Javier Paz García
Podemos identificar al menos tres tipos de cambio en Bolivia: el oficial, el bancario y el de la calle, los cuales no siempre coinciden. Para entender el porqué, comencemos con el tipo de cambio de los bancos. Este opera en un mercado competitivo donde el precio lo definen la oferta – principalmente de exportadores que necesitan liquidar sus dólares – y la demanda – sobre todo de importadores que requieren divisas para pagar a sus proveedores. Los bancos funcionan como intermediarios: compran dólares a los exportadores mediante pujas de precios y los revenden a los importadores a un precio levemente superior. Por ello, tenemos un tipo de cambio de compra y otro de venta. La mayoría de estos dólares no se transan físicamente ni dentro del país: al exportador le pagan en el exterior y los bancos compran y venden esos fondos a importadores que pagan a sus proveedores en el extranjero sin que las divisas ingresen físicamente a Bolivia.
El tipo de cambio oficial se calcula con el promedio ponderado de las operaciones de compra de dólares realizadas por los bancos el día anterior. La metodología de este cálculo genera diferencias por dos razones principales. La primera es el rezago de un día, pues el dato oficial refleja la jornada previa. La siguiente tabla ilustra el mecanismo.
El tipo de cambio oficial del día 2 es igual al tipo de cambio de bancos del día 1 y así para todos los días. Debido a este rezago, en periodos de tendencia al alza, el tipo de cambio oficial estará por debajo de la cotización del mercado; cuando el dólar baje, estará por encima. En la práctica, el mercado cambiario es dinámico y varía minuto a minuto, mientras que el tipo de cambio oficial de hoy es una foto del pasado. En fines de semana y feriados, cuando pasan más días para que la cotización oficial se ajuste, las brechas pueden ser mayores.
Otro motivo de variación responde a que en el mercado no existe un tipo de cambio único, sino una cotización de compra y otra de venta. Cabe reiterar que el tipo de cambio oficial se basa únicamente en el precio de compra de los bancos. Entonces ajustando el efecto del rezago, el TC oficial debería estar levemente por debajo del precio de venta de los bancos.
Las diferencias anteriores se deben a la metodología de cálculo. Sin embargo, existe una distorsión en el tipo de cambio oficial producto de lo que considero un error normativo. Cuando el Gobierno estableció el tipo de cambio flexible, impuso la restricción de que los bancos no pueden vender dólares a más de 10 centavos por encima del tipo de cambio oficial. Este error obliga a las entidades bancarias a acudir a otros mecanismos – como las comisiones – para reflejar los precios reales del mercado, distorsionando el sistema. El problema no radica en el accionar de los bancos, sino en una normativa que impone un control de precios implícito. La solución es simple: eliminar dicha restricción de la normativa.
Ahora bien, ¿por qué el dólar de la calle no es igual al bancario? Una explicación frecuente señala que los bancos actúan en el mercado formal, mientras que el dólar callejero proviene en muchos casos de actividades ilícitas como el contrabando o el narcotráfico. Si bien esto es cierto, resulta una explicación parcial. Nada impide que los dólares de la calle, aun proviniendo de fuentes informales o ilícitas, circulen hacia negocios y personas particulares para ser canalizados posteriormente al sistema financiero.
Si los bancos captaran depósitos en dólares e hicieran compraventa de efectivo sin trabas, cualquier diferencia de cotización incentivaría el arbitraje: la gente compraría en el mercado más barato y vendería en el más caro, haciendo que ambos precios converjan. Actualmente los bancos no toman depósitos de dólares físicos, debido a consideraciones normativas y de riesgo y la gente tampoco tiene la confianza para depositar sus dólares en bancos. Por lo tanto, la razón principal de esta brecha es que no existe un canal para arbitrar entre el mercado del comercio exterior y el mercado local de dólares físicos. En cuanto se recupere la confianza y se ajuste la normativa para que a los bancos les sea atractivo captar depósitos en efectivo, las diferencias entre ambos mercados desaparecerán.
Finalmente, vale la pena reflexionar sobre la narrativa del Gobierno que presenta al tipo de cambio oficial como un "ancla de estabilidad". Desde el Ejecutivo se atribuye la estabilización de la divisa a la publicación de un valor de referencia. Este argumento carece de sustento. La realidad es que el dólar alcanzó su pico en mayo de 2025 y comenzó a bajar desde entonces, mucho antes de que el actual gobierno asumiera su mandato o publicara dicho indicador. La realidad es que el mercado ya había desarrollado sus propios mecanismos de referencia, como la plataforma Binance y diversos sitios web. La realidad es que cuando esta gestión asumió su mandato, el dólar cotizaba alrededor de 10,60 sin necesidad de un valor referencial publicado por el Banco Central, mientras que hoy ronda los 11,50. La publicación de un dólar referencial y la posterior flexibilización fueron medidas en la dirección correcta, pero el Gobierno exagera su impacto; atribuirles la estabilización del mercado equivale a la ilusión del gallo que cree que el sol sale gracias a su canto.
Santa Cruz de la Sierra, 09/08/26
http://javierpaz01.blogspot.com/
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