domingo, 26 de abril de 2015

Locke, Rousseau y la propiedad privada

Javier Paz García
Por más extraño que nos parezca, hace algunos siglos la gente creía que los reyes eran designados por Dios para el cargo y que su autoridad era incuestionable. El escocés John Locke (1632-1704) y el suizo Jean Jacques Rousseau (1712-1778) desafiaron este paradigma y desarrollaron la teoría del contrato social según la cual, en líneas generales, existe un contrato implícito entre el individuo, la sociedad y el Estado por el cual el individuo cede parte de su libertad para vivir en sociedad y conformar un Estado que lo proteja de ciertas amenazas.
Una diferencia fundamental entre estos dos pensadores es que al escocés le preocupaba por sobre todo proteger la libertad de las personas, especialmente de los abusos del Estado, mientras que al suizo, sin despreciar la importancia de la libertad, también le interesaba acabar con la desigualdad entre los hombres. A partir de ello Locke identifica a la propiedad privada como una institución fundamental para preservar la libertad y restringir la discrecionalidad y los abusos de los gobernantes, mientras que Rousseau especula que todos los males de la sociedad moderna y en especial la desigualdad, surgen a partir de la existencia de la propiedad privada.
Los escritos de Locke, considerado el padre del liberalismo, tuvieron una influencia trascendental en los fundadores de los Estados Unidos y de las democracias liberales. Rousseau por el contrario influenció a Karl Marx y a los socialistas de todos los tiempos. Los resultados de estas dos visiones son muy diferentes: las naciones que protegen la propiedad privada y viven en un Estado de Derecho son prósperas, reducen la pobreza y mejoran las condiciones de vida de sus habitantes, mientras que las naciones que abolen la propiedad privada quedan sumidas en la pobreza, el estancamiento económico y bajo el yugo de gobiernos tiránicos.
Fuera de los casos extremos, la evidencia estadística valida la postura de Locke.  Estudios de agencias de prensa como Reporteros sin Fronteras u ONGs como Amnistía Internacional muestran una correlación positiva entre el grado de respeto a la propiedad privada y el respeto a las libertades y derechos humanos. Además reportes como los Índice de Libertad Económica que elaboran independientemente la Heritage Foundation y el Wall Street Journal por un lado y por otro el Fraser Institute, o el reporte Doing Business del Banco Mundial, no son más que índices del nivel de respeto hacia la propiedad privada en cada país. Los datos de estos reportes no dejan dudas sobre la correlación positiva que existe entre propiedad privada y desarrollo económico.
Santa Cruz de la Sierra, 11/04/15

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jueves, 9 de abril de 2015

Los ricos y la innovación

Javier Paz García
Muchos consideran la desigualdad económica como algo inherentemente malo e injusto. Tal valoración no toma en cuenta que la desigualdad es parcialmente una consecuencia de las diferentes aptitudes, vocaciones y grados de esfuerzo de las personas: personas como Bill Gates, Steve Jobs o Warren Buffet eran personas de clase media que hicieron sus fortunas gracias a su creatividad y su sagacidad empresarial.
La valoración negativa de la desigualdad tampoco considera que los ricos cumplen un rol fundamental en el proceso de innovación tecnológica, tanto en el lado creativo, como en el aspecto comercial. Por el lado creativo, son los países más ricos, las personas más ricas y las empresas más ricas quienes más invierten en la investigación y el desarrollo de nuevos y mejores productos. Y son los más ricos los que a menudo generan la demanda inicial para que un producto pueda producirse en masa y llegar a la mayoría de la población. Por ejemplo el teléfono celular inicialmente era exclusivamente para personas con mucho dinero, tanto por el costo del aparato, como del servicio. Hoy la tecnología celular es accesible a todo el mundo, desde África hasta Sudamérica, pero si los primeros modelos no hubieran tenido la demanda suficiente, solventada por los más ricos, posiblemente hoy no pudiéramos beneficiarnos todos de esa tecnología. Henry Ford en el siglo pasado creo el modelo T, para que hasta sus obreros pudieran comprar un vehículo. Su visión revolucionó el mundo, pero inicialmente necesitó hacer vehículos destinados a los más pudientes, antes de tener los recursos necesarios para montar su fábrica de producción en gran escala. Las empresas farmacéuticas invierten miles de millones de dólares en investigación y desarrollo de nuevos medicamentos; cuando una nueva droga sale al mercado, son los ricos consumidores de Europa y Norteamérica los que pagan la cuenta con precios altos, mientras que los consumidores de países pobres como Brasil o Bolivia se benefician de drogas genéricas o de vencimiento de patentes con precios que son una fracción de los originales.  
Si miramos a nuestro alrededor y vemos las tecnologías que hacen nuestra vida más fácil y placentera, desde el televisor, los viajes en avión, la computadora personal o la medicina vemos un proceso similar donde el rol de los ricos es fundamental para que esas innovaciones tengan el empuje inicial para poder llegar hasta los pobres.
Santa Cruz de la Sierra, 04/04/15
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domingo, 5 de abril de 2015

¡Cuándo acabará el carnaval!

Javier Paz García
El 17 de febrero finalizó el carnaval, sin embargo hoy 31 de marzo la ciudad está mucho mas sucia que el mes pasado. Si los carnavaleros tuvieron 3 días y unos miles de dólares para pintarrajear unas cuantas calles del centro, los políticos se dieron más de un mes y sus buenos millones para ensuciar la ciudad en toda su extensión. Banderines en los postes de luz, pinturas en los canales, panfletos en las paredes ¡ni siquiera los inocentes árboles se han librado de la cojudez de los políticos!
Una de las ventajas de conocer otros países es que uno puede comparar diferentes realidades. Durante mis estudios universitarios en los Estados Unidos fui testigo de varios procesos eleccionarios, tanto a nivel nacional como local. Lo que pude observar es que las campañas políticas allá son mucho más tolerantes, civilizadas y respetuosas de la ciudad y el ciudadano. Es inimaginable que un candidato se rehúse a debatir o que pintarrajee la ciudad. Era muy común ver banderines clavados en los jardines de casas particulares, colocados con la anuencia de los propietarios, pero nunca vi canales de drenaje pintados o postes de luz repletos de panfletos políticos como lo vemos acá. Y al día siguiente a las elecciones, la ciudad quedaba limpia como si nada hubiera pasado.
Uno tiene cierto derecho a molestarse por la cantidad de vallas publicitarias. Por ejemplo el cruce por el puente del Urubó es insoportable, y si pudieran privarnos de la vista panorámica del río con las carotas de los candidatos, lo hicieran. Pero al fin, uno puede justificar tal situación porque pagan por ese espacio y si no lo ocuparan las candidaturas, alguna empresa privada lo usaría. Lo que corresponde en esta situación es modificar las normas de uso de vallas publicitarias en espacios públicos.
Lo que sí es imperdonable y de hecho es delictivo es el pintarrajeo de paredes, canales de drenaje, postes de luz con pinturas y panfletos propagandísticos. ¡Incluso pintan las piedras y los árboles, estropeando el paisaje y la estética de la ciudad, del campo y del país entero para toda la vida! La suciedad del carnaval de febrero dura un par de semanas, el daño estético del carnaval de los políticos dura para siempre.
Nuestros políticos son unos cochinos, irrespetuosos y abusivos con nuestras ciudades y con el país entero.

Santa Cruz de la Sierra, 29/03/15

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domingo, 29 de marzo de 2015

La importancia de la desigualdad

Javier Paz García
Definitivamente la igualdad o desigualdad en la distribución de la riqueza no sirve como parámetro de desarrollo, bienestar o felicidad. Teóricamente uno puede imaginar un país con mucha desigualdad donde nadie es pobre y otra con la mayor igualdad donde todos son mendigos.
Tal vez el problema fundamental de la ciencia económica sea la eliminación de la pobreza; la reducción de la desigualdad, incluso para quienes la consideran un problema, tendría que estar en una categoría muy inferior. Pero aunque desde la perspectiva económica la desigualdad, en mi opinión no es muy importante, desde una perspectiva política es importantísima.
Para un joven que ha tenido que trabajar desde sus 10 años, que apenas tiene para vivir el día a día y que ve una sociedad de abundancia, de adolescentes con vehículos último modelo y camisas que valen más de lo que él gana en un mes, es poco convincente que yo o el más renombrado economista le venga con el cuento de que, a pesar de todo, él está mejor que sus antepasados. Este joven no conoce de historia, feudalismo, ni de la revolución industrial y poco le importa que alguien le documente y demuestre que el mundo en general es cada vez menos pobre. Él se compara con los que están aquí y ahora, con jóvenes que tienen 100 veces más que él y nunca han tenido que trabajar para ello. No menosprecio lo trágico de esta situación, pero considero que culpar a los ricos no es la respuesta ni soluciona el problema. Nada impide que el mismo proceso mental ocurra con personas de clases medias y altas que sigan mirando con envidia y frustración (a veces justificada) a quienes tienen más que ellos; nada impide que quienes tengan estos sentimientos sean adultos, profesionales o filósofos; y nada impide que los políticos, con buenas o malas intenciones, creyéndose o no el cuento de que la desigualdad es de alguna manera producto del robo y la injusticia y que una mayor igualdad equivale a menos pobreza, hagan uso del mismo y muevan muchedumbres para encumbrarse en el poder. La desigualdad sí importa… prueba de ello son los totalitarismos comunistas del siglo XX, el entristecedor pueblo cubano todavía víctima de una dictadura decrépita, la vorágine venezolana, la asombrosamente constante decadencia argentina que luego de ser una tierra de desarrollo y esperanza bajo la constitución liberal de Juan Bautista Alberdi, retrocedió y lo seguirá haciendo bajo el embrujo igualitarista del peronismo. La desigualdad es, lamentablemente, muy importante en el paradigma de las personas y las consecuencias políticas y económicas de las políticas de la igualdad son reales, importantes y en general negativas para el desarrollo y la reducción de la pobreza a largo plazo.
Santa Cruz de la Sierra, 22/03/15

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viernes, 20 de marzo de 2015

Más sobre desigualdad y riqueza

Javier Paz García
Don Pedro Shimose, además de poeta renombrado, es un hombre guiado por valores liberales como la tolerancia, los derechos humanos y la defensa de la libertad. Por ello, y precisamente porque yo también comparto esos valores es que considero valiosa su crítica hacia mí (La desigualdad no es ninguna tontería – ED, 27/02/15). Éste y tal vez un par de artículos más serán mi intento de explicarme mejor.
En general un obrero hoy tiene mejores condiciones de vida que un obrero hace 50 años. Un obrero hace 50 cincuenta años tenía mejores condiciones de vida que hace 200 años. Este hecho es mucho más importante en el debate del desarrollo que el asunto de la desigualdad. Creo que el énfasis en la desigualdad existe porque muchos, tal vez subconscientemente, creen que la riqueza es estática y que la economía es un juego de suma cero donde para que alguien gane otro tiene que perder: ambos conceptos son erróneos. Para explicarme mejor veamos un ejemplo, si la riqueza total de una sociedad es de 100 peras y un obrero posee 2 peras, entonces su porcentaje de riqueza es de 2%. Si 30 años más tarde la riqueza total de la sociedad es de 1000 peras y el obrero posee 10 peras, entonces su porcentaje de riqueza será de 1%. En términos absolutos la riqueza de este obrero habrá pasado de 2 a 10, un 400% de incremento, pero su riqueza relativa habrá caído de 2% a 1%, un 50% de reducción. Yo sostengo que más importante es la riqueza absoluta, que mide la mejora de la condición de vida con respecto a sí mismo o a un mismo grupo, que la relativa, que la mide con respecto al total. Este ejemplo hipotético se asemeja a lo que le ha sucedido en casi todo el mundo a lo largo de los últimos 200 años: ha existido una mejora general en las condiciones de vida y algunos han amasado grandes fortunas, lo cual también ha aumentado la desigualdad económica. Por lo tanto es falso el estribillo de que los “ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más pobres”. La premisa de este estribillo es que la riqueza de una economía es fija y el intercambio es un juego de suma cero; es decir muchos suponen que la riqueza total es eternamente de 100 peras, entonces si yo gano 2 peras, alguien tiene que perderlas. La historia nos muestra que las naciones crecen, prosperan y que en realidad los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez menos pobres, aunque aumente o disminuya la desigualdad.
Santa Cruz de la Sierra, 15/03/15

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