Javier Paz García
El actual gobierno, incluso antes de asumir su mandato, había anunciado su intención de no eliminar el déficit fiscal, sino simplemente reducirlo. En la práctica, ha hecho poco o nada para contraer el gasto: siguen las empresas deficitarias del Estado, siguen los supernumerarios en la administración pública y se mantienen los subsidios. Dado que el gobierno va a seguir manteniendo un déficit fiscal, tiene que decidir cómo financiarlo a través de tres vías: 1) Deuda externa, 2) Emisión monetaria y 3) Deuda interna. Analicemos las consecuencias de cada una.
Deuda externa
El gobierno podría financiar el déficit con préstamos externos. Eso hizo precisamente con la emisión de bonos a principios de año y el actual préstamo del FMI que está buscando. A corto plazo, la deuda externa trae dinero fresco, puede sostener el gasto público excesivo e incluso dinamizar la economía sin consecuencias negativas inmediatas. Sin embargo, si el gobierno utiliza los préstamos solo para sostener el gasto, simplemente está postergando y empeorando los ajustes que requiere la economía boliviana hacia el futuro. Este fue el mecanismo favorito del MAS y parece serlo del actual gobierno porque, a corto plazo, camufla los problemas y los hereda a las siguientes gestiones. En 2006, año en que Morales asumió la presidencia, la deuda externa del país rondaba los 3.000 millones de dólares; para 2025, pasó a 14.000 millones. El actual gobierno aspira a conseguir 5.000 millones más y ha manifestado que necesita 12.000 millones. Mi criterio es que uno no necesita 5.000 o 12.000 millones de dólares para hacer reformas; los necesita, precisamente, para no hacerlas.
Emisión monetaria
El gobierno puede directamente imprimir dinero, inyectarlo a la economía y de esa forma pagar sueldos o contratar servicios. El problema de esta alternativa es que, al introducir más bolivianos al mercado, la moneda se devalúa; es decir, aumenta la inflación. El efecto de la impresión es muy rápido: mientras que las consecuencias negativas de la deuda externa pueden tomar años o décadas en sentirse, la expansión monetaria se percibe en meses e incluso semanas. El agregado monetario M2 —que incluye el dinero en circulación, cuentas corrientes, cajas de ahorro y depósitos a plazo fijo— se encontraba en 162.000 millones de bolivianos en 2022 y en 2025 llegó a 206.000 millones, lo que representa un incremento del 27%. El salto más fuerte de este agregado se dio entre 2022 y 2023, cuando pasó a 191.000 millones. En 2023, el gobierno prácticamente agotó los dólares de sus reservas internacionales y es evidente que empezó a financiarse con emisión monetaria, lo cual alimentó la inflación.
Deuda interna
El gobierno también puede recurrir al endeudamiento interno prestándose dinero de los propios bolivianos, algo que también ha hecho, principalmente utilizando los fondos de pensiones. El dinero de las jubilaciones es una importante fuente de liquidez para el sistema financiero. Históricamente, estos fondos prestaban dinero a los bancos, que a su vez lo colocaban en el sector privado para actividades productivas y créditos hipotecarios. De esta manera, había una amplia disponibilidad de capital para el sector privado a tasas de interés relativamente bajas. El gobierno, al financiar su déficit con las pensiones, retira ese capital del sector privado, disminuye la disponibilidad de créditos y provoca un alza en las tasas de interés. La consecuencia directa es que se reduce el capital disponible para financiar actividades productivas, el crédito se encarece y, en el mediano plazo, se ralentiza y frena la actividad económica.
La combinación de mecanismos
Las alternativas de financiamiento no son mutuamente excluyentes; el gobierno puede utilizar una combinación de las tres al mismo tiempo e ir variando sus proporciones. Es evidente que hasta 2023 utilizó el endeudamiento externo, junto con los ahorros de las reservas internacionales, para mantener el gasto público. A partir de 2023, con el agotamiento de las reservas y un Congreso que no aprobaba más créditos, empezó a imprimir billetes, con lo cual la inflación y la depreciación del boliviano se aceleraron. Cuando los costos políticos de la inflación empezaron a pasarle factura al gobierno de Arce —que todavía aspiraba a la reelección—, frenó la emisión monetaria y aumentó la captura de fondos de la Gestora Pública. Con esto, la inflación se estabilizó temporalmente y el dólar incluso bajó, pero el crédito quedó restringido y las empresas y hogares comenzaron a ver subir sus tasas de interés.
El panorama futuro
¿Qué hará el gobierno en el futuro? Nuevamente, sus planes de reducción de déficit son poco ambiciosos, por lo que tendrá que financiar su gasto mediante las tres alternativas antes discutidas. El gobierno claramente prefiere el endeudamiento externo; por ejemplo, en abril el gobierno emitió 1.000 millones de dólares en bonos soberanos que seguramente se destinaron a la compra de combustibles, lo que explica parcialmente por qué el dólar estuvo estable durante el segundo trimestre del año. Si el gobierno logra acuerdos con el FMI y otras entidades sin que se le exijan reformas estrictas, seguramente veremos dilapidarse esos dólares en gasto corriente y subvenciones, manteniendo una inflación y un dólar estables hasta que se acaben los créditos. Debido a que no van a terminar con el déficit, pero sí con los dólares que consigan, tarde o temprano volveremos a la misma disyuntiva: emisión con inflación y depreciación, o captura de los fondos de pensiones, restringiendo el crédito y ahogando al sector productivo.
Santa Cruz de la Sierra, 01/08/26
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