domingo, 30 de agosto de 2026

Rodrigo Paz ganó el periodo equivocado

 Javier Paz García

En 1985 Bolivia enfrentaba una crisis de hiperinflación que requería medidas urgentes, drásticas e impopulares. El gobierno de Víctor Paz Estenssoro estuvo a la altura e implementó reformas que estabilizaron al país; por ejemplo, el Decreto 21060 fue promulgado apenas 21 días después de su investidura. El siguiente gobernante fue Jaime Paz Zamora, quien tuvo una gestión insulsa, sin reformas estructurales y plagada de escándalos de corrupción y narcotráfico. Jaime Paz pudo darse el lujo de no hacer reformas porque el gobierno anterior ya había hecho el trabajo pesado; así, pasó sus cuatro años sin pena ni gloria, disfrutando de las mieles del poder. Y no es que el país no necesitara más cambios —el siguiente periodo implementó la participación popular y la capitalización de empresas públicas—, pero la relativa estabilidad le permitió el costoso lujo de andar en piloto automático. 

Siguiendo esa analogía, me parece que Rodrigo Paz Pereira, hijo de Jaime Paz Zamora, llegó a la presidencia con un periodo de anticipación. El país está en crisis y exige reformas urgentes. El gobierno entrante tenía que ejecutar dos acciones en sus primeros 30 días: eliminar el tipo de cambio fijo y levantar completamente la subvención a los combustibles. Con estas medidas habría comenzado a reconstruir las reservas internacionales, reduciendo el déficit fiscal y la presión inflacionaria. En seis meses debía mostrar responsabilidad fiscal recortando el aparato estatal y cerrando las empresas públicas deficitarias. A mediano plazo, el reto principal era encarar una reforma parcial de la constitución, sin la cual las leyes de inversiones o seguridad jurídica son un saludo a la bandera. Más allá de dar discursos donde la falta de sustancia pretende reemplazarse con alusiones patrioteras y la repetición ad nauseam de la palabra Bolivia, Rodrigo Paz no hizo nada de lo que debía. Se tomó más de un mes para ajustar el precio de los carburantes, pero sin eliminar la subvención, el control de precios ni el esquema monopólico estatal que viabiliza la corrupción. Luego, bajo el cálculo de anteponer sus intereses políticos a las urgencias del país, dijo que no iba a hacer nada hasta las elecciones subnacionales de marzo, evidenciando además la ausencia de un plan. Tardó ocho dilatados meses en liberar el tipo de cambio, mediante una normativa deficiente que intenta restringir la volatilidad por la fuerza. El "Estado tranca" sigue vivito y coleando, y no hay vísperas de cambiar la Constitución Política del Estado, lo cual es catastrófico: el texto actual es un candado para el progreso y un riesgo para el abuso del poder. La distribución de fuerzas en el parlamento permitía ilusionarse sobre la posibilidad de reformas, pero a estas alturas tengo más dudas que esperanzas. Hemos desperdiciado una oportunidad de oro que tal vez no vuelva en veinte años. Para colmo, donde el gobierno sí puntea donde no debe: el caso maletas, el caso oro, la gasolina basura y el caso Cerimedo van sembrando dudas y dejan un mal sabor.

Necesitábamos un liderazgo valiente y tenemos uno pusilánime; necesitábamos reformas rápidas y profundas y tenemos un gobierno que arrastra las patas; necesitábamos un liderazgo que articule un bloque patriótico y tenemos una gestión incapaz de ordenar su propia bancada; necesitábamos un gobierno dispuesto a ser impopular por el bien común y tenemos uno que, en su afán de no perder aprobación, está cada vez más aislado; necesitábamos una ruptura ética con el MAS y tenemos más de lo mismo. 

Si Rodrigo Paz Pereira hubiera asumido el poder un periodo después, luego de que otro gobierno hubiera hecho el trabajo pesado, tal vez no pasaría a la historia como un mal presidente. Hoy, sin siquiera cumplir un año, su gestión sin valentía, sin urgencia, sin plan es, sencillamente, un desastre.

Santa Cruz de la Sierra, 30/08/26

http://javierpaz01.blogspot.com/

 

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