ejemplo es el sistema de justicia. Si una actriz, un futbolista o un político con alta popularidad cometen un delito, la sentencia no debe depender de la opinión de la mayoría, sino de una interpretación imparcial de la ley.
Que una opinión sea mayoritaria de ninguna manera significa que sea verdadera. Hace apenas quinientos años la mayoría consideraba que el sol giraba alrededor de la tierra; por supuesto, la mayoría estaba equivocada.
Es frecuente que quienes desempeñan funciones políticas busquen el apoyo de las mayorías. Después de todos, la popularidad es para el político lo que el lucro es para el empresario. Por supuesto, así como hay formas honestas y deshonestas de lucrar, también hay formas éticas y no éticas de ganar popularidad.
La señora Angélica Sosa, hace poco justificó el accionar del ejecutivo municipal argumentando que según una encuesta, el 97% de la población apoyaba al alcalde de Santa Cruz. Utilizando esa lógica, Hitler hizo bien en invadir Austria, Checoslovaquia y Polonia; Hugo Chávez, cuyas encuestas lo ponen por encima de cualquier contrincante, hizo bien en destruir el Estado de Derecho en Venezuela y Evo Morales que alcanzó el 80% de popularidad y sigue encabezando las encuestas hizo bien en ordenar el asalto al hotel las Américas, aprobar una constitución en un cuartel con muertos de por medio, cercar el congreso con miles de manifestantes amenazando de muerte a los parlamentarios y perseguir a la oposición política.
En caso de que la encuesta a la que se refiere la Sra. Sosa sea cierta, ésta demuestra la ignorancia o el poco aprecio que la mayoría del pueblo cruceño tiene por ciertos principios como el Estado de Derecho, la separación de poderes, la probidad de los funcionarios públicos y otros etcéteras. La encuesta habla mal del pueblo cruceño, pero de ninguna manera justifica el accionar del alcalde (a menos que la justificación se base en principios maquiavélicos).
Otra falacia del ejecutivo municipal es mezclar el buen trabajo que el alcalde hace en cuanto a pavimentación de calles y otras obras públicas, por las cuales merece todo el reconocimiento, con su actuación con el consejo municipal por la cual merece el más enérgico reproche.
La razón y la justicia no se sujetan a lo que opina una mayoría circunstancial y aunque el 99% apoye al alcalde, su actitud de desprecio hacia el consejo municipal, de matonaje hacia los concejales, su utilización de funcionarios públicos disfrazados de vecinos energúmenos, y su comportamiento propio de un caudillo merecen el rechazo de los muchos o pocos habitantes de esta ciudad tengan dos dedos de frente y cierto aprecio por los valores democráticos.
Santa Cruz de la Sierra, 22/06/12
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viernes, 15 de junio de 2012

Otros estándares éticos

Javier Paz García
Una de las cosas que más se les reclama a los políticos es honestidad e integridad. La ausencia de estos valores en quienes desempeñan cargos públicos son causantes de la corrupción, el tráfico de influencias, el robo y abuso de bienes públicos que tanto daño le hacen a la sociedad. Sin embargo es frecuente en nuestro desgraciado país, que un político demuestre ausencia de principios éticos, sin recibir siquiera el rechazo de la población.
En febrero de 2012 el presidente de Alemania Christian Wulff renunció a su cargo. Había recibido regalos lujosos sin reportarlos. En abril de 2012 el presidente de Hungría, Pál Schmitt, renunció porque se descubrió que había cometido plagio en su tesis doctoral. En 1974 Richard Nixon renunció a la presidencia de los Estados Unidos al verse implicado en un caso de espionaje a opositores políticos. Por supuesto que estos políticos no querían renunciar, pero en sus países, se exige cierta cualidad ética, y si demuestran no cumplirla, la presión pública es tan fuerte que se ven obligados a dar un paso al costado.
En cambio, cosas peores suceden en Bolivia sin que los políticos siquiera se incomoden ni pierdan popularidad. Los actuales inquilinos del poder han demostrado más allá de una duda razonable su falta de ética y sin embargo han ganado reelecciones y siguen con un apoyo ciudadano que aunque en caída, no es nada despreciable.
Pero no son ellos los que inspiran esta nota, sino lo que acontece en el municipio cruceño. Una concejala es acusada de falsificar su título de bachiller y ni se inmuta, ni piensa dimitir, y más bien hace todo lo posible por recuperar su cargo. Y buena parte de la opinión pública, en vez de exigir su renuncia, la defiende argumentando que es una movida política. Y con seguridad es una movida con intereses políticos partidarios, pero eso no cambia el hecho que una persona que presuntamente ha falsificado su título de bachiller no debería ocupar ningún cargo público. En Alemania y Hungría renuncian presidentes por plagio, pero en Bolivia tenemos otros estándares éticos.
En los recientes actos vandálicos en las afueras del consejo, se descubrió que estaban involucrados guardias municipales vestidos de civiles. Si algo así llegara a suceder en Suiza, implicaría el inmediato despido de los participantes y una investigación para saber desde qué niveles jerárquicos vinieron las órdenes. Si se comprobara que el alcalde conocía esta situación, es mi opinión que él debería renunciar. Por supuesto, sé que ni don Percy, ni el Sr. Canudas van a renunciar, y que los guardias que participaron no serán despedidos, porque, a Nixon quien en su momento fue el hombre más poderoso del mundo, se lo puede obligar a renunciar, pero en Bolivia tenemos otros estándares éticos.
Mientras la ciudadanía (el pueblo, dicen los demagogos) no exija honestidad e integridad a sus políticos, vamos a seguir teniendo estos comportamientos… y que después nadie se queje de la corrupción y todas esas vainas. Y no esperemos estar como los suizos si nos comportamos como los somalíes.
Santa Cruz de la Sierra, 14/06/12
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viernes, 8 de junio de 2012

Explicación a la decadencia argentina


Javier Paz García
Argentina es un país decadente. Pero no es decadente hace uno o diez años: lo es hace casi un siglo. Argentina a principios del siglo XX era una de las naciones más prósperas del mundo. Sus habitantes tenían uno de los más altos niveles de vida, incluso por encima de países europeos y fue considerada como el granero del mundo. Los flujos migratorios, que llegaban de Europa a esta nación atestiguan esta realidad. Sin embargo, desde mediados del siglo pasado el país se fue rezagando y hoy a lo máximo que puede aspirar es a ser considerado uno de los países más desarrollados entre el grupo de naciones subdesarrolladas.
¿A qué se debe el auge? Buena parte del auge Argentino se explica por la influencia liberal que tuvo el país en sus inicios. Por ejemplo la constitución que Argentina adoptó en 1853 se basó en la obra de Juan Bautista Alberdi, Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina.
¿Cómo se explica el periodo de decadencia? La decadencia se la puede explicar en los mismos términos. A medida que el Estado se alejó de esos principios liberales que empoderan a los individuos y los protegen del abuso del propio Estado, a medida que el Estado fue acaparando actividades que antes eran llevadas a cabo por personas y asociaciones civiles, a medida que el Estado se convirtió en un otorgador de rentas y privilegios especiales para ciertos grupos de poder político y económico, limitando la competencia y la igualdad ante la ley, el país fue decayendo.
Hace medio siglo, Perón dejó un legado de matonaje, populismo, clientelismo político e  ineficientes monopolios estatales justificados con discursos patrioteros dirigidos al vulgo ignorante. Tres cuartos de siglo después ese mismo clima impera en la Argentina y las políticas públicas que adopta el gobierno son sacadas del manual del perfecto idiota. El gobierno actual  mantiene una retórica tercermundista de condenar la inversión privada, de reprobar la acumulación de riqueza (mientras que la presidenta, en un acto de ironía y cinismo mayúsculo, se gasta 110 mil dólares en 20 pares de zapatos), crea monopolios estatales, prohíbe u obstaculiza las operaciones de comercio exterior, impone controles cambiarios, ataca a la prensa independiente y mantiene una política fiscal de gastar hasta lo que no se tiene, de no honrar las deudas, confiscar las pensiones y dejar el problema para futuras generaciones. No hay pues nada de sorprendente en la situación de Argentina, ni existen conjuros mágicos o conspiraciones ocultas que expliquen su deterioro. En su cuento El informe de Brodie, Jorge Luis Borges dice: “Creo que con el tiempo merecemos que no haya gobiernos”. Con los gobiernos que ha tenido su país, no es difícil justificarlo.
Santa Cruz de la Sierra, 08/06/12
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jueves, 31 de mayo de 2012

Mi biblioteca favorita


Javier Paz García
Mario Vargas Llosa comenzó su discurso de aceptación del premio Nobel diciendo que aprender a leer es la cosa más importante que le ha pasado en la vida. Yo no me animo a hacer semejante afirmación, pero comparto con Vargas Llosa la pasión por los libros. Debo (tergiversando a Borges) tal pasión a la conjunción de mi madre y su pequeña biblioteca. Ésta consta de dos estantes de un poco más de dos metros de alto cada uno. No llega a completar ni un hexágono de la Biblioteca de Babel, pero sin embargo es en cierta forma infinita. En sus anaqueles conocí la Francia de  Richelieu y D'Artagnan, sufrí las penurias de Jean Valjean, entré en la atormentada mente de Raskolnikov, combatí contra molinos de viento y escuché las ocurrencias de Sancho, tuve la grata sorpresa de conocer la picardía de don Francisco de Quevedo, participé de la fundación de Macondo junto a los Buendía, memoricé y olvidé hechos y fechas de la historia contemporánea, viajé por el Oriente con la princesa muerta… Conocí el mundo de una forma que solo es posible a través de la literatura y adquirí un vicio placentero, saludable y barato.
Ver a mi madre leyendo un libro es una de las escenas más frecuentes de mi infancia. Eso, sus frecuentes invocaciones para que yo lea y el tener esa pequeña pero infinita biblioteca me convirtieron en ávido lector. Por ello le estoy infinitamente agradecido.
Comenzando la adolescencia comencé mi primer libro grueso: Los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas. El volumen superaba las 600 páginas y yo pensaba que tardaría meses o años en acabarlo. Leía una o dos páginas y miraba el índice para ver cuánto me faltaba y no entendía cómo la gente podía leer cosas tan largas. También me acuerdo cuando mi madre me dijo que no lea Luna de Locos de mi tío Manfredo Kempff, por “no ser apta para menores”: su advertencia fue el mejor aliciente para leerlo a escondidas con una avidez desenfrenada.
Aprendí de ella que uno tiene que leer lo que le gusta y que la fama de un libro o de un autor no es motivo suficiente para leerlo o admirarlo, que la lectura es ante todo un acto hedonista y que no vale la pena leer algo que nos aburre.
Hoy somos colegas de lectura, comentando o recomendándonos libros mutuamente y tengo el inmenso de placer de haberle anoticiado algunos libros que le han gustado. Es un tipo de placer propio de los lectores: el de sugerir una aventura y alegrarse al saber que la sugerencia no estuvo equivocada. Es para mí también una forma de agradecimiento por tener esa maravillosa biblioteca que fue parte tan importante de mi infancia y juventud como lo fueron los juntes de primos, las jugadas de fútbol, las idas al campo o los recreos de colegio.      
Y porque yo disfruté tanto de esa pequeña biblioteca es que recomiendo a quienes tienen hijos, que adquieran libros y construyan su pequeña biblioteca para que les den a sus hijos la opción y la oportunidad de conocer mundos a los que solo se puede llegar a través de la literatura.
Santa Cruz de la Sierra, 31/05/12
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lunes, 28 de mayo de 2012

Agradecimiento a las abuelas


Javier Paz García
Las abuelas tienen una ventaja sobre las madres y es que adulan a los nietos, como las madres, pero poco o nunca los tratan o los castigan. Por ello, durante la infancia y adolescencia, uno ocasionalmente se enoja con su madre pero poco o nunca con sus abuelas. Por lo menos ese es mi caso y como no hay día de la abuela (o solo lo hay indirectamente) es que aprovecho esta columna para homenajearlas.
  Mi abuela Irma es la personificación de la alegría y la bondad. Es un ejemplo de abnegación, siempre atenta a lo que uno necesita. Su mayor preocupación es la salud y bienestar de sus seres queridos y no desperdicia oportunidad para ofrecer a sus nietos alguna fruta, un jugo natural o un somó, y recomendar que limitemos nuestra ingesta de azúcar y sal. En su casa no faltan chirimoyas, papayas, mangas o paltas sacadas de su jardín y tampoco guineos comprados en El Abasto. Y en ella se cumple lo que dice el refrán de que no hay placer más grande que dar, ya que nada la hace más feliz que dar de comer a otros. Es su forma de demostrar cariño.
Mi abuela Adriana, a quien cariñosamente la llamábamos aya, era un muchacho más entre nosotros. Se sentaba a jugar cartas con los pelaus y a reírse de nuestras ocurrencias. Su fruta era el achachairú, y se podía acabar una bolsa entera mientras miraba tele. Nunca le faltaban chicles ni chocolates escondidos en su ropero y nosotros en niños se los “robábamos”, con la ingenua creencia de que ella no se daba cuenta (es imposible no advertir la acción de un escuadrón de nietos roba dulces; ya en viejo uno se da cuenta que nuestra travesura sucedía con su parcial anuencia). Las navidades siempre se celebraban en su casa, reuniendo a toda la familia. Había un show de juegos artificiales, el tío Dorian se disfrazaba de Papa Noel y nosotros recibíamos regalos de manos del mismísimo Papa Noel, lo cual era algo maravilloso. Todos los nietos esperábamos ansiosos las navidades pero ahora creo que nadie las disfrutabas más que mi aya y mi tío Dorian.
Borges repite con frecuencia la idea de que un hombre es todos los hombres. No es inverosímil entonces pensar que una abuela (o dos como en este caso) son todas las abuelas y que este homenaje va para todas ellas. De esta manera, muy íntima y muy sencilla, les rindo honores y agradezco todo el amor, el apoyo y la alegría que nos han regalado. 
Santa Cruz de la Sierra, 24/05/12
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Consecuencias del ánimo de lucro


Javier Paz García
Pocos atributos humanos son tan mal comprendidos y objetos de la condena general como el ánimo de lucro.
Sin embargo, el ánimo de lucro es una parte esencial de nuestro instinto de supervivencia; es una expresión de nuestra búsqueda de mejora continua como seres humanos, de progreso, de bienestar, de mejores días para nuestra descendencia. Así como la religión y la meditación son mecanismos para que mejoremos interiormente, el ánimo de lucro es un mecanismo para que mejoremos materialmente. Y no existe una contradicción entre progreso interior y el exterior, sino que se complementan. Ambos son partes del ser humano, como lo son el cuerpo y la mente.
Por supuesto, son condenables el robo, el fraude, la mentira y el abuso; y quienes acumulan riqueza engañando o abusando de otros merecen ser castigados por la sociedad. Pero quien ha acumulado riqueza honestamente no merece la condena de nadie, sino más bien la admiración de todos, porque en una sociedad de mercado la única forma de hacer riqueza es sirviendo a los demás. Y quienes más fortuna acumulan son aquéllos que mejor sirven a los otros. Steve Jobs o Bill Gates contribuyeron al bienestar de la humanidad y la reducción de la pobreza mucho más que cualquier político contemporáneo y crearon tecnologías que revolucionaron el mundo teniendo en mente, entre otras cosas, el ánimo de lucro.
  El ánimo de lucro motiva a los emprendedores a buscar maneras más baratas de producir y servir mejor a los clientes, a los deportistas a entrenar y ser cada día mejores, a los asalariados a destacarse en sus trabajos, a los estudiantes a buscar la excelencia académica. El ánimo de lucro ha sido instrumental para alcanzar el nivel tecnológico actual. Desde el invento del motor de combustión, hasta las computadoras modernas, el celular o el transplante de órganos no hubieran sido posibles si los seres humanos no tuvieran el ánimo de lucro. Las mejores universidades del mundo funcionan con ánimo de lucro y producen miles de profesionales y emprendedores cada año que crean tecnologías nuevas que salvan vidas en África y dan puestos de trabajo para los menos favorecidos. La competencia de las empresas privadas en un mercado libre permite una mejora constante en el precio y la calidad de los productos como también de los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores. El ánimo de lucro es instrumental para permitir que hayan cada vez menos pobres en la sociedad, y que los pobres del mañana tengan una mejor situación que los de ahora.
Las sociedades donde el ánimo de lucro no es mal visto, son precisamente donde los seres humanos han alcanzado los mejores niveles de prosperidad. Por contrapartida, donde el ánimo de lucro es considerado un mal y el Estado ha intentado extirparlo es donde peor vive la gente.
Santa Cruz de la Sierra, 18/05/12
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miércoles, 9 de mayo de 2012

El interés propio en la economía


Javier Paz García
Los seres humanos buscamos nuestro bienestar. En la economía de mercado, la forma de satisfacer nuestras necesidades es cooperando y satisfaciendo las necesidades ajenas; y satisfacemos las necesidades ajenas porque conviene a nuestro propio interés. Como dijo Adam Smith, “no es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés”. El agricultor siembra para mejorar su condición económica, pero al hacerlo también ayuda a quienes demandan su producto. El trabajador asalariado cumple con los horarios de trabajo y hace sus labores responsablemente porque quiere mantener su puesto y en lo posible escalar profesionalmente, precisamente buscando su propio interés. El ama de casa que rebate los mercados buscando las verduras más frescas y baratas, lo hace porque tiene su propio interés en mente, y nunca se le ocurriría comprar un tomate podrido por benevolencia hacia el vendedor. Y la que le vende los tomates no lo hace por un deseo filantrópico de alimentar a la población, sino de procurar su propio sustento y el de su familia.
Nuevamente citando a Smith “Ahora bien, como cualquier individuo pone todo su empeño en emplear su capital en sostener la industria doméstica, y dirigirla a la consecución del producto que rinde más valor, resulta que cada uno de ellos colabora de una manera necesaria en la obtención del ingreso anual máximo para la sociedad. Ninguno se propone, por lo general, promover el interés público, ni sabe hasta qué punto lo promueve. Cuando prefiere la actividad económica de su país a la extranjera, únicamente considera su seguridad, y cuando dirige la primera de tal forma que su producto represente el mayor valor posible, sólo piensa en su ganancia propia; pero en este como en muchos otros casos, es conducido por una mano invisible a promover un fin que no entraba en sus intenciones. Mas no implica mal alguno para la sociedad que tal fin no entre a formar parte de sus propósitos, pues al perseguir su propio interés, promueve el de la sociedad de una manera más efectiva que si esto entrara en sus designios. No son muchas las cosas buenas que vemos ejecutadas por aquellos que presumen de servir sólo el interés público. Pero ésta es una afectación que no es muy común entre comerciantes, y bastan muy pocas palabras para disuadirlos de esa actitud”.     
Smith explica magistralmente como la búsqueda del interés particular de los actores económicos promueve el bien común, sin que nadie tenga la intención de hacerlo y como paradójicamente quienes dicen promover el bien común (los políticos) son a menudo los que más daño le hacen a la sociedad.
Santa Cruz de la Sierra, 09/05/12
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viernes, 4 de mayo de 2012

Bolivia: entre realidad y ficción


Javier Paz García
Miguel de Cervantes imaginó una historia donde uno de sus personajes, llamado Sancho Panza, hombre simple, de orígenes humildes, poco instruido, guiado por refranes populares era falsamente posesionado como dueño de una isla. La intención de los promotores de la farsa era simplemente tomarle el pelo a Sancho y reírse a costa suya. Y éste, luego de pasar hambre, sueño y otras vicisitudes, decide abandonar el gobierno de la isla y seguir de escudero.
En Bolivia, la ficción se hizo realidad y tenemos en el presente un gobierno de ineptos e ignorantes acabados. Tristemente, a diferencia de la ficción, los resultados no son inocuos y el país está encaminado al desastre. Hemos retrocedido en democracia, en derechos humanos, en independencia de poderes, en institucionalidad, en la idoneidad de los servidores públicos, en lucha contra la corrupción, en libertades civiles y políticas como la libertad de expresión y la presunción de inocencia. Hemos desaprovechado la mejor coyuntura económica de la historia de Bolivia creciendo a ritmos inferiores a nuestros vecinos. El gobierno ha ahogado la iniciativa privada, ha privilegiado el clientelismo político y ha creado una docena de empresas deficitarias. Tenemos un yatiri en el Tribunal Constitucional que juega a las adivinanzas con hojas de coca para decidir sus fallos. Nuestra diplomacia es improvisada, ineficaz y contraproducente. Los odios raciales y regionales han sido exacerbados por el propio gobierno. La constitución es un pedazo de papel válido solo cuando le sirve al gobierno. Existe persecución política y existe a la vez un Estado cada vez más débil, incapaz de frenar la delincuencia, incapaz de impedir un bloqueo aunque los bloqueadores sean apenas cinco pelagatos, incapaz de frenar el contrabando y el crimen organizado.
Pero no todo es malo. A cambio tenemos un aumento del Bonosol, tenemos unos cuantos bonos más que en unos años no se van a poder pagar, tenemos el mejor aparato de propaganda política que el dinero puede comprar, tenemos un presidente que en el extranjero todavía genera esperanza entre algunos ingenuos y bienintencionados y risas en todos los demás. Y tenemos una nueva filosofía de la bellaquería que dará para la risa y el disfrute de generaciones venideras. Porque si algo valioso y digno de la posteridad ha producido este gobierno, son las Evadas y las Choquehuancadas que, incluso en la desolación de tener el gobierno que tenemos, nos dan tanta risa y tanto tema de charla y tertulia.
Santa Cruz de la Sierra, 04/05/12
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jueves, 26 de abril de 2012

Una agenda para el censo


Javier Paz García
En Bolivia, de acuerdo a leyes vigentes correspondía que se realice un censo nacional el año 2010 que hasta ahora no se ha llevado a cabo. No es difícil especular sobre los motivos de esta dilación. Los datos del censo son utilizados principalmente para dos cosas: 1) distribuir recursos de coparticipación tributaria a municipios y gobernaciones, y 2) redistribuir escaños parlamentarios. Santa Cruz tiene el mayor crecimiento demográfico del país y un nuevo censo tendría como resultado un aumento en recursos económicos de parte del gobierno central y un incremento en el número de diputados asignados al departamento. Pero Santa Cruz, a pesar de la persecución política y la incesante propaganda del gobierno, sigue siendo el bastión de la oposición política. Por ello el Movimiento al Socialismo no tiene ningún interés en realizar un censo cuyo resultado inevitablemente beneficiará a esta región.
Adicionalmente, en Bolivia nos hemos acostumbrado a pisotear el Estado de Derecho y la justicia y a obtener las cosas por la fuerza. A menudo no importa cuán injustificada o reñida con las leyes es una causa, sino cuanta presión pueden ejercer sus patrocinadores. Verbigracia, según los resultados del último censo, a Santa Cruz le correspondía un mayor número de parlamentarios del que tiene actualmente, pero la presión de los departamentos que iban a perder esos escaños resultó en un “compromiso político” ilegal y desventajoso para Santa Cruz. En Bolivia, como en todo Estado débil, las leyes a veces se cumplen y a veces no. En ocasiones los acuerdos políticos quedan por encima incluso de la constitución y a menudo gana, no el que tiene la razón o el derecho de su lado, sino quien llora y grita más fuerte.
Dado este escenario, considero que la dirigencia cruceña debería elaborar una agenda y una estrategia que garantice dos cosas: 1) la impostergable realización del censo este año y 2) la garantía ex – ante de que se respeten y se apliquen sus resultados antes de las elecciones generales del 2014.
Es de suponer que la realización del censo y su cabal aplicación solo se lograrán mediante la presión de las regiones que se ven perjudicadas por su aplazamiento.
Por otro lado este escenario abre la oportunidad para reunificar a la oposición política, la dirigencia cívica, los sectores empresariales y gremiales cruceños en torno a un objetivo común y de difícil deslegitimación. Adicionalmente, la dirigencia cruceña tiene una inmejorable oportunidad de aunar esfuerzos con regiones simpatizantes al gobierno, pero que también tienen un interés en que se realice el censo, como es el caso de la ciudad de El Alto. Llevar a buen término esta agenda, podría sacar de la irrelevancia de los últimos años a la dirigencia cívica cruceña y fortalecer a la oposición democrática en el país.
Santa Cruz de la Sierra, 26/04/12
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martes, 24 de abril de 2012

Ganadores y perdedores de la bolivianización


Javier Paz García
El Ministerio de Economía ha lanzado una propaganda radial para explicar el éxito de su política de bolivianización (desdolarización). Nos explica que esto se ha logrado mediante tres elementos: 1) aumentando la diferencia entre los tipos de cambio de compra y de venta, 2) cobrando a los usuarios un impuesto a las transacciones bancarias en dólares y 3) obligando a los bancos a mantener una mayor reserva legal para los depósitos en dólares.
Efectivamente, la política de bolivianización de la economía ha sido exitosa en el sentido de que ha ocasionado un incremento en el uso de la moneda local y una disminución del uso del dólar. Lo que el ministro no explica es a quién beneficia la bolivianización y a quiénes perjudica.
La mayor diferencia entre los tipos de cambio de compra y venta hace que cada vez que las personas cambian de una moneda a otra, pierdan dinero y que el Estado y los bancos ganen dinero. El impuesto a las transacciones en dólares es, como todo impuesto, un costo para la población cuyo beneficiario directo es el gobierno. La reserva legal es el porcentaje de dólares que cada banco debe entregar al Banco Central sobre su cartera de dólares. Al aumentar ese porcentaje para los depósitos en dólares, el costo de mantener esos depósitos o de prestarlos se incrementa para el banco. Y el banco lo que hace es traspasar parte de ese costo al usuario que por lo tanto, recibe menos interés cuando deposita sus dólares en el banco y paga más intereses cuando saca créditos en el banco. Pero el gobierno se beneficia porque incrementa sus reservas internacionales.
De manera global, el gobierno se beneficia de la bolivianización porque hace más efectiva su política monetaria y le permite obtener mayores ingresos a través del impuesto inflacionario. Para el resto de los bolivianos, esto significa una menor protección contra el riesgo de inflación de la moneda nacional y mayor pérdida del poder adquisitivo. Es precisamente por esta razón que el uso del dólar es tan amplio en la economía boliviana, porque la gente lo considera una moneda más segura y estable.
La política de bolivianización exitosamente llevada a cabo por el Ministerio de Economía consiste en imponerle costos adicionales al ciudadano cada vez que realiza transacciones en dólares y de esta manera obligarlo a usar la moneda local. Si la bolivianización reflejara una mayor confianza de los bolivianos hacia la moneda local, tendríamos motivos para festejar; pero simplemente refleja la imposición de mayores costos para quienes usan la moneda extranjera. Y las consecuencias de esas políticas son 1) costos adicionales para todos los bolivianos a través de diversos impuestos, 2) una reducción de las opciones de los ciudadanos con respecto a qué moneda utilizar, 3) una mayor exposición de los ciudadanos al riesgo de pérdida del valor adquisitivo por efecto de la inflación de la moneda local. Y por el lado del gobierno 4) mayores ingresos a través de impuestos formales como el impuesto a las transacciones, 5) mayores reservas internacionales y 6) mayores ingresos mediante la inflación. En definitiva, la bolivianización beneficia al gobierno en desmedro de la población.   
Santa Cruz de la Sierra, 20/04/12
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viernes, 13 de abril de 2012

Jugando con lo ajeno


Javier Paz García
El presidente Evo Morales dijo recientemente que “el sector privado no sirvió para administrar”, refiriéndose a los problemas financieros y la posible quiebra de la empresa Aerosur. Morales usa el ejemplo de una empresa en particular para afirmar que el Estado es mejor administrador que los privados. Lo que Morales hace es utilizar un ejemplo anecdótico y sacar conclusiones generales del mismo. Lo cierto es que todos los días en todas partes del mundo, empresas privadas cierran o quiebran. Sin embargo esto no invalida el hecho de que en general el sector privado es más eficiente que el sector público en la administración de empresas. No invalida el hecho de que el crecimiento económico y la reducción de la pobreza ocurren en los países donde el Estado respeta y protege la iniciativa privada y que los países más pobres son precisamente los que siguen recetas socialistas y estatistas.  
Pero, más allá de los resultados (que apabullantemente hablan a favor del sector privado y en contra del capitalismo de estado), existe otra razón de carácter ético para desaprobar las declaraciones de Morales. El empresario que invierte en una empresa, lo hace con su dinero. Si esa empresa quiebra, el empresario pierde su propio dinero. El empresario asume riesgos y a veces gana, otras pierde y otras veces lo pierde todo. En cambio los gobernantes cuando invierten, lo hacen con plata ajena y si esas inversiones fracasan, “los inversionistas” no pierden un solo centavo.
El presidente Morales puede despertar con deseos de comprarse un avioncito o crear una empresa de aviación, puede poner a cargo de los hospitales a una persona que tardó casi tres décadas en graduarse de médico o en la empresa de hidrocarburos a un individuo cuyo acto más notorio fue ponerse a repartir garrafas en persona y puede mandar construir ingenios azucareros donde no se siembra caña a sabiendas de que aunque estas empresas lo hagan bien o mal, él no va a perder un solo peso. El presidente toma decisiones con plata ajena (de hecho con mi plata y la de todos los bolivianos) y por ello no pierde el sueño si una empresa no funciona o se va al descalabro. El presidente no hipoteca su propia casa, ni saca el dinero de su bolsillo para crear una empresa y puede decidirse por inversiones millonarias con la misma facilidad con la que un niño compra hoteles cuando juega Monopolio.
Cada quien tiene el derecho de hacer con lo suyo lo que le plazca y si un empresario privado pierde su dinero, ya sea por mala suerte, o porque el tipo enloqueció y decidió echarle fuego, no tenemos nada que reprocharle; es su dinero y su problema. El presidente Morales y los políticos no tienen ninguna autoridad moral para juzgar las malas decisiones que otros hacen con sus propios recursos cuando él y la mayoría de los políticos toman a menudo malas decisiones con recursos ajenos, sin que les cueste un solo centavo.
Santa Cruz de la Sierra, 13/04/12
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