Javier Paz García
Es casi obligatorio de cada aspirante a la presidencia de la nación denunciar los despilfarros de sus antecesores y prometer medidas de austeridad. Una de las favoritas es bajar los salarios de sus ministros y de sí mismo. ¿Cuáles son las consecuencias de pagar bajos salarios a los más altos funcionarios de la nación? Antes de responder a esta pregunta hagamos algunos supuestos. Establezcamos temporalmente dos premisas 1) Los aspirantes a funcionarios públicos son honestos y no van a robarle al Estado y 2) Las personas actúan de forma racional buscando su propio interés. La segunda premisa es un supuesto estándar de la ciencia económica y no significa para nada que una persona vaya a ser tramposa o deshonesta. En términos generales, todos buscamos nuestra propia mejora y bienestar, y esto es válido y de hecho deseable, siempre que se haga en el marco de la ética y la verdad, sin engañar ni estafar a otros. Si la primera premisa se cumple (algo que posteriormente pondremos en duda), el funcionario público no robará y por ende ganará solo su salario; luego, bajo la segunda premisa, un aspirante a funcionario público solo estaría dispuesto a serlo, si puede ganar lo mismo o más que en el mercado privado. Entonces, si para cierto nivel de talento, los salarios públicos son más bajos de lo que paga el sector privado, el Estado no podrá atraer dicho talento y tendrá que “reclutar” personas de menor capacidad que en el mercado privado no podrían ganar más de lo que ya ofrece el sector público. Bajo las premisas de que las personas son honestas, son racionales y buscan su propio interés, el resultado de los bajos salarios es excluir a los más capacitados del servicio público.
Ahora relajemos la primera premisa, y supongamos que en la sociedad hay personas honestas y personas deshonestas que están dispuestas a servirse del poder para ganar beneficios de forma inapropiada como coimas y privilegios. Con esta nueva premisa, se mantiene el resultado de que las personas más capaces y honestas se mantienen alejadas del servicio público y entre las personas menos capaces, habrá algunos honestos y otros no tan honestos que quieran ser funcionarios públicos y entre las personas más capaces solo los deshonestos estarán dispuestos serlo. Siendo realistas ¿No es más o menos este el escenario que tenemos en la actualidad? Bajarse los salarios suena romántico y desinteresado, pero ayuda poco o nada a mejorar las finanzas del Estado y en realidad no sirve de nada, cuando el funcionario público cuyo salario está siendo recortado gana múltiples veces eso a través de coimas y negociados oscuros. ¿Alguien duda que Evo Morales, Luis Arce o Nemesia Achacollo (por citar a algunos de una lista extensa) ganaron mucho más que sus sueldos mientras fueron funcionarios públicos? Podrían haberse bajado su sueldo a cero y no les habría hecho ninguna diferencia.
Si relajamos la segunda premisa, es decir, si asumimos algún grado de altruismo en quienes buscan la función pública, entonces tenemos la posibilidad de tener gente capacitada, dispuesta a ganar menos como servidores públicos, de lo que podrían ganar en la actividad privada. Aunque existen personas así, creo que son una minoría y no deberíamos apostar los destinos de la nación netamente en el altruismo y el sacrificio de las personas para llenar los cargos públicos. En general, los bajos salarios ahuyentan a los más capaces de la gestión pública, especialmente a los jóvenes que dependen de sus ingresos para construir su patrimonio. Un bajo salario puede no desanimar a una persona que ya tiene una riqueza importante y que puede vivir de sus rentas, pero repele a un profesional joven o de mediana edad que depende de su salario para ganarse la vida. Los bajos salarios repelen el talento y atraen a la mediocridad técnica y moral en la función pública. Los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce querían pagar bajos salarios porque no estaban interesados en la profesionalización de la función pública, sino en la lealtad al partido, y eso se logra mejor poniendo a gente mediocre que se sabe inferior a su responsabilidad y por tanto que debe estar agradecida y sumisa al jefe, y además dejándoles ganar por otro lado. Cuando leo que Rodrigo Paz ha decidido bajarse su salario y el de sus ministros no puedo evitar suponer que tal vez quiere lo mismo y que no le importa su salario, porque sus verdaderas ganancias en la función pública vienen por otro lado.
Si queremos profesionalizar y elevar la calidad del servidor público, como también bajar la corrupción, el gobierno debe mejorar sustancialmente los salarios, y dejar de seguir apostando a la demagogia.
Santa Cruz de la Sierra, 22/06/26
http://javierpaz01.blogspot.com/
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