Javier Paz García
En esta tragicomedia llamada Bolivia hay más paradojas de las que un dramaturgo pudiera haber inventado. El nuevo gobierno de Rodrigo Paz ganó las elecciones con el voto de quienes tradicionalmente habían votado por el MAS, con la misión de revertir el sistema y el desastre que el MAS había instituido por casi 20 años. Una vez en el gobierno, su base de apoyo fueron los sectores que no votaron por él a tal punto que muchos de quienes votaron por Paz Pereira hoy piden su renuncia y quienes no votaron por él, cruzamos los dedos por su continuidad. El mayor opositor del gobierno está en el propio gobierno en la figura del vicepresidente lo que confirma la naturaleza cómica (folklórica, diría mi abuela) de este país.
Las paradojas no acaban ahí. Hay a quienes no les entusiasma a este gobierno y sin embargo están dispuesto a defenderlo con uñas y dientes. Permítanme elaborar sobre este punto. Bolivia corría el riesgo de quedar atrapada en la pseudo dictadura masista, como le sucedió a Venezuela, por ejemplo. Entonces la llegada de un gobierno no masista despertó mucha esperanza en la población. El régimen del MAS fue tan desastroso, que la vara que dejó es muy baja, y sin embargo el nuevo gobierno de Rodrigo Paz es tan inepto, tibio e inoperante, que para muchos, no pasa la vara… y sin embargo aunque no nos guste, hay que apoyarlo y rogar que le vaya bien, porque la alternativa de su vicepresidente o incluso de elecciones anticipadas no es mejor. En política, desde la perspectiva del ciudadano elector, casi nunca es lo que uno quiere, sino lo que hay vs. la alternativa. Hoy la alternativa a un gobierno de Rodrigo Paz, es peor que el desgobierno de Rodrigo Paz, entonces, no queda más que apuntalarlo y defenderlo, a pesar de que no nos guste. Y he ahí la paradoja, un gobierno que a estas alturas entusiasma a pocos, pero tiene el apoyo de muchos (porque no nos queda más).
Entender las razones por las cuales el nuevo gobierno ha perdido el entusiasmo de la gente da para mucha tinta, pero pienso en algunas que no dejan de tener su toque paradójico. La crisis económica es real y aguda y requiere medidas inmediatas y profundas. El gobierno de Paz Pereira lo entendía así, o por lo menos así lo anunció antes de asumir y luego cuando asumió actuó con la pachorra de un país que va viento en popa y dijo que después de las elecciones subnacionales habría reformas y se empezaría a trabajar y todavía parece que no se enteran que el país está en crisis. Lo único destacable es un ajuste parcial de la subvención del combustible, porque hay que dejar claro que el modelo y la subvención nunca se eliminaron. Hoy tendrían que hacer otro ajuste y les es difícil por un problema que ellos mismos generaron comprando combustible de mala calidad (tratando de culpar al MAS de sus chambonadas o picardías). No eliminan el tipo de cambio oficial, pero publican el paralelo. Las tres principales fuerzas políticas tienen cerca del 90% de la representación parlamentaria, en teoría deberían estár 90% de acuerdo entre sí, en la práctica no se ponen de acuerdo en nada y es irrisorio lo que han podido avanzar en cuanto a leyes, por lo que es mucho soñar pensar en una reforma constitucional. Un poder legislativo en manos de quienes fueran oposición al MAS, está trabado como si el MAS tuviera el 50% y tenemos cosas inexplicables como un Tuto por momentos apoyando a Lara. El gobierno no pasa leyes, pero anuncia que las hará, e incluso ha innovado en el marketing de anuncios de anuncios: se ha especializado en anunciar que pronto anunciará nuevos anuncios. Y así podríamos seguir con situaciones que hacen que uno quiera arrancarse los pelos de la cabeza.
El nuevo gobierno está en la inenvidiable situación de que genera entusiasmo en pocos y en la envidiable situación de que para la mayoría de la gente no hay otra alternativa (cómo quien dice de su pareja, mi peor es nada). No olvido una frase que tenía el teatro de mi colegio Marista: “El drama existe en la vida antes que en la escena”. Con todo lo que pasa en Bolivia, no hace falta inventarse historias para reír o para llorar.
Santa Cruz de la Sierra, 16/05/26
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