domingo, 9 de agosto de 2026

¿Por qué hay diferentes tipos de cambio?

 Javier Paz García

Podemos identificar al menos tres tipos de cambio en Bolivia: el oficial, el bancario y el de la calle, los cuales no siempre coinciden. Para entender el porqué, comencemos con el tipo de cambio de los bancos. Este opera en un mercado competitivo donde el precio lo definen la oferta – principalmente de exportadores que necesitan liquidar sus dólares – y la demanda – sobre todo de importadores que requieren divisas para pagar a sus proveedores. Los bancos funcionan como intermediarios: compran dólares a los exportadores mediante pujas de precios y los revenden a los importadores a un precio levemente superior. Por ello, tenemos un tipo de cambio de compra y otro de venta. La mayoría de estos dólares no se transan físicamente ni dentro del país: al exportador le pagan en el exterior y los bancos compran y venden esos fondos a importadores que pagan a sus proveedores en el extranjero sin que las divisas ingresen físicamente a Bolivia.

El tipo de cambio oficial se calcula con el promedio ponderado de las operaciones de compra de dólares realizadas por los bancos el día anterior. La metodología de este cálculo genera diferencias por dos razones principales. La primera es el rezago de un día, pues el dato oficial refleja la jornada previa. La siguiente tabla ilustra el mecanismo.

El tipo de cambio oficial del día 2 es igual al tipo de cambio de bancos del día 1 y así para todos los días. Debido a este rezago, en periodos de tendencia al alza, el tipo de cambio oficial estará por debajo de la cotización del mercado; cuando el dólar baje, estará por encima. En la práctica, el mercado cambiario es dinámico y varía minuto a minuto, mientras que el tipo de cambio oficial de hoy es una foto del pasado. En fines de semana y feriados, cuando pasan más días para que la cotización oficial se ajuste, las brechas pueden ser mayores.

Otro motivo de variación responde a que en el mercado no existe un tipo de cambio único, sino una cotización de compra y otra de venta. Cabe reiterar que el tipo de cambio oficial se basa únicamente en el precio de compra de los bancos. Entonces ajustando el efecto del rezago, el TC oficial debería estar levemente por debajo del precio de venta de los bancos.

Las diferencias anteriores se deben a la metodología de cálculo. Sin embargo, existe una distorsión en el tipo de cambio oficial producto de lo que considero un error normativo. Cuando el Gobierno estableció el tipo de cambio flexible, impuso la restricción de que los bancos no pueden vender dólares a más de 10 centavos por encima del tipo de cambio oficial. Este error obliga a las entidades bancarias a acudir a otros mecanismos – como las comisiones – para reflejar los precios reales del mercado, distorsionando el sistema. El problema no radica en el accionar de los bancos, sino en una normativa que impone un control de precios implícito. La solución es simple: eliminar dicha restricción de la normativa.

Ahora bien, ¿por qué el dólar de la calle no es igual al bancario? Una explicación frecuente señala que los bancos actúan en el mercado formal, mientras que el dólar callejero proviene en muchos casos de actividades ilícitas como el contrabando o el narcotráfico. Si bien esto es cierto, resulta una explicación parcial. Nada impide que los dólares de la calle, aun proviniendo de fuentes informales o ilícitas, circulen hacia negocios y personas particulares para ser canalizados posteriormente al sistema financiero.

Si los bancos captaran depósitos en dólares e hicieran compraventa de efectivo sin trabas, cualquier diferencia de cotización incentivaría el arbitraje: la gente compraría en el mercado más barato y vendería en el más caro, haciendo que ambos precios converjan. Actualmente los bancos no toman depósitos de dólares físicos, debido a consideraciones normativas y de riesgo y la gente tampoco tiene la confianza para depositar sus dólares en bancos. Por lo tanto, la razón principal de esta brecha es que no existe un canal para arbitrar entre el mercado del comercio exterior y el mercado local de dólares físicos. En cuanto se recupere la confianza y se ajuste la normativa para que a los bancos les sea atractivo captar depósitos en efectivo, las diferencias entre ambos mercados desaparecerán.

Finalmente, vale la pena reflexionar sobre la narrativa del Gobierno que presenta al tipo de cambio oficial como un "ancla de estabilidad". Desde el Ejecutivo se atribuye la estabilización de la divisa a la publicación de un valor de referencia. Este argumento carece de sustento. La realidad es que el dólar alcanzó su pico en mayo de 2025 y comenzó a bajar desde entonces, mucho antes de que el actual gobierno asumiera su mandato o publicara dicho indicador. La realidad es que el mercado ya había desarrollado sus propios mecanismos de referencia, como la plataforma Binance y diversos sitios web. La realidad es que cuando esta gestión asumió su mandato, el dólar cotizaba alrededor de 10,60 sin necesidad de un valor referencial publicado por el Banco Central, mientras que hoy ronda los 11,50. La publicación de un dólar referencial y la posterior flexibilización fueron medidas en la dirección correcta, pero el Gobierno exagera su impacto; atribuirles la estabilización del mercado equivale a la ilusión del gallo que cree que el sol sale gracias a su canto.

Santa Cruz de la Sierra, 09/08/26

http://javierpaz01.blogspot.com/

 

sábado, 1 de agosto de 2026

¿Cómo financiar el déficit?

 Javier Paz García

El actual gobierno, incluso antes de asumir su mandato, había anunciado su intención de no eliminar el déficit fiscal, sino simplemente reducirlo. En la práctica, ha hecho poco o nada para contraer el gasto: siguen las empresas deficitarias del Estado, siguen los supernumerarios en la administración pública y se mantienen los subsidios. Dado que el gobierno va a seguir manteniendo un déficit fiscal, tiene que decidir cómo financiarlo a través de tres vías: 1) Deuda externa, 2) Emisión monetaria y 3) Deuda interna. Analicemos las consecuencias de cada una.

Deuda externa

El gobierno podría financiar el déficit con préstamos externos. Eso hizo precisamente con la emisión de bonos a principios de año y el actual préstamo del FMI que está buscando. A corto plazo, la deuda externa trae dinero fresco, puede sostener el gasto público excesivo e incluso dinamizar la economía sin consecuencias negativas inmediatas. Sin embargo, si el gobierno utiliza los préstamos solo para sostener el gasto, simplemente está postergando y empeorando los ajustes que requiere la economía boliviana hacia el futuro. Este fue el mecanismo favorito del MAS y parece serlo del actual gobierno porque, a corto plazo, camufla los problemas y los hereda a las siguientes gestiones. En 2006, año en que Morales asumió la presidencia, la deuda externa del país rondaba los 3.000 millones de dólares; para 2025, pasó a 14.000 millones. El actual gobierno aspira a conseguir 5.000 millones más y ha manifestado que necesita 12.000 millones. Mi criterio es que uno no necesita 5.000 o 12.000 millones de dólares para hacer reformas; los necesita, precisamente, para no hacerlas.

Emisión monetaria

El gobierno puede directamente imprimir dinero, inyectarlo a la economía y de esa forma pagar sueldos o contratar servicios. El problema de esta alternativa es que, al introducir más bolivianos al mercado, la moneda se devalúa; es decir, aumenta la inflación. El efecto de la impresión es muy rápido: mientras que las consecuencias negativas de la deuda externa pueden tomar años o décadas en sentirse, la expansión monetaria se percibe en meses e incluso semanas. El agregado monetario M2 —que incluye el dinero en circulación, cuentas corrientes, cajas de ahorro y depósitos a plazo fijo— se encontraba en 162.000 millones de bolivianos en 2022 y en 2025 llegó a 206.000 millones, lo que representa un incremento del 27%. El salto más fuerte de este agregado se dio entre 2022 y 2023, cuando pasó a 191.000 millones. En 2023, el gobierno prácticamente agotó los dólares de sus reservas internacionales y es evidente que empezó a financiarse con emisión monetaria, lo cual alimentó la inflación.

Deuda interna

El gobierno también puede recurrir al endeudamiento interno prestándose dinero de los propios bolivianos, algo que también ha hecho, principalmente utilizando los fondos de pensiones. El dinero de las jubilaciones es una importante fuente de liquidez para el sistema financiero. Históricamente, estos fondos prestaban dinero a los bancos, que a su vez lo colocaban en el sector privado para actividades productivas y créditos hipotecarios. De esta manera, había una amplia disponibilidad de capital para el sector privado a tasas de interés relativamente bajas. El gobierno, al financiar su déficit con las pensiones, retira ese capital del sector privado, disminuye la disponibilidad de créditos y provoca un alza en las tasas de interés. La consecuencia directa es que se reduce el capital disponible para financiar actividades productivas, el crédito se encarece y, en el mediano plazo, se ralentiza y frena la actividad económica.

La combinación de mecanismos

Las alternativas de financiamiento no son mutuamente excluyentes; el gobierno puede utilizar una combinación de las tres al mismo tiempo e ir variando sus proporciones. Es evidente que hasta 2023 utilizó el endeudamiento externo, junto con los ahorros de las reservas internacionales, para mantener el gasto público. A partir de 2023, con el agotamiento de las reservas y un Congreso que no aprobaba más créditos, empezó a imprimir billetes, con lo cual la inflación y la depreciación del boliviano se aceleraron. Cuando los costos políticos de la inflación empezaron a pasarle factura al gobierno de Arce —que todavía aspiraba a la reelección—, frenó la emisión monetaria y aumentó la captura de fondos de la Gestora Pública. Con esto, la inflación se estabilizó temporalmente y el dólar incluso bajó, pero el crédito quedó restringido y las empresas y hogares comenzaron a ver subir sus tasas de interés.

El panorama futuro

¿Qué hará el gobierno en el futuro? Nuevamente, sus planes de reducción de déficit son poco ambiciosos, por lo que tendrá que financiar su gasto mediante las tres alternativas antes discutidas. El gobierno claramente prefiere el endeudamiento externo; por ejemplo, en abril el gobierno emitió 1.000 millones de dólares en bonos soberanos que seguramente se destinaron a la compra de combustibles, lo que explica parcialmente por qué el dólar estuvo estable durante el segundo trimestre del año. Si el gobierno logra acuerdos con el FMI y otras entidades sin que se le exijan reformas estrictas, seguramente veremos dilapidarse esos dólares en gasto corriente y subvenciones, manteniendo una inflación y un dólar estables hasta que se acaben los créditos. Debido a que no van a terminar con el déficit, pero sí con los dólares que consigan, tarde o temprano volveremos a la misma disyuntiva: emisión con inflación y depreciación, o captura de los fondos de pensiones, restringiendo el crédito y ahogando al sector productivo.

Santa Cruz de la Sierra, 01/08/26

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